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ME ENAMORE DEL CUÑADO DE MI HIJO

ME ENAMORE DEL CUÑADO DE MI HIJO

Status: En proceso
Genre:CEO / Posesivo / Ella Mayor Que Él
Popularitas:12k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

A los cuarenta y cinco años, Raquel Sanromán lo perdió todo en una sola noche.
Su esposo Miguel murió en un accidente de tráfico... acompañado de su amante. Pero la traición no terminó ahí. El testamento reveló la verdad más devastadora: durante años, Miguel planeó huir del país con Valeria Ochoa, llevándose millones robados de la empresa familiar y dejando a Raquel en la bancarrota absoluta.
Ahora es madre soltera de cinco hijos, dueña del veinticinco por ciento de una empresa en ruinas, y tiene quince días antes de perder su casa. Su hijo mayor la culpa por la caída de la familia. Las deudas la ahogan. Y Valeria, la amante que sobrevivió, ahora es dueña del cincuenta por ciento de lo que alguna vez fue su vida... y no descansará hasta verla mendigando en la calle.
Pero en su cumpleaños, en una noche de máscaras y champán, Raquel decide olvidarlo todo. Solo por unas horas. Solo para sentirse viva de nuevo.
Y entonces conoce a él.
Julian Harrington. Veintisiete años. Multimillonario.

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5

Pov Raquel

Estaba mirando por la ventana, perdida en mis pensamientos, cuando la puerta de mi oficina se abrió nuevamente. Me giré molesta, lista para gritarle a quien fuera que se atreviera a entrar sin anunciarse. Y me quedé paralizada.

Julián Harrington.

Entró con pasos seguros, como si el lugar le perteneciera. Vestía un traje gris oscuro. Su presencia llenó toda la oficina, haciéndola sentir más pequeña, más íntima.

Cerró la puerta detrás de él, con pestillo.

—¿Qué haces aquí? —pregunté, y odié cómo mi voz sonó débil, temblorosa—. Acordamos no saber del otro fuera de aquella noche.

Él no respondió. Solo me miró con esos ojos que me habían desnudado hace días. Me miró como si pudiera ver cada una de mis grietas, cada una de mis heridas. Y entonces se sentó frente a mi escritorio, cruzó una pierna sobre la otra con elegancia casual, y dijo:

—Tengo la solución a todos tus problemas.

Lo miré incrédula, casi quise reírme.

—¿De qué hablas?

—Conozco tu situación, Raquel —su voz era calmada, controlada—. Sé lo que te tiene atrapada en este momento. Y solo necesito que me dejes ayudar.

—¿Por qué me ayudarías? —pregunté, cruzándome de brazos—. Solo pasamos una noche juntos.

La sonrisa que apareció en sus labios fue peligrosa. Depredadora.

—Me gustas, Raquel. Y cuando algo me gusta, debe ser mío.

La forma en que lo dijo. La forma en que me miró. Era posesión pura. Cruda. Sin filtros.

Un escalofrío me recorrió la columna vertebral.

—Estás loco —dije, retrocediendo un paso—. Podría ser tu madre.

—Pero no lo eres —respondió, poniéndose de pie y acercándose—. No eres mi madre, Raquel. Eres una mujer. Y yo soy un hombre que quiere sacarte de los problemas que tienes ahora.

—¿Y según tú, qué debo hacer yo a cambio?

Se detuvo frente a mí, tan cerca que pude sentir su calor.

—Es simple. Sé mi amante.

Lo miré con una ceja levantada, esperando que soltara una carcajada. Que me dijera que era una broma.

—Es una broma, ¿cierto? ¿Dónde está la cámara oculta?

—No es una broma —su expresión era seria, mortal—. ¿Tengo cara de estar bromeando?

—Es ridículo —dije, y me alejé buscando espacio para respirar—. Tú, un multimillonario con una fila de modelos esperándote, ¿pones los ojos en una cuarentona con cinco hijos y llena de deudas? Dime dónde está la lógica en eso.

—No es cuestión de lógica —respondió, siguiéndome—. Es simple. Me gustas. Te quiero. Es todo.

—Julián...

—Tenemos sexo unas noches a la semana y cada quien sigue con su vida —continuó como si yo no hubiera hablado—. ¿Acaso no te gustó lo que hicimos esa noche?

Eso me dejó sin palabras. Porque la verdad era que sí. Dios, cómo me había gustado.

