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“La Caída De La Heredera” Ella Lo Tenía Todo, Hasta Que La Verdad La Dejó Sin Nada.

“La Caída De La Heredera” Ella Lo Tenía Todo, Hasta Que La Verdad La Dejó Sin Nada.

Status: En proceso
Genre:Hija rica en bancarrota / Diferencia de edad / Apoyo mutuo
Popularitas:4.9k
Nilai: 5
nombre de autor: @maryurisve

Kendra Barreto es la joya de la familia Barreto, para satisfacer la ambición de su madre, traicionó a su hermana menor Keila y aceptó un matrimonio vacío, sin embargo, el destino le impuso a un guardián que no puede ser comprado: Axel García, un exmilitar con un pasado oscuro y que no puede doblegarlo a su antojo.
Lo que comenzó como una noche de debilidad entre la heredera y el guardaespaldas se convirtió en su ruina y, a la vez, en su salvación, con el nacimiento de su hijo Bennet, se descubre el fraude: el niño no es hijo del esposo de Kendra sino de Axel.
Repudiada por todos y perseguida por una madre dispuesta a todo para ocultar el escándalo, abandonará su mundo y huirá, y en su carrera desesperada por la supervivencia, descubrirá que el hombre que la mira con desconfianza es el único capaz de salvarla, y que, para proteger a su hijo, tendrá que aprender a luchar con uñas y dientes, lejos de los lujos que una vez la definieron.

NovelToon tiene autorización de @maryurisve para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo XIV: El nido de víboras

Ifigenia se estremeció y apretó los dientes, porque sabía perfectamente que no podía cumplir su amenaza, Andrés jamás permitiría que tocaran a su hermana, y forzar esa situación solo aceleraría su salida de esta familia.

Entonces Anabella se giró hacia Ángel, el cual permanecía en silencio actuando como un cobarde.

—Y tú, Ángel... vas a lamentar el resto de tu vida haber perdido a una mujer como Keila solo por el capricho de meterte en la cama de Kendra. Porque cuando la belleza de ella se marchite, solo te quedará la podredumbre de cómo empezaron.

—¡Tía!...

Kendra sintió que las palabras de su tía la golpeaban físicamente, y se sentía muy ofendida, porque en el fondo de su ser quería creer que no estaba tan sucia como Anabella le acababa de mostrar.

— Por el poco afecto que me queda hacia ti, te voy a dar un consejo —dijo Anabella mirando a Kendra— Cuando eres adulto, debes tomar tus propias decisiones, y si sigues órdenes que van en contra de tus valores, terminarás siendo un cadáver viviente, al igual que tu madre.

Ángel se marchó casi huyendo del lugar, mientras Kendra quería desesperadamente ver cómo se encontraba Keila, se dio la vuelta para subir las escaleras, cuando escuchó la voz cortante de Ifigenia.

—Tu hermana necesita calmarse sola, no es necesario que vayas a verla—sus palabras eran tan frías que más que una sugerencia sonaba a una advertencia.

Kendra caminó hacia su habitación y a pesar de la advertencia de su madre de igual manera se detuvo frente a la puerta, pero al otro lado de la puerta el sonido de los sollozos de su hermana era tan desgarrador que la horrorizaron, cubrió sus oídos con fuerza y huyó por el pasillo, sintiéndose como una criminal.

—Lo siento Keila—susurró.

Kendra revisaba sus mensajes y confirmó la cita con el especialista para el lunes siguiente, era viernes y le esperaba un largo fin de semana, se aferraba a este embarazo como su última tabla de salvación, pensaba en que esto era lo único que realmente valía la pena en medio de tanta devastación.

—No importa quien sea tu padre, te prometo amarte—dijo Kendra pensando que ahora esta era la única familia que le quedaba.

Sintió sed y decidió ir a la cocina confiando en que debido a la hora ya no habría nadie, por desgracia Ifigenia aún estaba allí balanceando su copa de vino con una sonrisa de triunfo en su rostro.

—Supuse que ya estabas dormida—dijo Ifigenia con descuido.

—Solo vine por un vaso de agua—dijo Kendra con intenciones de solo beber agua y marcharse.

Kendra pensaba solo tomar agua y marcharse, sin embargo, Keila cuya cabeza le dolía también entró en la cocina con los ojos hinchados y el alma rota y cuando se encontró con Ifigenia quiso evitarla, pero esta se le acercó y la rodeó con un abrazo que, en lugar de calidez, se sintió como el frío contacto de una serpiente.

—Sé que estás dolida, Keila y no puedo imaginarme como te sientes en este momento—murmuró Ifigenia, aunque sus ojos delataban su apatía.

—¿Cómo Kendra pudo traicionarme así? —preguntó Keila buscando un poco de humanidad en su madre.

Kendra estaba parada en un rincón intentando pasar desapercibida y se volvió a estremecer porque aún no podía soportar ver tan destrozada a su hermana.

—Tómate tu tiempo, pero necesitas buscar el perdón en tu corazón —respondió Ifigenia con ligereza—Recuerda que no hay nada que puedas hacer; al final, ellos se aman.

Keila se apartó bruscamente, y el asco que sintió en ese momento reemplazó a la tristeza.

—¿Acaso te has vuelto loca, mamá? ¿Amor? ¿Llamas amor a esto?

—Modera tu lenguaje, Keila, soy tu madre.

Keila la observó con fijeza y notó que Ifigenia no podía sostenerle la mirada y la verdad la golpeó con fuerza.

—Esto es obra tuya… ¿Verdad? —susurró con horror— Lo supiste todo el tiempo.

