Victoria Adame García regresa del más allá para cobrar venganza. Polo Hernández no comprende que está pasando, pero siente una presencia extraña dentro de su coche.
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Polo no le quitaba la vista de encima a Noelia
El encuentro con Polo se dio varios días después.
Buenas tardes, pasaba por aquí y vi esta florería...
El corazón de Noelia se alborotó al ver a Polo. Buenas tardes, ya tenemos varios años aquí, no te había visto, ¿vives por aquí cerca?, dijo con la mayor calma posible, ya que por dentro se sentía a punto de estallar.
En realidad vivo retirado, pero no sé qué me pasó, algo me arrastró hasta aquí.
Pues bienvenido, dijo Noelia, muy coqueta.
Necesito un ramo que vaya acorde con el amor que le tengo a mi novia, hemos pensado casarnos, claro, ella aun no sabe que pienso pedirle que se case conmigo.
Noelia sintió arder por dentro, la desfachatez de Polo no tenía nombre, ella solo tenía poco tiempo de muerta y ya estaba planeando casarse con otra.
"Claro, él provocó mi muerte", pensó.
Séfora, por favor, muéstrale los ramos que están al fondo.
Enseguida, dijo la aludida y fue a buscar los ramos.
Polo observó por unos segundos a Noelia, su mirada se asemejaba mucho a... ¡Victoria!
Sacudió la cabeza para alejar esos pensamientos. Sin embargo, no pudo apartar esos ojos de su mente.
De regreso a su casa, Polo se sentía extraño, algo raro lo estaba acechando. Lo sentía em todo su ser.
Iba manejando tranquilamente, cuando al ver por el espejo retrovisor vio a Victoria sentada en el asiento trasero. Frenó de inmediato. Al voltear, no había nadie.
"¿Lo habré imaginado?", "es lo más probable, Victoria está muerta", pensó.
Pero los nervios no lo dejaban en paz. El ramo que compró descansaba en el asiento del copiloto, a un lado de él.
De pronto, un alacrán salió del ramo, provocando una reacción instantánea. Rápido se quitó un zapato y lo golpeó varias veces hasta matarlo.
Luego, lo aventó fuera del coche con el mismo zapato.
"¿Qué está pasando?, no lo entiendo. ¿Por qué la mujer me habrá dado un ramo con un alacrán?, ¿se habrá dado cuenta?"
"O tal vez no supo, no creo que haya sido a propósito".
Polo siguió su marcha, pero antes, aventó el ramo a la carretera, no quería más sorpresas.
El resto del viaje lo hizo en completo silencio, pero el temor estaba presente.
Cuando llegó a su casa, Catalina lo estaba esperando.
¿Qué pasó, amor? ¿Por qué llegas apenas?
¿Qué haces aquí?, dijo él por toda respuesta.
Pues me dijiste que viniera temprano.
Ah sí, ya me acordé.
¿Qué te está pasando?, tú no eres así.
Así, ¿cómo?, preguntó Polo.
Estás muy distraído, me acabo de cortar y pintar el pelo y tú ni te fijas.
Perdón, no tuve un buen día.
Mm, ¿me puedes explicar qué te pasa?, dijo ella sin contemplaciones.
No es nada, amor, seguro que lo soñé.
¿Tú crees?
Sí, ya pasó.
Bueno, entremos. Ya se me olvidó para qué te quería.
Insisto, a ti te pasa algo.
Ya te dije que no es nada. Mejor vete, nos vemos mañana en la empresa.
¿Por qué me corres?, me puedo quedar contigo toda la noche.
Claro que no, ¿qué van a decir los vecinos?
Me importa un reverendo rábano lo que piense la gente.
Pero a mí no, Victoria tiene poco de muerta, al menos esperemos un año, qué sé yo.
¿Estás loco?, un año es demasiado tiempo.
Pues es lo que hay, ¿lo tomas o lo dejas?
Está bien, lo tomo, esperemos pues.
Pero al salir, "está loco si cree que voy a esperar". "Ni que valiera tanto".
Esa noche Polo no podía conciliar el sueño. Sentía que mil ojos lo observaban.
Aunque él estaba seguro de que nada era real.
A la luz de la luna, la ventana parecía una boca enorme a punto de tragárselo.
Por alguna extraña razón, Polo se sentía fuera de lugar.
"¿Qué me está pasando?"; la imagen reciente de Victoria, sentada en la parte de atrás del coche, venía una y otra vez a su mente.
¿Qué quieres de mí, Victoria?
De pronto, el cuadro que estaba en el buró, cayó al suelo sin que nadie lo moviera.
Al acostarse, algo llamó su atención, había alguien acostado al otro lado de la cama.
Sintió un miedo enorme...
"Esto no es real, se dijo, Victoria está muerta".
Al volver a voltear, ya no había nadie.
"¿Acaso me quieres volver loco?", "quédate donde debes estar, en el infierno". "¡Maldita loca!"
Con mucho esfuerzo se quedó dormido al fin, pero su sueño no era reparador, al contrario, se movía de un lado para el otro.
Así llegó el nuevo día, en la cara de Polo se veía la noche de insomnio que había pasado.
Baltasar lo notó, ¿qué te traes?, parece como si no hubieras dormido en años...
No exageres, tuve una mala noche, pero aquí estoy, dispuesto a ponerle todas las ganas al trabajo. ¿Alguna novedad?
Nada que no se pueda resolver.
Esa es la actitud. Bueno, iré a mi despacho.
Sí, y yo al mío, debo checar algunas cuentas.
De acuerdo, no olvides mandarme los documentos que voy a firmar, dijo Polo parpadeando varias veces a ver si se le quitaba esa extraña sensación.
Al terminar el día, decidió pasar por la florería. No sabía a ciencia cierta, qué era lo que lo atraía de allí, pero sentía que "debía" ir.
Así que sin más, se encaminó hacia allá.
Cuando Noelia vio a Polo, una sonrisa de triunfo se dibujó en su boca.
Aunque Polo pensó que era de alegría.
Hola, oye debo decirte que las flores que te compré ayer, tenían un alacrán, por poco y no lo cuento, dijo él.
Perdón, no me di cuenta, te daré otro a modo de desagravio, no volverá a suceder, dijo Noelia con la mejor de sus sonrisas.
Está bien, no necesitas darme otro ramo.
Tómalo, por favor, me sentiré mejor si lo haces.
De acuerdo, pero, de verdad, no es necesario. Gracias por tu atención.
¿Solo has venido a eso?, preguntó Noelia a sabiendas de lo que pasaba. Estaba segura de que Polo iba a verla a ella.
Bueno, en realidad sentí la necesidad de volver. Es como si una fuerza extraña me impulsara a volver.
Pues me alegro de que hayas vuelto. Aquí siempre serás bienvenido. ¿No es así, Séfora?
¿Eh?, sí, por supuesto, dijo Séfora, aunque ella no sabía de lo que estaban hablando.
Polo no le quitaba la vista de encima a Noelia, en el fondo pensaba que se parecía bastante a Victoria, pero era obvio que no era ella.
Sintió algo de temor, aunque no sabía por qué.