Él aprovechó mi silencio y se acercó peligrosamente. Quedamos a centímetros el uno del otro. Podía sentir su respiración. Ver las motas doradas en sus ojos. Oler su colonia cara.

—¿A qué le temes, Raquel? —susurró.

Tragué saliva con dificultad.

—A nada. Tú estás loco. Vete de mi oficina.

Él pasó su lengua por mis labios. Un roce ligero, provocador, que me dejó el cuerpo como gelatina. Luego se alejó con una sonrisa satisfecha, sabiendo perfectamente el efecto que tenía sobre mí.

—¿Qué tal esto? —dijo, sacando su teléfono—. Envío un mensaje ahora y pago tu deuda con el banco. Tu casa es tuya de nuevo.

—Eso... espera...

—Aún no termino —me interrumpió—. Toma asiento.

No sé por qué obedecí. Tal vez porque mis piernas ya no me sostenían.

—Sé que ahora tienes el veinticinco por ciento de esta empresa en ruinas. Tu hijo tiene otro veinticinco. Y la amante el cincuenta —hizo una pausa—. ¿Correcto?

Asentí, sin poder articular palabra.

—Bien. Yo le compro a la amante el cincuenta por ciento. Me hago tu socio. Y sacamos a esta empresa del hoyo en un mes.

—No es posible —dije, encontrando mi voz—. Esa mujer me quiere ver destruida. Jamás te venderá.

—¿Dudas de mis capacidades, Raquel?

La forma en que lo dijo me hizo estremecer.

—Todo en este mundo tiene un precio —continuó—. Solo es cuestión de darle la cifra adecuada. Te aseguro que vende.

Me levanté y comencé a dar vueltas por la oficina como un león enjaulado.

—Esto es una locura. No, no es posible. Yo de novia de un veinteañero. ¿Qué pensarán mis hijos? No, no, no.

—Calma —su voz era suave pero firme—. Nadie tiene que saberlo. Esto será un trato entre los dos. Solo entre los dos.

—Eres el jefe de Ana —exploté—. ¿Cómo le diré que me estoy cogiendo a su maldito jefe?

—No se lo digas. Ni a ella ni a nadie. Te lo repito: es un acuerdo entre ambos.

—Todos sabrán que pasó algo —insistí—. No puedo decir que me encontré dinero en un cajón.

—Ya pensé en eso —dijo con calma irritante—. Dirás que tu marido te dejó un seguro y con eso saldaste las deudas. De la empresa me encargo yo. Diré que decidí invertir porque creo que aún tienen potencial.

—Igual sigue siendo una locura.

—No pienses tanto, Raquel —se acercó de nuevo y tomó mi barbilla, obligándome a mirarlo—. Pasamos dos noches a la semana juntos. Igual que en el club. Sin nombres. Sin dramas familiares. Solo un hombre y una mujer disfrutando de las mieles del placer.

Su mirada era tan firme, estaba tan seguro de esto que me hizo dudar. Mi vida era un desastre. Mis hijos vivirían bajo un puente si no hacía algo. Lo peor que podía pasar era que nos descubrieran y me odiaran. Pero para entonces, su techo y su comida estarían seguros.

—Está bien —susurré—. Acepto.

—Bien —sonrió—. Dame un beso y cerramos el trato.

—¿Qué? No. Estás loco. Es mi oficina, alguien puede entrar.

—Nadie vendrá. No tienes secretaria y la puerta está cerrada con llave —extendió su mano—. Ven.

Cerré los ojos y dejé que me atrajera hacia él. El beso fue intenso. Devastador. Su lengua me invadió, posesiva, demandante. Sus labios me llevaron de regreso a ese club, a esa habitación, a ese placer que me había hecho olvidar quién era. Mi pulso se aceleró. Mi cuerpo respondió como si tuviera vida propia. Nos separamos por falta de aire. Él tenía los labios hinchados y los ojos oscurecidos por el deseo.

—Muy bien, Raquel Sanromán —dijo con voz ronca, pasando el pulgar por mi labio inferior—. Ahora me perteneces.

Y antes de que pudiera responder, antes de que pudiera procesar lo que acababa de hacer, sacó su teléfono y escribió algo rápidamente.

Segundos después, mi teléfono vibró.

Un mensaje del banco.

"Estimada Sra. Vivez: Su deuda hipotecaria ha sido liquidada en su totalidad. La propiedad es oficialmente suya. Gracias por su preferencia."

Me quedé mirando la pantalla, incrédula.

—¿Qué... qué acabas de hacer?

