La vida de Ricardo parece estar completa, tiene una novia hermosa y un empleo prometedor pero un día al reencontrarse con un amor del pasado se dará cuenta que su vida había estado vacía todo ese tiempo. Sin dudarlo más tiempo decide recuperar el amor de aquella mujer que alguna vez tiempo atrás lo había sido todo para él, aunque no le será del todo fácil.
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Normalidad
—Ricky, espera…—me habló entre jadeos, yo estaba tan embriagado con su aroma, con la adrenalina corriendo por mis venas que si apenas respondí; no quería detenerme, no quería que ella me detuviera, seguí besando de la mejor forma que pude su cuello, lo mejor que se podría esperar de un adolescente de apenas diecisiete. Traté también de que las caricias de mis manos fueran más cuidadosas, no había nadie en casa, mis padres estaban trabajando y mi hermano seguía en la escuela, así que podía tomarlo con calma. —yo… Ricardo.
—Mmm —fue la única respuesta que mi nublada mente logró formular.
—Yo nunca lo he hecho —dijo como si fuera algo malo, yo solo le miré confundido hasta que logré aclarar un poco mi mente —. Ricardo…
—Yo tampoco lo he hecho antes —le sonreí, ella me miró con una ceja levantada, quizás no me creía y pues claro que había tenido otras novias antes, pero de verdad aún no había tenido sexo con nadie —. De verdad.
La mirada que me dió me hizo saber que podíamos continuar. Sus manos temblorosas recorrían mi espalda, insegura al igual que yo. Mis manos se deslizaban por debajo de la falda del uniforme; ambos estábamos siendo guiados por lo que nuestros cuerpos nos decían. Me incorporé un poco para quitarme la camisa, todo bajo la atenta mirada de mi Angie que comenzó a desabotonar la suya.
—¡Angélica! —se escuchó un grito histérico seguido de fuertes golpes en la puerta.
—Mi mamá —dijo Angie asustada.
—No salgas —dije. Me levanté de súbito y me asomé tontamente por la ventana —¡Angélica! ¡Sé que estás ahí! ¡Si no sales yo entraré por ti!
…
—Trate de convencerla, pero no pude —escuche decir a Mónica que se había vuelto a sentar a mi lado. En algún momento mientras estábamos desayunando ella se había levantado a contestar su teléfono. Yo me sumergí tanto en mis recuerdos que no alcanze a escuchar nada. Hasta que la mención de su nombre logro captar mi interés.
—Qué lástima. Angélica me gusta mucho, me hubiera encantado pasar más tiempo con ella.
Hice todo lo posible por no fulminar con la mirada a mi cuñado. Como si no fuera suficiente con la animadversión que ya sentía hacía él, Sergio había agregado una cosa más a la lista, pero quién era yo para confrontarlo, lo único que podía hacer era tragarme mi enojo y fingir. En medio de ese cúmulo de celos y rabia pude percatarme de algo: Angie y los niños se habían ido. El resto del día tuve que pasarlo con toda la naturalidad que fui capaz de aparentar; no tenía forma de preguntar sin que fuera sospechoso, solo podía sacar deducciones. Habían salido muy temprano en la mañana sin despedirse de nadie; cuando hubo llamado a Mónica ya estaban en el aeropuerto, la razón no la dijo pero yo creía saber por qué; se que sonara presuntuoso pero yo estaba seguro que fue por mi, porque yo también lo sentí, la noche anterior sentados en el parque, ambos deseábamos ese roce, ese beso que ardía en nosotros aun sin que nuestros labios se tocaran. Ella ansiaba tanto como yo que nuestros labios se tocaran. Se que prefirió huir antes de sucumbir ante esa posibilidad, “fue mejor así” me dije a mi mismo. Se que si hubiera habido otra oportunidad de estar cerca de ella la habría tomado, quizás la próxima vez no hubiéramos podido resistir.
