¿Qué harías si tras tu muerte, despiertas dos años atras en tu vida?
Joel lo tenía todo hasta que el destino le arrebató a su familia. En su ceguera por el dolor, eligió un culpable: Celene, la mujer que más lo amaba. Tras dos años de indiferencia glacial y rechazos que marchitaron el alma de su esposa, el silencio se vuelve permanente cuando ella muere consumida por la depresión.
Sin embargo, la verdad es un juez implacable. Al descubrir la inocencia de Celene y la realidad tras su tragedia familiar, Joel se quita la vida, incapaz de cargar con su propia culpa. Pero el tiempo decide darle una última oportunidad. Despertando dos años atrás, justo cuando el infierno comenzó, Joel se jura a sí mismo que esta vez no será su verdugo, sino su protector.
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Cap 22 - Belladona
La puerta del quirófano se abrió lentamente, y me puse de pie de inmediato, sintiendo cómo las piernas me temblaban
Un médico salió con el gorro quirúrgico aún puesto y el barbijo colgándole del cuello. Su mirada me buscó entre el pasillo vacío y, cuando me encontró, supe que nada iba a ser simple
— Señor Altamirano — comenzó con voz firme
— ¿Cómo está? ¿Y el bebé? — pregunté y el médico respiró hondo antes de hablar
— Su esposa está estable por el momento. Logramos controlar la crisis — contestó
Por un segundo sentí que el aire volvía a mis pulmones, pero la forma en la que evitó mencionar al bebé me heló la sangre
— ¿Por el momento? — insistí — Doctor… dígame la verdad
Me indicó con un gesto que lo siguiera hasta un costado del pasillo, lejos de oídos curiosos
— Lo que sufrió su esposa no fue una reacción común — comenzó — Los síntomas que presentó no coinciden con ninguna complicación habitual del embarazo ni con los medicamentos que tenía indicados — dijo y yo sentí un nudo formarse en el estómago
— ¿Qué quiere decir? — pregunté con miedo
— Que alguien le administró una sustancia que no debía estar en su organismo — respondió y mis manos se cerraron en puños
— ¿La enfermera? — pregunté, aunque ya sabía la respuesta y el médico asintió con gravedad
— Estamos casi seguros de que fue inyectada. Presentó un cuadro de intoxicación aguda que afectó su sistema nervioso. Confusión, alucinaciones, taquicardia… todo apunta a una sustancia de origen vegetal, muy peligrosa, aunque aún estamos esperando los resultados de los análisis
El nombre aún no fue pronunciado, pero lo sentí igual.
Como una sombra colándose entre las palabras
— ¿Y mi hijo? — pregunté con la voz quebrada — ¿Mi bebé está bien? — pregunté temiendo y el silencio que siguió fue devastador
— Todavía no podemos asegurarlo — dijo finalmente — Esa sustancia atraviesa la placenta. Estamos haciendo todo lo posible, pero las próximas horas van a ser decisivas
Sentí que el mundo se me venía encima
— ¿Puedo verla? — pregunté con ganas de llorar
— Está sedada y en observación — respondió — Por ahora es mejor que descanse. Usted también debería hacerlo señor Altamirano… aunque sé que es imposible
No respondí. No podía
Lo vi alejarse por el pasillo y me quedé ahí, solo, con la cabeza llena de pensamientos oscuros. La imagen de Beatriz apareció en mi mente como un golpe
No fue suficiente con hacerles daño a mí familia
Saqué el teléfono y marqué el número de Héctor
📲 - ¿Dónde está? — pregunté apenas atendió
📲 - En la bodega. Está furiosa, no para de gritar — respondió
📲 - Que grite — dije con frialdad — Yo me encargo de ella después
Corté sin esperar respuesta
Me dejé caer nuevamente en la silla del pasillo, mirando la puerta donde Celene estaba luchando sin saberlo. Apoyé los codos en las rodillas y hundí el rostro entre las manos
— Aguantá… — susurré — Los dos. Por favor
El hospital seguía funcionando a mi alrededor, ajeno a la guerra que se estaba librando dentro de mí
No sé cuánto tiempo pasó desde que me senté en esa silla hasta que escuché mi nombre otra vez. El hospital nunca dormía, pero para mí todo había quedado suspendido en una espera interminable
— Señor Altamirano
Levanté la cabeza de golpe. El mismo médico se acercaba, esta vez acompañado por una mujer de guardapolvo claro y expresión severa. En sus manos llevaba una carpeta
— ¿Hay noticias? — pregunté poniéndome de pie de inmediato — ¿Celene está bien?
