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ANTES DEL PACTO ESPIRITUAL

ANTES DEL PACTO ESPIRITUAL

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Elección equivocada / Traiciones y engaños
Popularitas:567
Nilai: 5
nombre de autor: Margaret Gimenez

Black fue uno de los asesinos cazarrecompensas más temidos del Clan Luna Negra, hasta que un desamor y el alcohol lo empujaron al Bosque Oscuro, donde debía morir.

Pero sobrevivió… pagando un precio.
Un collar sellado con un anillo lo convierte en el guardián espiritual de Daily, la nueva y más joven líder del clan Yshir, cuyo poder es más una maldición que una bendición. Ex cazadora de monstruos y demonios, Daily está convencida de que el amor es una estupidez innecesaria.

Atados por un sello divino que ninguno pidió, deberán convivir mientras fuerzas hambrientas de poder, monstruos, demonios y antiguos secretos se alzan. Fingir que no sienten nada será parte del trato… porque cuanto más intenten romper el vínculo, más cerca estarán de perderse a sí mismos.

NovelToon tiene autorización de Margaret Gimenez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La elección que no pedimos

El viento rugió como una criatura viva.

Daily fue arrojada hacia atrás, estrellándose contra el suelo con fuerza. El impacto le arrancó el aire de los pulmones. El mundo giró unos segundos.

Black cayó de rodillas al mismo tiempo, jadeando, el anillo ardiendo en su dedo como una marca imposible de quitar.

El patio quedó en silencio.

Solo el eco de la campana resonó una última vez.

Desde el balcón superior, sus dos hermanos —que apenas habían logrado cubrirse de la explosión— se asomaron con el rostro tenso.

—¿Qué fue eso?

—¡Daily!

La localizaron tendida entre el polvo.

Sin dudarlo, saltaron al patio y corrieron hacia ella. Uno la sostuvo del brazo. El otro revisó rápidamente si estaba herida.

—¿Estás bien? —preguntó el mayor.

—¿Qué fue eso, hermanita? ¿Qué acaba de pasar?

Daily apenas lograba escuchar. El zumbido en sus oídos era insoportable. Sentía el eco del impacto todavía vibrando en su cabeza… y algo más.

Una conexión.

Dolorosa.

Lejana.

Pero viva.

Asintió lentamente, obligándose a ponerse de pie.

A su alrededor, los cazadores heridos eran ayudados por los que habían resistido la onda de energía. El suelo estaba agrietado. El aire aún temblaba.

Y en el centro…

Black.

Dos guardias lo habían sujetado por los brazos, obligándolo a mantenerse de pie.

Daily avanzó hacia él con paso firme.

Su mirada era fría.

Demasiado fría.

—Tú… —dijo.

Black levantó la cabeza.

—Sí, yo —respondió con una sonrisa nerviosa—. ¿Me conoces? Porque honestamente… me encantaría recordar dónde te vi. Aunque no olvidaría una belleza como tú.

Algunos cazadores fruncieron el ceño.

Daily no respondió a la provocación.

—No me importa quién eres —dijo con voz controlada—. Solo exijo que te quites ese anillo y me lo devuelvas. Por las buenas.

Black inclinó la cabeza ligeramente.

En sus pensamientos:

Eso no sonó nada amable.

Eso fue una amenaza.

—Está bien, está bien… —murmuró, soltándose del agarre de los guardias con facilidad—. Tampoco es para tanto.

Tomó el anillo con los dedos.

Tiró.

Nada.

Volvió a tirar, esta vez con más fuerza.

El anillo no se movió ni un milímetro.

—¿Qué demonios…?

Intentó girarlo. Empujarlo. Incluso escupió en sus dedos como si eso fuera a ayudar.

—No sale —gruñó—. ¿Por qué carajo no sale esto?

El anillo ardió más fuerte.

Una punzada recorrió su brazo.

Daily sintió la misma punzada en su muñeca.

Sus ojos se oscurecieron.

—No es tan malo que te falte un anillo —continuó Black, intentando bromear—. Seguro tienes muchos más.

Daily levantó apenas la mirada.

Fue suficiente.

Los guardias volvieron a sujetarlo.

Ella mostró una sonrisa que no alcanzó sus ojos.

Escalofriante.

—No te preocupes —dijo volviendo a su expresión neutra—. Lamento informarte que no es posible.

Dio un paso más cerca.

—Pero tranquilo… yo te ayudaré a quitártelo.

Sus hermanos se acercaron de inmediato.

—Daily, espera —dijo uno.

—Lo resolveremos sin exagerar —añadió el otro.

—¿Qué significa esto? —preguntó el mayor—. ¿Quién es él y por qué tiene el anillo?

Daily no apartó la vista de Black.

—Quítenlo —ordenó—. Como sea necesario.

El patio se tensó.

—¿Incluso si…? —preguntó un guardia, inseguro.

Daily no dudó.

—Aunque eso signifique cortarle el dedo. O la mano. Háganlo.

—¿¡Qué!? —exclamaron sus hermanos al mismo tiempo.

Black se quedó helado.

—Es… es una broma, ¿verdad? —rió nervioso—. No puedes hacer eso.

—¿Esta es tu forma de agradecer a quien te salvó? —respondió ella con frialdad.

Las palabras lo golpearon más fuerte que la explosión anterior.

Un recuerdo atravesó su mente como un relámpago.

La figura en la niebla.

El uniforme carmesí.

El golpe que lo dejó inconsciente.

Sus ojos se abrieron.

—No me digas que… ¿eras tú?

La miró lentamente de pies a cabeza.

Sin filtro.

Sin pensar.

—Sabía que esas curvas no podían ser de un hombre.

El silencio fue inmediato.

Varias miradas se volvieron afiladas.

Un cazador incluso dio un paso adelante, molesto.

Black parpadeó.

Se dio cuenta demasiado tarde.

—Yo… eso no… quise decir…

Carraspeó.

—Me disculpo. De verdad.

Volvió a tensarse al recordar dónde estaba.

—Pero espera. Si tú eres quien me salvó… entonces no puedes hacer esto. ¿Estás loca?

Daily dio otro paso al frente.

El aire entre ellos se volvió pesado.

—¿Prefieres que lo haga yo personalmente?

El anillo ardió otra vez.

Esta vez, ambos lo sintieron.

Black apretó los dientes.

—Ni se te ocurra, bruja —escupió.

El brazalete de Daily brilló.

Por una fracción de segundo, el mismo brillo respondió desde el anillo.

Un murmullo recorrió el patio.

Algo estaba mal.

Muy mal.

Lejos de allí…

En el aeropuerto internacional, varios hombres de traje vigilaban discretamente la zona privada.

Un avión privado acababa de aterrizar.

La puerta se abrió.

Primero descendió una figura femenina.

Delgada. Elegante. Lentes negros ocultando su mirada. Un sombrero fino combinaba con su vestido oscuro. Su piel pálida contrastaba con su cabello naranja intenso, que caía con precisión sobre sus hombros.

Detrás de ella bajó un hombre esbelto, trigueño, cabello gris perfectamente peinado. Sus ojos lilas cristalinos no mostraban emoción alguna. Vestía un traje del mismo tono que el de la mujer.

Ella se detuvo al pie de la escalerilla.

Inspiró el aire de la ciudad.

Y sonrió.

—Ya comenzó —murmuró.

El hombre a su lado respondió con voz baja:

—El sello se activó hace unos minutos.

Ella levantó el rostro hacia el cielo.

—Perfecto.

Muy lejos, en el cuartel Yshir, el anillo volvió a arder.

Y por primera vez…

Black sintió el latido de alguien más dentro de su propio pecho.

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