Renace en una época antigua, decidida a cambiar su destino, no será una villana en esta vida.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Carruaje 2
El ritmo del carruaje comenzó a disminuir poco a poco.
El camino se volvió más conocido.
Más cuidado.
Más… seguro.
Rachel fue la primera en notarlo.
Y como si un interruptor se encendiera en su mente, se separó de inmediato.
Se acomodó en su asiento.
Enderezó la espalda.
Y llevó las manos a su cabello.
—Ya estamos cerca… —murmuró, más para sí misma que para él.
Comenzó a arreglarse con rapidez, pero sin perder elegancia. Ajustó algunos mechones, alisó su vestido, acomodó sus guantes.
Volviendo, poco a poco… a ser Lady Rachel Mason.
Como si lo anterior hubiera quedado atrás.
Pero Damian no apartaba la mirada.
La observaba.
Con una expresión distinta.
Más relajada.
Más… interesada.
—¿Me invitará a pasar? —preguntó, con un tono ligero, casi coqueto.
Rachel se detuvo.
Lo miró.
Parpadeó.
—¿…Perdón?
La sorpresa fue genuina.
—¿A la mansión?
Damian asintió, como si fuera lo más natural del mundo.
—Claro.
Rachel lo observó unos segundos.
Procesando.
—¿Eso significa… que conocerá a mis padres?
El silencio que siguió fue breve. Pero suficiente.
—Por supuesto —respondió él, sin dudar.
Y esa seguridad… no ayudó en nada.
Rachel sintió cómo el nerviosismo volvía de golpe.
Muy distinto al de antes. Este era… otro tipo de inquietud.
—Yo… —empezó, sin saber muy bien cómo continuar.
Damian la observó, notando el cambio inmediato en ella.
Y entonces.. sonrió.
—¿Qué sucede? ¿Prefiere que entre por la ventana?
Su tono dejaba claro que era una broma.
Un comentario ligero.
Casi burlón.
Pero Rachel… asintió. Natural.
—Sí.
Silencio.
Damian la miró.
Esperando la risa.
La negación.
Algo.
Pero no llegó.
Rachel lo miraba completamente seria.
Como si acabara de decir algo perfectamente razonable.
Damian entrecerró apenas los ojos.
—…Está bromeando.
Rachel negó suavemente con la cabeza.
—No.
Y entonces añadió, con total honestidad..
—Sería más sencillo.
Un segundo de silencio.
Y luego.. una pequeña risa escapó de él.
No fuerte.
Pero sí sincera.
Porque esa respuesta… no era lo que esperaba. En absoluto.
Rachel, por su parte, volvió a mirar hacia la ventana, intentando recuperar la compostura.
Pero el leve rubor en sus mejillas no desapareció.
Porque ahora… el problema ya no era él.
Ni el carruaje. Ni el viaje. Era lo que venía después.
Y por primera vez desde que todo comenzó… Rachel no estaba segura de qué era lo más complicado.. enfrentar a un grupo de bandidos… o presentar a Damian Devlin en su casa.
Cuando el carruaje cruzó los grandes portones de hierro y entró en los jardines de la mansión Mason, todo cambió otra vez.
El aire.
La postura.
El corazón de Rachel.
Porque esa ya no era la posada.
Ni el camino.
Era su casa.
Su mundo.
Y de pronto… todo se volvió real.
Rachel miró por la ventana y reconoció los senderos, las fuentes, los rosales perfectamente cuidados. Ese lugar siempre le había dado tranquilidad… pero ahora.. se sentía inquieta.
Muy inquieta.
Enderezó aún más la espalda.
Se arregló el cabello una vez más.
Acomodó su vestido.
—Ya llegamos… —murmuró, casi en un suspiro.
Y entonces.. la mano de Damian rodeó su cintura.
Sin previo aviso.
Rachel se tensó de inmediato.
—¿Qué está…?
No alcanzó a terminar.
Porque él la acercó.
Y la besó.
Otra vez.
Rachel abrió los ojos, sorprendida.
[¡Aquí no…!]
Pero el beso no fue largo.
Fue breve.
Intencionado.
Casi… provocador.
Cuando se separó, ella lo miró, completamente descolocada.
—¿Está loco? —susurró, apenas conteniendo la voz.
Damian sonrió.
Tranquilo.
Demasiado tranquilo.
Como si disfrutara exactamente ese momento.
—Está nerviosa.
Rachel frunció el ceño.
—No lo estoy.
Pero su voz la traicionó.
Un poco.
El carruaje se detuvo.
El sonido fue claro.
Definitivo.
Habían llegado.
Y Rachel se dio cuenta de algo muy importante.. seguía en sus brazos. Literalmente.
Damian no la había soltado.
Su mano aún firme en su cintura.
Su cercanía… imposible de ignorar.
Y su sonrisa… ligeramente divertida.
Rachel sintió cómo el calor subía otra vez a sus mejillas.
—Suéltame —murmuró, esta vez con urgencia.
Pero sin apartarse realmente aún.
Porque por un segundo… no supo cómo moverse.
Cómo salir de esa situación sin parecer aún más sospechosa.
Afuera, ya se escuchaban pasos.
Voces.
Sirvientes acercándose.
La puerta del carruaje a punto de abrirse.
Y ella… seguía ahí.
Enredada con él.
Mientras Damian la miraba como si todo aquello fuera… increíblemente entretenido.
Y para Rachel.. eso solo hacía todo mucho peor.