—¿Qué te pasa cariño? —me dijo Mónica recostada en la cama con un conjunto de lencería que podría volver loco a cualquiera y no lo voy a negar, yo podía ser como cualquiera, dejarme llevar solo por el instinto y satisfacer el impulso primitivo como lo haría cualquier otro en mi lugar —. Has estado muy pensativo todo el día —continuó al no tener una respuesta de mi parte, yo solo solté un suspiro, acababa de tomar una ducha pero aún así me sentía cansado.
—Nada, amor. No me pasa nada, pensaba en todo el trabajo que tendré cuando regresemos —mentí. No tenía otra opción. Encontrarme con Angie y tenerla cerca había removido las bases fuertes de lo que consideraba una vida satisfactoria. Llevaba semanas notando que Mónica no estaba del todo feliz y yo también estaba distante pero llevábamos dos años juntos, todas las parejas pasan por malas rachas. Quizás eso había hecho que la presencia de Angie me afectará de esa manera, con ella tenía un pasado, una historia de amor inconclusa por eso me sentía así. Trate de convencerme todo el día que si ya no la veía todo volvería a ser como antes. Ella volvería a su vida y yo a la mía, quizás al pasar la mala racha le pediría a Mónica que nos casáramos, además que posibilidad había de que Angie volviera a aparecer en mi vida de manera constante, salvó por contadas ocasiones que tendríamos que saludarnos por su amistad con mi novia, no veía porque preocuparme.
—Ven conmigo, cariño —dijo con un ronroneo y yo obedecí. Los días pasados no disfrutaba del sexo pues me preocupaba que nos escucharán (Mónica no es una chica silenciosa, incluso creo que es un poco dada a fingir) pero si Angie y los niños ya no estaban podría ser diferente —. Yo voy a hacer que te olvides de todo y puedas relajarte —dijo sentándose encima mío, un poco engreída, tenía motivos para serlo; yo de verdad deseaba que me hiciera olvidar absolutamente todo. Cerré los ojos y me deje hacer; pronto me endurecí por sus manos deslizándose por mi pecho, la fricción que estaba provocando con su movimiento comenzó a calentar mi cuerpo —Tocame, amor —dijo en un jadeo poniendo mis manos en su generosos senos, comencé a masajearlos, a pellizcar sus bonitos y endurecidos pezones por encima de la tela de su sostén, se sentía tan bien. Mónica estaba tan excitada, podía sentir su humedad derramándose en mi entrepierna, ella gemía como si estuviera al borde del clímax, a veces me sentía incómodo con eso pero en esa ocasión no me molestaba, necesitaba eso; necesitaba olvidar, borrar de mi mente la imagen de Angie, olvidar el cómo lucía cuando éramos más jóvenes y como nos besabamos y nos acariciamos por encima de la ropa aumentando la necesidad; como luciría debajo de mí, ahora con un cuerpo más maduro y aún con esa carita de inocencia. Mi miembro dio una sacudida y un gruñido involuntario se me escapó; no podía esperar, haciendo a un lado sus bragas de encaje la penetre ella gritó fuerte, quizás de verdad lo disfrutaba mucho, yo también lo hacía. Le di la vuelta en la cama sin salir de su interior, la urgencia por terminar era mucha, la embestí con fuerza de manera frenética
—Ahh, así… —ella no paraba de hacerse notar, seguro que a esas alturas su hermano ya sabía lo que estábamos haciendo —más duro…más.
El movimiento de sus senos me volvía loco aunque no se si en un buen sentido. Cerré los ojos y ahí estaba de nuevo, mi imaginación jugando conmigo de manera cruel. Podía ver sus ojos nublados de deseo, mientras sus labios rellenitos, rojos y entreabiertos decían mi nombre entre jadeos “Ricardo” su cabello repartido en la almohada como aquella vez, esa mirada dulce y provocativa, fue inevitable el derramarme violentamente en su interior, descargando en ella parte de la frustración que había acumulado desde que empezamos las vacaciones y aún así al mismo tiempo sentirme miserable porque frente a mí tenía la imagen de una saciada y satisfecha mujer, pero ella no era esa mujer.