Dos genios.
Una rivalidad que duele.
Un amor que se repite en cada vida.
Cuando él gana, yo recuerdo.
Cuando yo brillo, él tiembla.
Esta vez… ¿podremos elegirnos antes de volver a perdernos?
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Capítulo 5: La vida que juramos olvidar
El sobre pesaba demasiado para ser solo papel.
Ren lo sostuvo entre sus manos durante varios segundos, incapaz de abrirlo de nuevo. El símbolo grabado —un piano cruzado con un pincel— parecía arderle en la piel, como si lo reconociera.
El aire del salón creativo estaba quieto.
Demasiado quieto.
Como si algo esperara.
Aiden permanecía a su lado, en silencio.
No porque no tuviera nada que decir…
sino porque sabía que cualquier palabra podía romper lo poco que aún sostenían.
—No quiero leerlo —susurró Ren—. Si lo hago…
Pausa.
—siento que algo va a cambiar.
Aiden no apartó la mirada.
—Ya está cambiando.
Su voz fue baja, firme.
—La diferencia es si lo enfrentamos… o dejamos que nos arrastre.
Ren tragó saliva.
Y abrió el sobre.
Dentro había una sola hoja.
La misma letra antigua.
Pero esta vez…
no era ambigua.
“Vida 3. Teatro Real de Liria.
Aiden ganó el Gran Reconocimiento.
Ren abandonó el escenario antes del final.”
El aire desapareció.
El mundo también.
El recuerdo no llegó.
Se impuso.
Un teatro majestuoso.
Luces cálidas.
El murmullo del público antes del silencio absoluto.
El piano.
Aiden.
Brillante. Intocable.
Y él…
entre sombras.
Observando.
Orgullo.
Miedo.
Y entonces—
la certeza brutal.
Si me quedo… dejo de existir.
Ren cayó de rodillas.
—No…
Su voz se quebró.
—Yo… yo lo dejé.
Aiden sintió el impacto segundos después.
Pero el suyo fue distinto.
Recordó ganar.
Recordó buscarlo.
Recordó no encontrarlo.
El vacío después del aplauso.
El silencio.
—No fue solo una vez… —murmuró.
Ren negó.
Lágrimas cayendo.
—Siempre…
Pausa.
—Cuando tú brillabas… yo desaparecía.
Aiden se arrodilló frente a él.
—¿Por qué nunca me lo dijiste?
Ren levantó la mirada.
Roto.
—Porque tenía miedo de convertirme en nada a tu lado.
El silencio fue devastador.
Sin consuelo.
Sin respuestas.
Solo verdad.
Los días siguientes no arreglaron nada.
Solo lo hicieron evidente.
El Proyecto Aurora avanzaba.
Reuniones.
Fechas.
Decisiones.
Presión.
Y entonces—
la resolución.
Aiden: representante principal.
Ren: fuera de la obra central.
—Lo entiendo —dijo Ren, forzando una sonrisa—. Es lo mejor para el grupo.
—No lo es —respondió Aiden, tenso.
—Es una decisión artística —intervino la coordinadora.
Pero el daño ya estaba hecho.
Esa noche, Ren no fue al salón creativo.
Aiden tocó solo.
Y por primera vez…
la música no respondió.
Milo encontró a Ren en la terraza.
La ciudad brillaba abajo.
Indiferente.
—Así que pasó otra vez —dijo, sin burla—. Él al frente. Tú al margen.
Ren no respondió.
—¿Sabes por qué siempre huyes?
Silencio.
—Porque en esta vida… te toca elegir.
Ren alzó la vista.
—¿Elegir qué?
Milo lo observó.
Demasiado serio.
—Seguir siendo su inspiración…
Pausa.
—o convertirte en lo único que puede enfrentarlo.
Ren frunció el ceño.
—Eso no tiene sentido.
—Claro que lo tiene.
Milo dio un paso más cerca.
—Mientras uno brilla y el otro se borra… el ciclo sigue intacto.
Bajó la voz.
—Pero si ambos brillan…
Silencio.
—algo tiene que romperse.
Un escalofrío recorrió a Ren.
—¿El precio?
Milo lo sostuvo con la mirada.
Y esta vez…
no había burla.
—Que el destino deje de esperar… y empiece a elegir por ustedes.
Esa noche, Aiden buscó a Ren.
Lo encontró en el estudio secundario.
Frente a un lienzo en blanco.
Demasiado blanco.
—¿Por qué no viniste?
Ren no se giró.
—Porque era igual que antes.
—No lo es.
—Pero se siente igual.
Silencio.
—No voy a huir —dijo Ren de pronto.
Firme.
—Voy a participar.
Aiden se tensó.
—Ren…
—Como competidor individual.
Pausa.
—Si tengo que enfrentarte… lo haré.
El aire se volvió pesado.
—Eso significa… —murmuró Aiden.
—Lo sé.
Ren lo miró.
—Uno de los dos pierde.
Sus miradas se sostuvieron.
Dolor.
Amor.
Decisión.
—Si gano —susurró Ren—… no volveré a desaparecer.
Aiden apretó los puños.
—Y si gano yo…
Ren cerró los ojos.
—Entonces aceptaré que siempre fui el que se quedó atrás.
Algo se rompió.
Invisible.
Irreversible.
—No quiero competir contigo —dijo Aiden.
Ren lo miró con una leve sonrisa triste.
—Pero el destino sí.
Esa misma noche, el tablón del Grupo Aurora se actualizó.
Aiden — Música
Ren — Pintura
Debajo, una nota escrita a mano:
“Esta vez, ninguno podrá huir.”
Ren observó la lista en silencio.
Aiden se colocó a su lado.
Por primera vez…
no estaban juntos.
Estaban enfrentados.
Y entonces—
el lienzo en blanco detrás de Ren…
se agrietó.
Una línea fina.
Oscura.
Como una herida.
Nadie más lo notó.
Pero Ren sí.
Y en ese instante entendió algo peor que cualquier recuerdo:
El destino no solo los estaba observando.
Ya había empezado a decidir.
...****************...
Si para existir tienes que enfrentarlo…
¿lo harías?
¿El destino se puede romper… o siempre cobra su precio?
Y si solo uno puede quedarse…
¿quién debería ser?