accidente… y despierta en el cuerpo de un personaje dentro de la novela que estaba leyendo.
No es una heroína.
No es alguien importante.
Es alguien destinada a morir.
Y lo peor… es saber exactamente a manos de quién.
El duque.
Frío, implacable y peligroso, el mismo hombre que en la historia original termina con su vida. Decidida a cambiar su destino, ella hará todo lo posible por mantenerse lejos de él.
Pero hay algo que no estaba en la novela.
Una conexión inexplicable.
Una mirada que la reconoce.
Un lazo que no puede romper.
Porque mientras ella intenta huir de su muerte…
él comienza a acercarse como si siempre le hubiera pertenecido.
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El hogar que no lo es Había vuelto a casa
El carruaje se detuvo frente a la mansión del marquesado Velnis.
Las puertas se abrieron lentamente.
Y ahí estaban.
Esperándome.
Mis padres… y ella.
Bajé con calma, manteniendo la compostura.
—Padre. Madre —incliné ligeramente la cabeza, como dictaba la etiqueta.
El marqués Lorenzo Velnis asintió con orgullo contenido.
La marquesa Elizabeth sonrió con suavidad.
—Has crecido, Elara.
Su voz era cálida.
Demasiado.
Por un segundo…
Algo en mi pecho se apretó.
Porque aunque sabía la verdad…
Aunque sabía que este no era mi mundo…
En mi vida anterior…
Nunca tuve padres.
Y ahora…
Los tenía.
Bajé la mirada.
—He vuelto.
No dije más.
No podía permitirme bajar la guardia.
No aquí.
No ahora.
Mi mirada se desvió apenas.
Y la encontré.
Nora.
Sonriendo.
Como siempre.
Perfecta.
Impecable.
Falsa.
—Hermana —dijo con dulzura—. Te extrañamos.
Mis dedos se tensaron levemente.
—Yo también.
Mentira.
Pero necesaria.
Esa noche…
El silencio de mi habitación me envolvía.
Apoyé el cuaderno sobre el escritorio.
Ya no era solo un recuerdo.
Era un mapa.
Un plan.
Una guía para sobrevivir.
—Todo está empezando a moverse…
Pasé las páginas.
El príncipe Maximilian.
La guerra.
El duque Draven.
La princesa Selena.
Y…
La hija del ministro de guerra.
Mi mirada se detuvo.
—Marian Vallagris…
No.
Ese no era el nombre en la historia original.
Pero era ella.
La pieza clave.
Hija del gran ministro de defensa.
Un hombre que, en el futuro…
Se convertiría en el mayor apoyo del príncipe.
Y por eso…
Debía ser eliminada.
Cerré los ojos lentamente.
—Selena ya debe estar planeándolo…
No era impulsiva.
Era paciente.
Calculadora.
Y no actuaba sola.
Mis dedos se tensaron.
—Virelya Northe…
La prima lejana de mi madre.
La verdadera sombra detrás de todo.
Sabía que vendría.
Siempre lo hacía.
Sus visitas eran frecuentes.
Pero nunca inocentes.
—Cuando llegue… todo empezará…
Abrí los ojos.
Había algo más.
Algo que en la novela nunca quedó del todo claro.
—La reina…
Fruncí ligeramente el ceño.
Sofía.
Distante.
Fría.
Siempre…
extraña.
Nunca se confirmó su participación.
Pero su actitud…
Nunca encajó.
Nunca protegió al príncipe.
Nunca detuvo a la princesa.
Y eso…
No era normal.
—¿Qué estás ocultando…?
Me levanté lentamente.
Caminé hacia la ventana.
La noche cubría el marquesado.
Silenciosa.
Pero cargada de tensión.
—No tengo tiempo…
El príncipe pronto partiría a la guerra.
Y antes de eso…
La princesa movería sus piezas.
Si quería salvar a Marian…
Tenía que actuar ya.
Mi mirada se endureció.
—Voy a descubrir cómo planean matarla…
Porque esta vez…
No llegaría tarde.
Desde que regresé a la mansión…
Algo no encajaba.
No era evidente.
No era algo que cualquiera notaría.
Pero yo no era cualquiera.
No ahora.
Observé en silencio durante días.
Rutinas.
Sirvientes.
Movimientos.
Y fue entonces cuando lo noté.
Las pequeñas diferencias.
—Demasiada… atención hacia Nyra…
Mi mirada se volvió más fría.
No era solo preferencia.
Era coordinación.
Como si…
Todo girara en torno a ella.
—Interesante…
Giré ligeramente el rostro.
—Laura.
Mi sirvienta se inclinó.
—Sí, señorita.
La observé con detenimiento.
Desde el inicio, no había mostrado comportamientos extraños.
No había señales de traición.
Nada sospechoso.
Y en este mundo…
ya quiero saber que sige ☺️☺️☺️