En su nueva universidad en Suecia, Axel propone un experimento cruel: demostrar que cualquiera puede protagonizar un cuento de hadas, incluso la chica más invisible del campus. Así llega a Liv, una joven pelirroja, dulce, soñadora y completamente ajena al mundo superficial que la rodea.
Ella cree en la magia.
Él, en las reglas.
Lo que comienza como un juego cuidadosamente planeado, lleno de sonrisas calculadas y emociones manipuladas, pronto se convierte en algo que Axel no puede controlar. Porque Liv no sigue ningún guion… y porque, sin darse cuenta, es ella quien empieza a enseñarle lo que significa realmente vivir.
NovelToon tiene autorización de Tintared para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Acercamiento.
Todo era tan predecible. Tan insultantemente fácil que el fantasma del aburrimiento —y la opresión de las llamadas diarias de su padre para vigilar sus pasos— empezó a asfixiarlo. Axel necesitaba sentir que tenía el control de algo, que su "superpoder" de seducción seguía intacto, lejos de las amenazas de su familia.
Hasta que una tarde, en la biblioteca de la universidad, la vio.
No fue como en las películas. No hubo música de fondo. Solo un violento contraste.
Mientras el sol de la tarde entraba por los vitrales iluminando a los estudiantes que reían y presumían sus vidas perfectas, ella estaba en la mesa más alejada, oculta detrás de una montaña de libros de historia del arte.
Tenía el cabello castaño cobrizo, rebelde, sujeto en un chongo desordenado. Un suéter tres tallas más grande que acentuaba su figura robusta, de la cual parecía querer esconderse. Tenía pecas en el rostro y una expresión de absoluta concentración mientras dibujaba en un cuaderno grueso. No llevaba ropa de marca. No tenía una postura elegante. Era el blanco perfecto de las burlas silenciosas del lugar.
Axel frunció el ceño, intrigado por el anacronismo que representaba esa chica en un lugar tan superficial.
—¿Quién es la del rincón? —preguntó en voz baja a Louis, que se había sentado a su lado con un café.
Louis miró de reojo y soltó una risa burlona.
—Ah… ella. Una causa perdida. Se llama Liv.
—¿Liv qué?
—¿A quién le importa su apellido? No tiene ninguno que valga la pena —intervino Chloé, apareciendo detrás de ellos con los brazos cruzados y una mueca de desagrado—. Entró por una beca de talento o una tontería de esas. Es una gorda tímida que se la pasa metida en sus cuentos de hadas y mitología medieval. Es… invisible. Nadie nota que respira.
Axel apoyó el codo sobre la mesa, tamborileando los dedos. La palabra invisible resonó en su cabeza como un reto. Su mente, retorcida por el aburrimiento y la necesidad de demostrarle a su padre (y a sí mismo) que él seguía siendo el rey del juego, empezó a maquinar una idea. Lenta. Peligrosa. Perfecta.
—¿Y si la notaran? —soltó Axel, sin apartar los ojos de la chica.
—¿Qué? —Louis lo miró como si hubiera perdido la cabeza.
Axel sonrió. Esa sonrisa que en Berlín había dejado un rastro de lágrimas y escándalos.
—El sistema de esta universidad es una farsa —dijo Axel, inclinándose hacia adelante—. Todos ustedes creen que son especiales por la ropa que usan o el dinero de sus padres. Yo digo que el amor y la atracción aquí son mecánicos. Voy a demostrar que puedo hacer que incluso la chica más impopular, la más invisible y fuera de su estándar, viva su propio "cuento de hadas"… solo porque yo decidí construirlo. Y cuando esté completamente enamorada, demostraré que cualquier mujer sube de nivel solo por haber salido conmigo.
Silencio en la mesa. Louis fue el primero en soltar una carcajada ahogada.
—Estás loco, Von Lindberg. Tu padre te va a colgar si te metes en otro lío.
—Mi padre no se va a enterar porque esto no será un escándalo público —replicó Axel, con los ojos brillando de ambición—. Será un experimento silencioso. Chloé, tú seguirás saliendo conmigo ante el campus. Seremos la pareja perfecta que todos ven. Pero en las sombras… voy a transformar a la cenicienta.
Chloé entretuvo la idea, mirando a Liv con superioridad y luego a Axel. La crueldad de la apuesta alimentaba su propio ego.