— Sigue estable — respondió — No presentó nuevas crisis, lo cual es buena señal. Pero… — continuó — ya tenemos los primeros resultados
— Soy la toxicóloga del hospital — dijo la mujer que lo acompañaba — Analizamos la sangre de su esposa y confirmamos la presencia de un alcaloide altamente tóxico
— ¿Qué significa eso? — pregunté sintiendo mí cuerpo tensarse por completo
— Que lo que le administraron no fue un medicamento hospitalario — dijo sin rodeos — Es una sustancia de origen vegetal, conocida por provocar cuadros severos de intoxicación neurológica
El médico abrió la carpeta y señaló un informe
— Los síntomas que presentó su esposa coinciden plenamente — añadió — Alucinaciones, desorientación, dificultad respiratoria, alteraciones cardíacas
— Díganme el nombre — exigí sintiendo un frío recorrerme la espalda
Hubo un breve silencio y ambos médicos se miraron entre sí, antes de que la mujer hablara
— Belladona — dijo finalmente la toxicóloga — O más precisamente, un derivado de ella
— ¿Belladona? — repetí sintiendo el nombre cayendo como una sentencia — ¿Eso… eso pudo haberla matado?
— Sí — respondió sin suavizarlo — Y aún puede tener consecuencias
— ¿Y el bebé? — pregunté apretando mí mandíbula
El médico cruzó una mirada con ella antes de volver a hablar
— Esa sustancia atraviesa la placenta — explicó — Pudimos estabilizar el ritmo cardíaco fetal, pero no podemos descartar efectos secundarios
— ¿Qué tipo de efectos? — pregunté con la voz tensa
— Es pronto para saberlo — respondió — Las próximas veinticuatro a cuarenta y ocho horas serán claves. Necesitamos observar cómo responde el organismo de Celene… y cómo evoluciona el embarazo
Me pasé una mano por el rostro, intentando mantenerme en pie
— ¿Ella sabe algo de esto? — pregunté con angustia y dolor
— No — dijo el médico — Está sedada. Cuando despierte, tendremos que explicarle con mucho cuidado
Asentí lentamente.
— ¿Puedo verla ahora?
— Solo unos minutos — accedió — Y debe ser breve
Me guiaron hasta una habitación distinta, llena de monitores y luces suaves. Celene yacía en la cama, pálida, con cables conectados a su cuerpo. Su respiración era lenta, regular
Me acerqué despacio, como si temiera despertarla y tomé su mano
— Estoy acá — susurré — No voy a dejar que te pase nada más
Miré su vientre y sentí cómo algo se quebraba dentro de mí. No los voy a perder
Salí de la habitación con el corazón ardiendo de rabia.
En el pasillo, saqué el teléfono
📲 - Héctor — dije cuando atendió — Ya está confirmado. Belladona
📲 - Entonces no fue un error — respondió con voz grave
📲 - No — dije — Fue un intento de asesinato
📲 - ¿Qué hacemos con Beatriz? — preguntó finalmente
Miré la puerta de la habitación de Celene una última vez
📲 - Nada todavía — respondí — Que viva con la certeza de que sé exactamente lo que hizo
Colgué
Porque si Celene y nuestro hijo salían de esta, Beatriz iba a pagar cada segundo de ese infierno.
Y si no… no habría lugar en el mundo donde pudiera esconderse.