Ella es Antonieta, quien después de morir se convirtió en Alexandra, una mujer destinada a morir, para salvarse de ese cruel destino que le espera, ella hará lo que sea para sobrevivir. Así tenga que usar métodos pocos convencionales.
Cuando creyó que por fin iba a ser libre, aparece alguien que pone su mundo de cabeza.
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Manipulación
El duque y su otra familia se quedaron de rodillas, el hombre no podía creer que Alexandra tenga tanto poder, aún casi estando en los huesos.
Parece que ha subestimado a aquella chica sin educación.
Teme perder la cara si el imperio ve las condiciones en la que ella se encuentra. No le conviene que la familia de Eloisa intervenga, ya que el marqués es un hombre peligroso.
El hombre estaba sumergido en sus pensamientos.
La concubina como siempre, comenzó a hablar mal de Eloisa y sus hijos, se le ha olvidado que ella salió de un burdel y fue sirvienta de ella. Ella es como un perro desleal, que muerde la mano de quien le da de comer.
—Eloisa y sus hijos tienen mala educación, esa chiquilla Alexandra, no puede ser tan grosera, mira que usar su magia para intimidarnos a nosotros su familia, es algo imperdonable — dice aquella mujer con desprecio y el duque decide por esta vez no hacerle caso a la concubina, su reputación se puede ver manchada si aquella chiquilla sale a decir los problemas que tiene ella en el ducado.
—No sé en qué estás pensando cuando tomas las provisiones que mando para ellos a la cabaña, te doy suficiente cada mes para tus gastos y aun así no te alcanza el dinero, esto es ridículo— dice el duque con desagrado, no sabía que la concubina se prestaba para semejante cosa tan terrible. El duque aún piensa que aquella choza es una cabaña honorable.
Como era de esperarse, la concubina se sintió ofendida por sus palabras.
—¿Me tomas por ladrona? ¿Cómo crees que voy a tomar lo que le corresponde a esa mujer y sus hijos? Es absurdo que pienses eso de mí— dice ella de manera exagerada, y el duque entrecierra los ojos.
—Me tomas por tonto, solo ve la apariencia de los tres, están casi en los huesos, como quien lleva tiempo sin comer bien, hasta los sirvientes de la mansión están mejor que ellos— dice el molesto. No por ellos, sino por su reputación.
La concubina se avergüenza un poco, pero se hace la víctima.
—Sé que soy solo una concubina sin valor, pero no me trates como una ladrona— dice ella con lágrimas en los ojos y sus dos hijos le consuelan.
Eso hizo que el tonto corazón del duque Zalazar se ablandara como una gelatina.
El conmovido fue a la concubina y le da consuelo y esa mujer sin que la vean sonríe, aquel hombre siempre cae antes un par de lágrimas.
—No sigamos discutiendo por cosas insignificantes, ellos solo piden comida, y comida le damos hasta a los animales del ducado, si alguien nos escucha pelear por semejante cosa, perderemos la cara, dirán que somos mezquinos— reflexiona el duque con su familia y la concubina por esa vez dejará que el duque le dé lo que ellos piden, después de todo, hasta los animales del ducado tienen derecho a comer.
—Bien, que tengan comida, no quiero que digan que aquí en este ducado los sirvientes están mejores que los amos, sería una vergüenza para la familia Zalazar — dice la mujer con una voz cariñosa y el duque sonríe.
—Eres mi mayor tesoro, estoy feliz de tenerte en mi vida, eres tan comprensible— dice el duque y acto seguido le pide a todos volver a la mansión a disfrutar de un té helado.
Pelear con su hija mayor le dio sed.
Alexandra y su familia terminaron de llegar hasta la choza que el duque llama cabaña.
Cuándo ella por fin estuvo dentro de la choza, se dejó caer sobre sus rodillas.
Su cuerpo estaba muy débil, aunque parece ser aún estando de ese modo, su magia era muy poderosa.
Ella no sabe de dónde sacó tanto poder, y planea en un futuro usar aquel poder para su beneficio.
Por lo que tras reflexionar, decide decirle a su madre lo siguiente.
—Madre, cuanto antes debemos ver cómo me hago fuerte, por lo visto mi magia es más poderosa que la del duque y sus hijos, usemos eso para sobrevivir— dice ella y su madre orgullosa de su hija, comienza a llorar.
—Hija lamento por todo lo que le he hecho pasar, no creí que el duque nos tratara como perros, y sí, debemos hacernos fuertes, para de ese modo sobrevivir— dice la mujer y Alexandra se pone de pies, con ayuda de su hermano, quien estaba también orgulloso de su hermana mayor.
Las palabras de Eloisa hicieron que Alexandra tenga más determinación.
—No te preocupes, pronto seremos tan fuertes, que nadie nos va a detener, en el futuro tendremos una buena vida— promete ella y todos se abrazan.
La familia de tres se fue a la pequeña sala a hablar sobre qué hacer en el futuro, y Eloisa le promete que hará todo para que ellos tengan una buena educación.
Alexandra y su hermano aún no han sido educados como nobles, los dos necesitan maestros de diferentes tipos. Alexandra le sugiere a su madre, que por el momento mejor le consiga a ella y a su hermano maestro de combate y espada.
Eloisa no comprende la razón detrás de ese pedido, pero promete que en cuanto pueda, lo hará.
Mientras ellos hablaban llegaron algunos sirvientes del duque, ellos traían lo "solicitado" por Alexandra y también algunas bolsas con monedas para ropa, uno de ellos les dice que el duque les manda a decir, que irán mañana a comprar ropa adecuada.
Puesto que, la ropa que estaban usando era vieja y desgastada, parecía la ropa de un mendigo.
Sin siquiera sorprenderse, Alexandra recibe todo, y verifica que todo esté en orden, y después de eso, despide a los sirvientes, los cuales habían visto lo sucedido y tenían un poco de temor.
Cuándo los sirvientes salieron, Eloisa le pide a su única sirvienta hacer comida para todos.
Gracias por llevarnos a vivir tan emotiva novela.