—¿La chica invisible contra el encanto Von Lindberg? —Chloé sonrió con malicia—. Esto puede ser divertido. Estoy dentro. Solo no te vayas a enamorar de la farsa, alemán.
Axel soltó una carcajada genuina.
—¿Yo? Por favor. El amor no existe.
Esa misma tarde, Axel se levantó de la mesa del grupo popular. Su abrigo de cachemira ondeaba ligeramente mientras caminaba con paso firme hacia la mesa del rincón.
Liv no lo vio venir. Estaba completamente concentrada detallando las almenas de un castillo gótico en su cuaderno, tarareando una melodía para aislarse del ruido de la biblioteca, cuando una sombra alta y elegante bloqueó la luz de la lámpara.
—Esa perspectiva de la torre está jodidamente bien hecha.
La mano de Liv, que sostenía el carboncillo, se detuvo en seco. Un escalofrío de incomodidad le recorrió la espalda. Lentamente, levantó la mirada, esperando encontrar a alguno de los típicos idiotas del campus buscando molestarla.
Pero se topó con él.
Axel Von Lindberg. El chico nuevo del que todo el mundo hablaba. El junior alemán con ojos de tormenta y una reputación que apestaba a peligro desde kilómetros de distancia. Estaba demasiado cerca. Demasiado impecable.
Liv parpadeó, sintiendo que sus mejillas se calentaban por la timidez, pero inmediatamente apretó el cuaderno contra su pecho, como un escudo. Sus ojos, agudos detrás de su timidez, recorrieron el rostro de Axel. Ella había pasado toda su vida observando desde las sombras, y sabía perfectamente cuándo un chico de ese calibre miraba a alguien con interés genuino… y cuándo había una agenda oculta.
—¿Se te perdió algo, junior? —preguntó ella. Su voz fue baja, un poco temblorosa por la inseguridad de su propio cuerpo, pero sus palabras llevaron un filo que Axel no esperaba.
Axel pestañeó, sorprendido por el tono. Rápidamente reajustó su estrategia, suavizando las facciones de su rostro. Eliminó la arrogancia y ensayó su sonrisa más tierna, esa que usaba cuando quería parecer vulnerable.
—Solo quería admirar el arte —dijo, bajando la voz a un tono casi íntimo—. No quise asustarte. Soy Axel.
Liv miró la mano que él le tendía. Luego miró hacia la mesa del fondo, donde Chloé y Louis observaban la escena simulando leer. Volvió a mirar a Axel y una chispa de cinismo cruzó por sus ojos. Ella sabía lo que era: una burla, una apuesta, o un chico rico aburrido buscando entretenimiento fácil con la chica tímida del salón.
Sin embargo, su corazón de oro —y una extraña y patética pizca de curiosidad— la hizo ceder un milímetro. No le dio la mano, pero relajó los hombros.
—Sé quién eres —dijo ella, volviendo a abrir el cuaderno, intentando ocultar el temblor de sus dedos—. Y dudo mucho que a alguien como tú le interese el arte gótico, Von Lindberg.
Axel sintió un pinchazo de adrenalina. No había caído de rodillas ante su sonrisa. Al contrario, lo había calado de inmediato.
—Presto atención a lo que importa —insistió él, inclinándose un poco más, forzando una mirada intensa—. Y tu talento importa, Liv.
Ella bajó la mirada al papel, pero por el borde de sus labios se coló una sonrisa diminuta. Pequeña. Tímida. Una sonrisa que delataba que, a pesar de sus sospechas y sus inseguridades sobre su peso y su estatus, una parte de ella quería creer que alguien la estaba viendo de verdad.
A unos metros de distancia, Chloé cruzó los brazos, borrando su sonrisa al ver la intensidad con la que Axel miraba a la chica.
—Ya empezó —murmuró Louis con una risita.
—Sí… —respondió Chloé en un susurro frío—. Pero esto no se va a quedar como él cree.
Axel no lo sabía aún. Pensaba que tenía el juego dominado, que su apellido y su dinero lo protegían de todo. Pero en ese preciso momento, al subestimar la inteligencia detrás de la timidez de Liv, había cometido su primer error.
Y sería el más perfecto y doloroso de todos.
me gustó mucho