Cande, ceo de una gran empresa, muere y reencarna en Fiorella. Volviéndose la niñera del hijo del villano. El frívolo Giovanni. Tiene que proteger al niño para que no muera de una traición por parte de la corona. De lo contrario, ella es quien morirá. ¿lo malo a parte de que su vida depende de un niño? Es que nunca tuvo uno o cuido tan siquiera. Por eso, el joven amo le resulta tan estresante.
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Capitulo 20: Solo quiero esas tres cosas.
_____ al día siguiente.
El pasillo estaba en silencio cuando Fiorella pasó frente a la habitación de Giovanni. La puerta estaba cerrada, pero desde dentro se escuchaba movimiento; alguien despierto que no había dormido bien. Ella caminó sin detenerse.
Aun así, algo en su pecho se sentía extraño desde la noche anterior. No era incomodidad, tampoco molestia, tampoco era exactamente tristeza. Era algo que no sabía nombrar, una sensación que le aparecía cuando recordaba la forma en que Giovanni había hablado de Claudia, la manera en que su voz se había quebrado mientras sostenía ese retrato como si fuera lo único que le quedaba. Fiorella frunció un poco el ceño mientras bajaba las escaleras.
— Qué tontería —murmuró para sí misma en voz baja.
No tenía sentido darle vueltas a algo así. No era asunto suyo, nunca lo había sido. Ella tenía un trabajo que hacer y ese trabajo prácticamente había terminado.
Al salir al jardín el aire fresco de la mañana le despejó la mente. El sol apenas estaba subiendo y el castillo tenía un ambiente diferente al de los días anteriores; ya no se sentía la tensión constante de guardias corriendo por los pasillos ni de órdenes urgentes. Las puertas estaban abiertas, algunos sirvientes caminaban con normalidad.
Fiorella avanzó unos pasos más por el jardín y entonces lo vio.
Gabriel corría por el césped con una energía que hacía días no mostraba. No había dos guardias pegados a él ni miradas nerviosas vigilando cada movimiento. Solo estaba corriendo, riendo mientras perseguía algo imaginario con un palo en la mano.
Fiorella se apoyó contra una de las columnas del patio y lo observó.
El niño se detuvo de pronto al verla.
— ¡Fiorella! —gritó con entusiasmo mientras corría hacia ella.
— Buenos días, Gabriel.
El niño se plantó frente a ella con el rostro sonrojado por el ejercicio.
— ¿Viste? ¡Estoy corriendo! Nadie me está diciendo que vuelva adentro.
Fiorella levantó una ceja con una leve sonrisa.
— Lo estoy viendo.
Gabriel miró alrededor del jardín con una mezcla de emoción y alivio.
— ¿Ya no hay peligro, verdad?
Ella cruzó los brazos con calma.
— El castillo fue revisado por completo. No queda nadie infiltrado, así que sí; puedes respirar tranquilo.
El niño asintió varias veces, como si necesitara escucharlo de alguien más para creerlo de verdad.
— Mi padre dijo lo mismo —comentó—. Dijo que ahora todo estará bien.
Fiorella lo observó unos segundos.
— Entonces aprovéchalo y corre todo lo que quieras.
Gabriel no necesitó que se lo repitieran. Dio media vuelta y volvió a correr por el jardín con la misma energía de antes.
Fiorella caminó hacia uno de los bancos de piedra que estaban bajo un árbol y se sentó con calma. Apoyó los brazos sobre el respaldo y cerró los ojos por un momento.
El silencio era agradable.
Pensó en todo lo que había pasado desde que llegó al castillo. La misión que parecía sencilla se había vuelto complicada muy rápido; infiltraciones, mentiras, conspiraciones dentro de la corona, intentos de asesinato… y al final todo había terminado con Lorin encerrada esperando juicio.
La misión de proteger al hijo del villano ya no tenía sentido. No había nadie intentando matarlo. No había amenaza, por ahora.
Fiorella respiró profundo y sintió algo que hacía mucho tiempo no sentía. Paz.
Y al mismo tiempo un pequeño vacío.
No era tristeza, era más bien la sensación de cuando algo termina y no sabes exactamente qué hacer después.
Entonces el aire cambio un poco a su lado. Fiorella abrió los ojos sin moverse demasiado.