—¿Qué importa eso?, lo importante es que ellos se aman y debes aceptarlo.

Una oleada de ira recorrió el cuerpo de Keila y pensó en todo lo que Kendra había hecho, las veces que saboteó sus logros, cada vez que le había quitado algo y cuando la notó parada en un rincón fue como si toda la ira contenida en su interior se desbordara, y antes de que Ifigenia pudiera reaccionar, se lanzó sobre Kendra.

Kendra intentó salir corriendo, pero estaba sorprendida de que la dulce Keila reaccionara de esa manera, solo sintió como la tomó fuertemente del cabello y le propinó dos bofetadas que resonaron en toda la cocina.

—¡Eres una cualquiera, Kendra! —gritó Keila, tirando del cabello de una Kendra que chillaba con terror— ¡Tantos hombres en el mundo y te metes con mi prometido! ¿De qué amor me hablas cuando tenías a René esperándote?

—¡Keila, detente! ¡Tu hermana está embarazada! —chilló Ifigenia, intentando separarlas sin éxito.

La dócil y amigable Keila había desaparecido; y en su lugar, había una mujer poseída por una furia incontenible, Kendra por primera vez tuvo miedo porque por más que intentaba zafarse, su hermana la sujetaba con tanta fuerza que sentía que le arrancaría el cuero cabelludo.

—¡SUÉLTALA DE INMEDIATO! —Gritó Andrés.

Kendra al sentir que su hermana aflojó su agarre se refugió tras su padre, se acarició la mejilla enrojecida con una expresión de horror.

—Papá … hablamos con ella y simplemente enloqueció—sollozó Kendra con fingida debilidad.

En condiciones normales Kendra no se dejaría y le devolvería el golpe a su hermana, pero estaba embarazada y ese bebé le importaba mucho.

—Entiendo tu dolor, Keila, pero agredirla no es la solución —dijo Andrés con severidad— Recuerda su estado.

Keila soltó una carcajada amarga, al darse cuenta de que en esta familia la única que no lo sabía era ella.

—¿Tú también lo sabías, papá? —preguntó, con la voz quebrada por la decepción— Claro… cuando se trata de proteger a tu “princesa”, no existen los límites de la decencia.

Andrés se dio cuenta de que Keila no tenía intenciones de detenerse y que era como un animal herido y en un acto de completa estupidez cometió el peor error de su vida.

—¡Cállate! —Andrés, cegado por la defensa hacia su hija favorita, que estaba embarazada levantó la mano y abofeteó a Keila.

El impacto fue tan fuerte que Keila trastabilló y se golpeó la frente contra el borde de la mesa, al otro lado de la habitación, Ifigenia dejó escapar una risita de satisfacción, mientras Kendra se quedaba pasmada; porque su padre jamás les había puesto una mano encima.

—Papá, ¡Ya basta! —alcanzó a decir Kendra, horrorizada por la magnitud de la violencia.

Un hilo de sangre comenzó a correrle por el rostro de Keila, pero nadie se movió, Andrés permanecía en shock, mirando su propia mano como si fuera un objeto extraño, mientras Ifigenia se acercaba a Kendra para revisar su “perfecto” rostro, ignorando a la hija que sangraba en el suelo.

Keila con la mano sobre la herida, sintió que el corazón se le terminaba de congelar.

—No lo puedo creer… esta casa es un nido de víboras —dijo, con una voz gélida que ya no temblaba.

—Déjame ver esa herida —balbuceó Andrés, intentando dar un paso hacia ella.

—No es necesario, papá, ya hiciste suficiente.

—Deja el drama, Keila —escupió Ifigenia— Si por tu culpa ella tiene un aborto, serás la única responsable.

—Me importa un pepino lo que pase con ese engendro —replicó Keila.

Kendra de forma instintiva abrazó su vientre, porque la idea de que le pasara algo a su bebé la asustaba.

—¡Mujer viciosa! —le gritó Ifigenia.

—Si soy viciosa, ¿Acaso hay algún problema con eso? —gritó Keila desde el umbral—, pero tengo valores morales, no como ustedes y su “moral fluida” que se acomoda a sus conveniencias.

Keila los recorrió a los tres con una mirada de absoluto desprecio, y como un gesto final de rebeldía, les mostró el dedo medio, esta vez ya no necesitaba su aprobación, ni su apellido, ni intentar ganar su afecto porque estaba cansada de todos ellos.

Subió a su habitación y mientras se colocaba una venda improvisada, comenzó a lanzar su ropa dentro de una maleta con furia.

Esa noche Keila Barreto no solo abandonaba la mansión, sino que dejaba atrás una vida donde siempre debía estar a la sombra de su hermana para empezar a escribir su propia historia.

Se escuchó el ruido del arrastre de una maleta y el sonido de la puerta principal al salir retumbó por todo el lugar porque Keila no se esforzó por disimular su enojo.

—¡Vete a tu habitación! —le gritó Andrés a Kendra.

Kendra se estremeció, al ver el rostro desencajado de su padre, y comprendió que solo la defendió debido a su embarazo, de lo contrario ella habría sido el blanco de su ira.

Ifigenia gritaba el nombre de Andrés, pero él se fue a su estudio porque quería estar solo y desde la ventana de su estudio Andrés vio a Keila subir al auto de Fabián su abogado de confianza y esposo de Rosie la mejor amiga, lo cual le dio cierta tranquilidad, pues Fabián era alguien de su completa confianza.

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Fran Sánchez
Estoy así 🤯..... qué pasará en la fiesta..... me estoy comiendo las uñas, de esta intriga....
María Angelica Stessens
me gusta mucho la forma de ser de Axel
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