Tiene una nueva oportunidad para redimirse y busca ser feliz junto a las personas que ama.
* Esta novela es parte de un mundo mágico*
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Hermana 2
La cena transcurrió con una calma cálida, muy distinta a la severidad que imponían los muros del ducado. La mesa estaba servida con cuidado casi ceremonial, no por etiqueta sino por la obsesión de Jason de que nada alterara a Cora.. la temperatura adecuada, los alimentos precisos, el asiento perfectamente acolchado. Jane dormía en una cuna cercana, vigilada más de una vez por la mirada atenta de su padre.
Colton se sentó frente a su hermana, observándola mientras hablaba con entusiasmo de pequeños detalles del día, de cómo los gemelos se movían más que nunca, de cómo Jason había prohibido incluso que ella acomodara un libro sin ayuda. La risa de Cora llenaba el salón y, por primera vez en el día, Colton sintió que el peso de la ausencia de Lavender se aligeraba un poco.
—Y tú —dijo Cora de pronto, apoyando los codos en la mesa con una sonrisa curiosa—. Has estado extrañamente callado. Eso nunca es buena señal.
Jason levantó la vista de su plato, atento.
—¿Te ocurre algo? —preguntó con tono serio, evaluador.
Colton dudó un instante. Luego, como si las palabras hubieran estado esperando toda la tarde para salir, exhaló despacio.
—Conocí a alguien en el pueblo.. Una mujer… hermosa. Vende raíces. No como las comunes, sino… especiales. Únicas.
Cora alzó las cejas, inmediatamente interesada.
—¿Raíces? ¿En la tienda pequeña, cerca del camino viejo?
Antes de que Colton pudiera responder, Jason asintió con naturalidad.
—Tiene tratos con el ducado.. Le compramos raíces específicas para el cuidado del embarazo. Son de excelente calidad. Muy precisas. Es eficiente. Discreta.
Colton sintió cómo el pecho se le apretaba, pero no de preocupación, sino de una ilusión casi juvenil. Sonrió sin poder evitarlo.
—Eso es ella.. Siempre tan cuidadosa… tan honesta.
Cora lo observó con atención, reconociendo de inmediato ese brillo en los ojos de su hermano, uno que no había visto en años.
—Vaya… Entonces es alguien importante para ti.
Colton bajó la mirada un segundo, como si admitirlo en voz alta lo hiciera demasiado real.
—Lo es.. Aunque apenas la conozco. Cuando sonríe… Todo parece más sencillo.
Jason lo estudió en silencio, evaluándolo como evaluaba todo. Luego habló, con una seriedad distinta, menos fría.
—Si es quien provee las raíces, entonces es una mujer responsable. Eso no es poco.
Colton soltó una pequeña risa, nerviosa, y finalmente dijo, casi como un suspiro que llevaba tiempo guardando..
—Se llama Lavender.
El nombre quedó flotando en el aire del salón. Cora sonrió con ternura, llevándose una mano al vientre, como si aquella confesión le resultara tan valiosa como cualquier otra noticia importante.
—Un nombre hermoso.. Le queda bien, incluso sin conocerla.
Colton asintió, el corazón latiéndole con fuerza, sabiendo que, aun lejos de ella, Lavender seguía creciendo en su pensamiento… como una raíz firme, silenciosa, destinada a florecer.
Jason dejó los cubiertos a un lado con un gesto lento y medido. Sus ojos grises, siempre atentos como si evaluaran un campo de batalla, se clavaron en Colton con una intensidad que hizo que el aire pareciera volverse más denso. No había hostilidad en su mirada, pero sí esa severidad tan propia del duque, la misma que hacía que todo comentario sonara como un veredicto.
—La maga.. fue clara.
Colton levantó la vista, atento.
—Dijo que en esa tienda encontraremos las hierbas necesarias si mis hijos se resfrían o enferman. Nada de improvisaciones, nada de sustitutos. Hierbas Confiables. Exactas.