Giovanni se había sentado junto a ella.
No había hecho ruido al llegar, pero su presencia se sentía pesada. Tenía la mirada cansada y los ojos ligeramente rojos; no era necesario preguntarle nada para saber que había estado llorando.
Fiorella lo miró de reojo, luego volvió la vista al jardín.
— Buenos días —dijo él con voz tranquila.
— Buenos días.
Hubo un pequeño silencio.
Giovanni apoyó los codos sobre las rodillas mientras miraba al frente.
— Lorin ya fue acusada formalmente —dijo finalmente—. Fue rápido… demasiado rápido, para ser sincero.
Fiorella giró ligeramente la cabeza hacia él.
— Supongo que las pruebas eran suficientes.
Giovanni soltó una pequeña exhalación.
— Más que suficientes. Las cajas que encontraron en su habitación tenían los nombres de cada infiltrado dentro del castillo, además de documentos que detallaban los planes contra la corona… no hubo forma de negar nada.
Fiorella observó su expresión.
— ¿Cuál será su sentencia?
— Pasará el resto de su vida en la torre. Conspiración contra la corona y engaño directo al rey. Nadie sobrevive políticamente a algo así.
Fiorella asintió despacio.
— Era lo esperado.
Giovanni mantuvo la mirada fija en el jardín.
— Sí… lo era.
El silencio regresó entre ellos.
Fiorella notó de nuevo el enrojecimiento en sus ojos. Él estaba intentando parecer tranquilo, pero su postura decía otra cosa; los hombros tensos, la mandíbula ligeramente apretada.
Ella no preguntó directamente.
Aun así lo entendía. Era extraño verlo así. El mismo hombre que muchos llamaban cruel o despiadado estaba sentado a su lado con la expresión de alguien que acababa de perder algo importante.
Fiorella apoyó la espalda contra el banco.
Por un momento pensó en Claudia. La mujer del retrato. La mujer por la que Giovanni aún lloraba.
Era extraño pensar en algo así. Fiorella nunca había estado enamorada ni alguien lo había estado de ella. Su vida siempre había sido trabajo, oficina, papeles y por último cuidar a un niño; no había espacio para ese tipo de sentimientos.
Así que la idea le resultaba curiosa.
¿Cómo era amar a alguien así?
¿Y cómo era que alguien te amara de esa manera?
Giovanni habló otra vez.
— Quería darte las gracias.
Fiorella lo miró.
— No es necesario.
— Sí lo es.
Esta vez él giró la cabeza hacia ella.
— Si no hubieras estado aquí, muchas cosas habrían terminado mal. Gabriel… mi hermano… incluso yo.
Fiorella lo sostuvo la mirada.
Había sinceridad en sus ojos, una sinceridad tranquila que no estaba acostumbrada a ver en él.
— Solo hice mi trabajo. El que tú me diste. O sino, me mataba.
Giovanni negó suavemente. Luego soltó una pequeña sonrisa.
— Hiciste más que eso.
El viento movió ligeramente las hojas del árbol sobre ellos.
— Así que voy a ser sincero—continuó él—. Puedes pedir lo que quieras y te lo daré.
Fiorella lo observó unos segundos.
— ¿Lo que quiera?
— Lo que quieras.
Ella se quedó pensando.
No parecía una decisión difícil, pero aun así se tomó su tiempo.
Miró el jardín, vio a Gabriel correr de un lado a otro con energía, escuchó a algunos sirvientes conversar a lo lejos y dejó que esa tranquilidad se asentara dentro de ella.
Cuando habló lo hizo con una voz calmada.
— Primero… vacaciones.
Giovanni levantó ligeramente las cejas.
— ¿Vacaciones?
— Sí —respondió ella con naturalidad—. Nunca la he tenido.
Giovanni soltó una pequeña risa, breve pero real.
— Eso suena razonable.
Fiorella levantó un dedo.
— Segundo… una pequeña cabaña.
— ¿Una cabaña?
— Alejada de todo —explicó ella—. Sin castillos, sin guardias… solo tranquilidad.
Giovanni asintió despacio.
— Eso también se puede arreglar.
Hubo una pequeña pausa. Fiorella respiró hondo antes de decir lo último.
— Y tercero… el divorcio.
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