Dicen que la sangre de un vampiro es fría, pero la suya ardía con una maldición. La mía, tan dulce y prohibida, era su único dulce veneno... o su salvación eterna.
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Capítulo 20
La tensión en la mansión Liu se podía cortar con un cuchillo. La noticia de que la Sombra había sido sellada y que Chen Yi ya no mostraba signos de degradación se había extendido como pólvora, pero no con alegría, sino con un miedo reverencial y una envidia amarga. Los ancianos del clan se habían reunido en el Gran Salón, un espacio circular dominado por estatuas de guerreros antiguos y un trono de piedra donde Lady Liu presidía con una expresión gélida.
XiaoXuan y Chen Yi entraron al salón de la mano. Ella caminaba con paso firme, a pesar de que sus rodillas temblaban bajo el peso de la seda. Él, por el contrario, caminaba con una elegancia renovada, su sola presencia silenciando los susurros de los parientes lejanos que llenaban las galerías.
—Madre, ancianos —dijo Chen Yi, su voz proyectándose con una claridad que hizo que varios retrocedieran—. Estamos aquí para dar por terminada la ceremonia y reclamar nuestro lugar.
Lady Liu se puso en pie con una lentitud amenazante. Sus ojos, rojos como rubíes ensangrentados, se clavaron en XiaoXuan antes de dirigirse a su hijo.
—¿Vuestro lugar? —rio ella, un sonido seco y sin alma—. Has desperdiciado el regalo de tus ancestros, Chen Yi. Tenías la oportunidad de convertirte en el ser más poderoso de nuestra historia, de usar la sangre de esta mujer para trascender nuestras limitaciones. Y en lugar de eso, has preferido... encadenarte a ella. Has convertido la Sombra en una mascota doméstica.
—No la he convertido en una mascota —respondió Chen Yi, su tono endureciéndose—. La he integrado. Ahora soy dueño de mi destino, no un esclavo de una sed que tú fomentabas para mantenerme bajo tu pulgar.
—¡Blasfemia! —gritó uno de los ancianos, un hombre cuya piel colgaba en jirones de su rostro—. La Sombra es nuestra herencia. Si no se manifiesta como poder destructivo, no es nada. ¡Esta mujer ha envenenado tu linaje con su humanidad!
XiaoXuan dio un paso al frente, soltando la mano de Chen Yi por un momento. Su voz no tembló cuando habló.
—Lo que ustedes llaman veneno es lo único que ha mantenido a Chen Yi vivo. Ustedes no querían un líder, querían un monstruo al que pudieran temer y seguir. Si la humanidad es lo que lo salva de convertirse en la nada que son ustedes, entonces que así sea.
Lady Liu bajó los escalones del estrado, acercándose a XiaoXuan con una velocidad sobrenatural. Chen Yi se interpuso al instante, su brazo extendido como una barrera infranqueable.
—No la toques, madre. Nunca más.
—¿Y qué vas a hacer, hijo mío? —desafió ella—. ¿Matarme? Eso solo confirmaría que la Sombra sigue gobernando tus impulsos. Si me perdonas, demuestras debilidad. De cualquier forma, yo gano.
—Te equivocas —dijo Chen Yi con una calma aterradora—. No necesito matarte para vencerte. El ritual de anoche me dio acceso a algo que tú nunca entenderás: el control total sobre la esencia de este clan. La Sombra no es una maldición externa; es la suma de nuestra codicia. Y yo, como el legítimo heredero, retiro mi protección de este lugar.
Un murmullo de pánico recorrió el salón. La mansión Liu se mantenía en pie gracias a la energía que el heredero proyectaba. Si él cortaba ese flujo, el velo que los protegía del mundo exterior y de la justicia del tiempo se desvanecería.
—No te atreverías —siseó Lady Liu, pero el miedo empezaba a asomar en sus ojos.
—Míranos, madre —dijo Chen Yi, rodeando la cintura de XiaoXuan—. Estamos viviendo a sangre viva. Sentimos el dolor, sentimos el amor, sentimos el paso de los segundos. Ustedes están estancados en una eternidad de polvo y rencor. Si quieren seguir viviendo en las sombras, háganlo, pero no será bajo mi nombre ni con mi sangre.
La confrontación alcanzó su punto álgido cuando Lady Liu, cegada por la rabia, convocó los restos de la energía oscura del salón para lanzarlos contra XiaoXuan. Fue un ataque desesperado, una masa de sombras afiladas como cuchillas. Pero antes de que pudieran alcanzarla, Chen Yi simplemente levantó la mano.
No hubo una explosión, ni un contraataque violento. La oscuridad simplemente se disolvió al contacto con su aura, como el humo ante un viento fuerte. El silencio que siguió fue absoluto. Los ancianos cayeron de rodillas, reconociendo por fin que el poder de Chen Yi, ahora filtrado por la pureza de XiaoXuan, era algo que no podían combatir.
—Se acabó —declaró Chen Yi—. Nos vamos de esta casa. Madre, quédate con tus fantasmas. Nosotros elegimos la vida.
Caminaron hacia la salida sin mirar atrás. XiaoXuan sentía el corazón martilleando en su pecho, la adrenalina corriendo por sus venas como un río desbordado. Al cruzar el umbral de la mansión, el aire fresco de la montaña los recibió. Ya no había niebla artificial, solo la claridad de una tarde que se apagaba.
—Lo hiciste —susurró ella, apoyándose en él mientras bajaban la escalinata—. Te enfrentaste a todo lo que temías.
—Lo hicimos —corrigió él, deteniéndose para mirarla. Sus ojos brillaban con una determinación nueva—. A partir de ahora, no habrá más muros, ni más rituales de sangre forzados. Viviremos cada momento, por doloroso o difícil que sea. A sangre viva, XiaoXuan. Juntos.
Ella lo besó, y en ese beso hubo una mezcla de victoria y alivio. Habían sobrevivido a la confrontación final contra las fuerzas de la maldición, pero sabían que el mundo exterior presentaría sus propios desafíos. Sin embargo, mientras estuvieran unidos por ese hilo de sangre y alma, nada podría volver a sumergirlos en la desesperación que una vez los definió.