Una chica vive cada una de sus primeras veces con un completo desconocido:
su primer beso, su primera noche, su primera confianza, su primera ilusión real.
Para ella, él es solo alguien que llegó sin aviso.
Para él, ella se convierte en todo.
El problema aparece cuando el pasado del chico —oscuro, doloroso y nunca cerrado— regresa para reclamarlo.
Un pasado que amenaza con destruir no solo la relación, sino también la inocencia de todas esas primeras veces.
A veces, el primero en todo… no es el último.
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LAS PIEZAS QUE NO ENCAJAN
La mañana llegó sin pedir permiso, como casi todo últimamente. Me levanté antes de que el sol terminara de asomarse, con la sensación extraña de haber dormido bien y, aun así, sentirme inquieta. Había algo dando vueltas en mi cabeza desde la noche anterior, algo que no tenía nombre, pero sí peso.
Me preparé para ir a la universidad con movimientos automáticos. Ropa cómoda, portátil en la mochila, audífonos guardados sin usar. Normalmente aprovechaba el trayecto para repasar ideas o avanzar en algún proyecto, pero esa mañana mi mente no cooperaba. Pensaba en silencios, en miradas, en una despedida sin promesas.
En la universidad, el mundo seguía igual. Estudiantes caminando deprisa, conversaciones triviales, risas que parecían no cargar con nada. Yo avanzaba entre ellos como siempre, siendo Lía Montero: la estudiante de Administración de Empresas e Informática, la que sacaba buenas notas, la que analizaba más de lo que hablaba. Pocos sabían cuánto me exigía a mí misma, cuánto observaba todo.
Antes de entrar a clase, marqué un número que conocía bien.
—¿Ya estás despierto o te interrumpí algún genio creativo? —pregunté cuando atendieron.
—Para ti siempre estoy despierto —respondió José, con ese tono relajado que siempre me hacía sonreír—. ¿Qué pasa?
José era mi amigo, mi aliado y, en muchos sentidos, mi mayor cómplice.
—Quería saber cómo va la empresa —dije—. Hace días no hablamos con calma.
—Va creciendo —respondió—. Más de lo que imaginamos al inicio. Los nuevos desarrollos están funcionando y estamos a punto de cerrar otro acuerdo grande.
NEXUS CORE TECHNOLOGIES, nuestra Empresa, José era solo un consultor tecnológico. En realidad, dirigía la segunda empresa de tecnología más grande del país, construida en silencio, sin publicidad ni ruido. Yo había estado ahí desde el principio, aportando ideas, estrategias, estructuras que nadie esperaba de una estudiante universitaria.
—A veces me sorprende hasta dónde hemos llegado —dije, caminando por el campus.
—¿Recuerdas cómo nos conocimos? —preguntó—. Yo estaba a punto de abandonar todo.
Lo recordaba bien. Una biblioteca, una pantalla llena de errores y un proyecto incomprendido. Me senté a su lado sin pedir permiso y le señalé todo lo que podía mejorar. No se ofendió. Escuchó. Desde ese día, trabajamos juntos.
—Siempre viste lo que otros no —dijo José—. Pero hoy suenas distraída.
Guardé silencio unos segundos.
—Conocí a alguien —admití al fin.
—Eso sí es nuevo —respondió—. ¿Te preocupa?
Miré alrededor. Nadie parecía notar la lucha silenciosa que llevaba dentro.
—No sé qué me provoca —dije—. Y eso es lo que me inquieta.
—Entonces ten cuidado —dijo—, pero no te cierres. No todo lo que desordena destruye.
Colgué cuando entré al aula. Me senté, abrí el portátil y fingí concentración. Tomé apuntes, respondí preguntas, seguí siendo la de siempre.
Pero en el fondo sabía que algo había cambiado, todo se estaba Saliendo Del orden que siempre Manejaba
Las piezas de mi vida ya no encajaban de la misma forma.
Y por primera vez, no estaba segura de querer volver a ordenarlas.
Dejaría Que Todo Siguiera Su Cursó u ordenaría Mi Vida Para que Volviera A Encajar Las Piezas.