En el poderoso reino de Valdoria, la belleza es poder… y el amor, una condena.
Lady Anya Naville, segunda hija de un influyente archiduque, ha sido admirada toda su vida como el diamante del reino. Prometida desde la infancia al príncipe heredero, Maxime Iker Lindberg, Anya creció creyendo que su destino era convertirse en reina… y esposa del único hombre que había amado.
Pero todo se derrumba cuando una noble extranjera cautiva el corazón del príncipe.
Consumida por los celos y la humillación, Anya comete un acto imperdonable usando la magia prohibida que corre por su sangre. Su crimen la convierte en la villana del reino y la lleva a enfrentar la ejecución pública.
Sin aliados. Sin amor. Sin esperanza.
Hasta que, en su última hora de vida, lanza un hechizo imposible.
Anya despierta años en el pasado, atrapada nuevamente en su cuerpo de cinco años, pero conservando todos los recuerdos de su trágico futuro.
Esta vez no cometerá los mismos errores.
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Capítulo 1 | La villana del reino
El murmullo de la multitud sonaba como un enjambre hambriento... hambriento de sangre.
Desde lo alto del cadalso, Lady Anya Naville contemplaba el mar de rostros que alguna vez la admiraron. Aquellas mismas personas que alababan su belleza ahora observaban con una mezcla de miedo y desprecio.
—Bruja… —susurraban algunos.
—Monstruo… —escupían otros.
Anya podía oír claramente lo que ellos decían, pero no le importaba. No después de todo lo que perdió.
El viento frío agitaba su vestido blanco, el color de los condenados que aún conservaban sangre noble. Y ahora, su sangre también.
Qué ironía.
Años atrás, ese mismo pueblo había llenado las calles para celebrar su compromiso con el príncipe heredero de Valdoria. Recordaba las flores, los aplausos, la música resonando en los balcones del palacio real.
Recordaba cómo corría tras él siendo apenas una niña. Cómo su corazón latía con fuerza cada vez que él pronunciaba su nombre.
Sentía un profundo amor por él, lástima que ahora ese amor se estaba convirtiendo, lentamente, en odio.
«Maxime…»
Cerró los ojos, recordando el pasado, recordando el amor que le profesó. Qué patética había sido.
Amar sola. Soñar sola. Esperar sola.
Mientras ella vivía prisionera de un sentimiento unilateral, él había encontrado un amor verdadero en otra mujer.
Y esa mujer… había sido su perdición.
El recuerdo de aquella noche ardió en su mente como una herida abierta. La rabia, los celos, la humillación.
La magia oscura fluyendo por sus venas. El hechizo prohibido escapando de sus manos.
Y luego… el silencio.
Semanas después, cuando la joven despertó y reveló la verdad, el destino de Anya quedó sellado.
Intento de asesinato mediante brujería prohibida, traición a la corona, crímenes contra la nobleza.
La sentencia fue inmediata. Muerte pública.
Anya abrió los ojos lentamente. Frente a ella, en el balcón real, estaban todos. El rey, la nobleza y él.
El príncipe heredero, Maxime Iker Lindberg.
Su expresión era fría. Distante. No había odio en su mirada, eso habría sido mejor que lo que halló, lo que vio fue decepción y lástima, como si mirara a alguien que se había convertido en un error.
Anya soltó una risa baja y temblorosa.
—Si pudiera volver atrás… —murmuró.
El verdugo avanzó con paso firme y sosteniendo el hacha que pronto iba a cortar su cabeza. El sacerdote no tardó en comenzar la oración final.
Cuando el cielo comenzó a oscurecer, Anya sonrió, una idea desesperada comenzó a tomar forma en su mente.
Si el mundo la llamaba villana… entonces actuaría como tal hasta el final.
Comenzó recitando palabras inteligibles para los demás, causando que un círculo mágico brillara bajo sus pies, antiguos símbolos prohibidos ardieron como brasas vivas.
La multitud gritó y los magos de la corte intentaron romper el hechizo. Ya era demasiado tarde, no había forma de romperlo.
Anya susurró las palabras finales mientras la sangre caía por la comisura de sus labios:
—Devuélveme… al principio —susurró, mirando el horizonte.
La luz lo consumió todo, el ruido desapareció, el dolor también.
Y lo último que sintió… fue el peso del tiempo rompiéndose.
La que la llama es ella del futuro o quien puede ser!?