Cora rodó suavemente los ojos, acostumbrada a ese tono marcial, pero no interrumpió.
Jason volvió a mirar a Colton, ladeando apenas la cabeza.
—Mmm… entonces.. Oliver está cortejando a la maga sanadora… y tú estás cortejando a la herbolaria.
Colton se quedó inmóvil, sorprendido por la manera tan directa en que lo había dicho. Sintió cómo el calor le subía al rostro, pero no negó nada.
Jason cruzó los brazos, reflexivo.
—Bien.. Por lo menos son útiles ustedes dos.
Cora dejó escapar una pequeña risa ahogada.
—Jason…
Él alzó una mano, sin mirarla siquiera.
—Ambas sirven.. Ambas ayudan a mi familia. Y eso es lo que importa.
El silencio que siguió fue breve, pero cargado. Colton tragó saliva. No se sintió ofendido.. conocía a su cuñado lo suficiente para entender que, en su extraño lenguaje, aquello era una forma de aprobación.
—No es solo útil.. Lavender es… buena. De verdad.
Jason lo observó un instante más. Luego, con un gesto casi imperceptible, asintió.
—Si es buena contigo.. y cuida bien de lo que es importante para este ducado, entonces no tengo objeciones.
Cora sonrió ampliamente..
—Eso, Colton.. En idioma de Jason, eso es una bendición.
Colton no pudo evitar sonreír también, el corazón ligero. Porque aunque Jason Evenson jamás hablaría de amor, había reconocido algo esencial.. que Lavender ya era parte del cuidado de su familia… y, sin darse cuenta, también del suyo.
Cuando la cena terminó y Colton se despidió de su hermana y del duque, la noche ya había caído sobre la mansión Evenson con un silencio solemne. El carruaje avanzó por el camino empedrado, y él se recostó en el asiento, convencido de que el cansancio por fin lo alcanzaría. Había sido un día largo, lleno de conversaciones, risas suaves de Cora, órdenes exageradas de Jason, y recuerdos de una vida que no solía detenerse demasiado en sentimientos.
Pero no funcionó.
Apenas cruzó las puertas de su propia mansión, el vacío lo golpeó con una claridad incómoda. El eco de sus pasos en el vestíbulo se le hizo extraño, demasiado amplio, demasiado frío. Se quitó el abrigo sin cuidado, lo dejó sobre una silla y avanzó sin rumbo, como si esperara encontrar… algo. O a alguien.
Y entonces lo entendió.
No importaba la aprobación de su familia. No importaba que su hermana, duquesa del ducado, hubiese sonreído ni que el duque con toda su rigidez, no hubiera puesto objeciones. Nada de eso habría cambiado lo inevitable..
Lavender.
Lavender alzando la mirada desde un frasco.
Lavender riendo, con las manos manchadas de tierra.
Lavender corriendo descalza hacia el mar, con el vestido agitado por el viento.
Lavender dormida sobre su hombro, respirando con calma, confiando en él sin saberlo.
Colton apoyó una mano en la pared, cerró los ojos un instante y soltó una risa baja, incrédula.
—¿Qué diablos me pasa…?
No la había visto solo desde ayer.. Un solo día. Y aun así, la casa se sentía más vacía que nunca. El reloj marcaba las horas con un sonido insoportablemente lento, y cada tic parecía repetir su nombre en su mente.
Caminó hasta la ventana y miró hacia la oscuridad, hacia el camino que llevaba al pueblo. Supo, con una certeza casi dolorosa, que aunque todo el mundo se opusiera, aunque nadie hubiera aprobado nada, él no se habría alejado de Lavender..
Porque no se alejaba uno de lo que ya le pertenecía al corazón.
Suspiró hondo, con una mezcla de ansiedad y ternura, contando mentalmente las horas que faltaban para volver a verla. Para escuchar su voz. Para comprobar que seguía allí, real, sencilla, luminosa.
Y por primera vez en mucho tiempo, Colton Morgan deseó que amaneciera rápido.