—Cumplí mi parte del trato —dijo, guardando su teléfono—. Ahora te toca cumplir la tuya.

Se acercó a la puerta, pero antes de salir se volvió hacia mí.

—Nos vemos el martes, Raquel. Te enviaré la dirección. Y ponte algo bonito. Algo que pueda quitarte despacio.

La puerta se cerró detrás de él.

Y yo me quedé ahí, temblando, con mi teléfono en la mano y la certeza de que acababa de hacer un trato con el diablo.

Un diablo joven, guapo, y peligrosamente irresistible.

Un diablo que acababa de salvar mi casa.

Y que ahora me reclamaba como suya.

Dios mío.

¿En qué me acababa de meter?

1
Maria Guevara Arbulu
Qué vas a hacer Raquel? pues ahora sí te vas a olvidar de tus perjuicios y vas a afrontar esto con Julián ya no eres tú ya no es él es una persona inocente que viene en camino y por él tienes que hacer las cosas sin pensar en lo que digan los demás 😡
Maria Guevara Arbulu
los sentimientos que tiene Julián y Raquel no pueden ocultarse y Ángel ya se dio cuenta espero que a resolver sus cosas pueda darle un tiempo a su madre ayudarla a resolver sus penas🙏
Betty Saavedra Alvarado
Caray Raquel vas a ser mamá conversa con Julián y asuman su responsabilidad
Betty Saavedra Alvarado
Eleonor tu casaste enamorada o te impusieron el matrimonio deja que tus hijos vivan su vida
Maria Guevara Arbulu
cigüeña en camino un pequeño pasajero a bordo ❤️
Maria Guevara Arbulu
uy malos entendidos x andar husmeando a Raquel 😁
Mirtha Cabrera
Me parece muy bueno
Ledys Elena Socarraz Molina
me gusta la narrativa pero no demorar con la publicación de cada capítulo maravilloso de
Betty Saavedra Alvarado
Julián Diego solo es su amigo no piensen mal estás celoso
Betty Saavedra Alvarado
Mi mamá tuvo mi hna a los 46 años no estás en la menopausia así que cualquier cosa puede pasar como una sorpresa de nueve meses
Betty Saavedra Alvarado
Muchas veces mal interpretamos lo que vemos no preguntamos solo sufrimos ese le pasa a Julián con Raquel
Betty Saavedra Alvarado
Raquel te estás ahogando en un vaso de agua deja de ser cobarde y dile a Julián que lo amas todo se irá solucionando poco a poco
Betty Saavedra Alvarado
Raquel eres madre primero.despues mujer tienes miedo es natural a la reacción de tus hijos sobretodo la de Angel por la relación que tiene con Isabella La mamá de Julián no querrá una relación por la edad y los hijos el abuelo lo está apoyando y aconsejando el desea verlo feliz
Betty Saavedra Alvarado
Julián claro que no va ser fácil es una pequeña venganza contra Victoria ella también publicará tus fotos Raquel tendrá que ser fuerte para afrontar todo lo que viene
Betty Saavedra Alvarado
Todo el mal que pensabas hacer se revocó en tu familia Victoria ahora son delincuentes ante la sociedad
Maria Guevara Arbulu
Raquel eres presa de tus miedos de tu cobardía se hace las cosas bien dándole a conocer a tus hijos de tu amistad con tus ojos Julián que alterne con tus hijos porque él no es un peligro para ellos tiene la suficiente confianza con tus hijos ellos entenderán porque el callar y mentir eso sí no se perdona ahí sí vas a decepcionar y y urgente busca ayuda psicológica terapia para que puedas vencer esos miedos y esos perjuicios que tienes😁
Maria Guevara Arbulu
❤️❤️🥰
Maria Guevara Arbulu
fantástico capítulo palmas para Julián en que verdaderamente el sector de este casi triunfo es el abuelo adorable astuto Raquel tuviste la oportunidad de entablar una conversación cortita sobre Julián decir que sí que eran socios pero también estaban conociéndose como amigo por qué no vas allanando el terreno para que en algún momento tienes la oportunidad desde que ese amor se haga realidad que lo vivas libremente no sigas mintiendo no sigas ocultando y Victoria el que ríe al último ríe mejor te sentías vencedora ilusa😁
Johann
❤️❤️❤️❤️❤️
Maria Guevara Arbulu
muy bien Julián que no te dejes vencer y que luches por el amor de Raquel porque a veces uno ama y el otro se deja amar en este caso Raquel se dio por vencida pero tú vas a luchar por ustedes❤️
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