En un pequeño estudio, bajo el sudor y la luz tenue, comienza la historia de un grupo destinado a brillar con fuerza inigualable.
NovelToon tiene autorización de Leydis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 17
El dormitorio de ATEEZ parecía una zona de guerra, pero una zona de guerra organizada por la mano meticulosa de Seonghwa. Había maletas abiertas por todas partes, extendiéndose como lenguas de tela negra y plástico sobre el suelo de la sala. El aire estaba cargado con el olor a ropa recién lavada, desinfectante y esa fragancia metálica que desprende la electrónica nueva. Mañana no solo volarían a otro país; mañana comenzarían su primera gira mundial, "The Expedition Tour".
Hongjoong estaba sentado en un rincón, con un mapa desplegado en su laptop y una lista de verificación que parecía no tener fin. Sus ojos, enmarcados por ojeras que ya formaban parte de su anatomía, saltaban de los nombres de las ciudades a los detalles técnicos de los recintos. Los Ángeles, Dallas, Chicago, Londres, París... nombres que antes eran solo puntos en un libro de geografía y que ahora representaban rostros que esperaban verlos.
—Hyung, si sigues mirando la pantalla así, vas a prenderle fuego —dijo Jongho, dejando caer un par de zapatillas pesadas en su maleta—. Deberías dormir al menos dos horas. El vuelo es largo, pero el estrés te va a matar antes de que subamos al avión.
Hongjoong suspiró, frotándose las sienes.
—Es que no puedo dejar de pensar en si el equipo de sonido en Europa entenderá nuestras especificaciones, o si el espacio para los cambios de ropa será suficiente. No somos una empresa grande, Jongho. Si algo falla, no tenemos un ejército de repuesto para arreglarlo. Somos nosotros.
Seonghwa se acercó y, sin decir palabra, le arrebató la laptop y la cerró.
—Mañana seremos nosotros. Esta noche, eres solo Hongjoong —sentenció el mayor—. He guardado tus vitaminas y tus tapones para los oídos. Deja de ser el capitán por diez minutos y sé el chico que solía emocionarse con los aviones.
En el otro extremo de la sala, San y Wooyoung intentaban cerrar la maleta de San, que parecía a punto de explotar.
—¡Te dije que no podías traer todos tus peluches, Sannie! —exclamó Wooyoung, saltando sobre la tapa de la maleta para intentar cerrarla—. ¡Es una gira mundial, no una mudanza a una guardería!
—¡Shiber tiene que venir! —protestó San, empujando con sus manos— Es mi amuleto. Si no está en el hotel, no duermo. Y si no duermo, no hay "Hala Hala". ¿Quieres que me desmaye en el escenario porque me falta mi perro de felpa?
Yunho y Mingi, sentados en el sofá, observaban la escena con una mezcla de cansancio y ternura. Mingi jugueteaba con su pasaporte, pasándose el pulgar por la foto.
—¿Crees que alguien nos entenderá allí fuera, Yunho? —preguntó Mingi en voz baja, con una vulnerabilidad que rara vez mostraba—. Mi rap está en coreano. Nuestra cultura es diferente. A veces me da miedo que estemos yendo tan lejos para descubrir que el mundo es demasiado grande para nosotros.
Yunho se inclinó hacia adelante, conectando su mirada con la de su mejor amigo.
—La música no necesita traducción, Mingi. Lo aprendimos en Los Ángeles cuando éramos trainees. La gente no grita porque entienda cada palabra, grita porque siente la energía. Y energía... de eso nos sobra. Además, vas conmigo. Si te pierdes en el idioma, yo seré tu traductor emocional.
Mingi sonrió levemente y asintió. La tensión en sus hombros cedió un poco.
Cerca de la medianoche, los ocho se reunieron en el centro de la sala, rodeados por sus pertenencias. Ya no había discusiones, solo una calma expectante que pesaba en el pecho.
—Siento que estamos a punto de saltar al vacío —dijo Yeosang, rompiendo el silencio—. Hemos ensayado tanto que mis músculos se mueven solos, pero mi mente sigue en ese primer día en el que entramos a la empresa. ¿Cómo pasamos de eso a tener fechas en tres continentes?
—Porque no aceptamos un "no" por respuesta —respondió Hongjoong, mirando a sus hermanos—. Mañana, cuando crucemos esa puerta, el mundo va a empezar a exigirnos cosas que ni siquiera sabíamos que podíamos dar. Van a querer nuestra energía, nuestras lágrimas, nuestras sonrisas y nuestro tiempo. Pero quiero que me prometan una cosa.
Todos guardaron silencio, escuchando al líder.
—Prométanme que, sin importar cuán grandes sean los estadios o cuán ruidosos sean los gritos, esta sala siempre será nuestro centro. Que si alguno se siente abrumado por la fama o el cansancio, lo dirá. No somos ídolos perfectos; somos ocho amigos recorriendo el mundo. No dejen que las luces borren quiénes somos aquí, en pijama y rodeados de maletas.
—Lo prometemos —dijo San, y los demás asintieron con una solemnidad que hacía que el aire vibrara.
Esa noche, nadie durmió realmente. Estaban atrapados en ese limbo entre la ansiedad y la euforia. Cada vez que uno cerraba los ojos, visualizaba el mar de luces LED que los fans llamaban "Lightiny". Se imaginaban el rugido de la multitud. Pero en el fondo, también se imaginaban el silencio de los hoteles y la soledad de estar lejos de casa por primera vez durante tanto tiempo. Era un latido compartido, una frecuencia que solo ellos ocho podían sintonizar. El tour no era solo una serie de conciertos; era la prueba de fuego de su hermandad.
Simplemente es perfecto la manera en que estos chicos se apoyan.
Solo puedo decir que el comienzo siempre resulta difícil y doloroso, aunque el mañana podría ser mejor...no conozco al grupo, pero creo que todo resulta bastante realista.
Seguir un sueño que no sabes si se hará real es bastante inquietante y a la vez perturbador.