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Mi Esposo Me Envenenó el Vientre

Mi Esposo Me Envenenó el Vientre

Status: Terminada
Genre:Venganza / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:34.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Santi Suki

Valentina lo dio todo por su matrimonio. Cinco años soportando las humillaciones de su suegra, que la llamaba estéril. Cinco años aguantando la indiferencia de Adrián, el hombre que juró amarla. Cinco años creyendo que la culpa de no poder embarazarse era suya.

Hasta que un accidente le reveló la verdad: alguien le había estado dando drogas anti-ovulatorias a escondidas. La mujer que todos llamaban estéril nunca lo fue. Le envenenaron el vientre a propósito.

A partir de ese momento, Valentina dejó de llorar en silencio. Con la ayuda de Santiago —un abogado brillante que ve en ella la fuerza que nadie más quiso ver—, Valentina emprende su camino de vuelta: atrapa a los culpables, recupera su dignidad y construye desde cero la vida que le robaron.

Pero la traición tiene raíces profundas. Mientras Valentina renace, sus enemigos no van a quedarse de brazos cruzados. Y el pasado de Santiago también esconde heridas que amenazan con alcanzarlos a ambos.

NovelToon tiene autorización de Santi Suki para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 33

La fiesta de bodas seguía en pleno apogeo. Las luces del salón centelleaban con hermosura mientras la música retumbaba llenando cada rincón del recinto. Algunos invitados se habían animado a cantar frente al pequeño escenario dispuesto para la ocasión. Otros bailaban entre risas junto a sus parejas y amigos.

Las carcajadas entremezcladas con la música hacían que el ambiente se sintiera cada vez más bullicioso.

Sin embargo, en medio de aquella algarabía, Valentina sentía que el mundo a su alrededor comenzaba a girar despacio. La mujer estaba sentada en una de las sillas junto a una mesa redonda, sujetándose la cabeza. Le costaba respirar. El cuerpo le ardía cada vez más. La vista se le nublaba poco a poco.

Estoy muy mareada, murmuró en voz baja.

Valentina intentó respirar hondo, pero la cabeza le palpitó con más fuerza. El corazón le latía acelerado sin razón aparente. El rostro se le fue enrojeciendo. Las manos le temblaban ligeramente cuando alcanzó el vaso de agua sobre la mesa.

—¿Valentina?

La voz de una mujer la hizo volverse despacio. Era una conocida suya de cuando vivía en su antiguo barrio. La mujer se alarmó en cuanto vio el estado de Valentina.

—Dios mío, tienes la cara rojísima. ¿Estás enferma?

Valentina se masajeó las sienes con suavidad. —Me duele mucho la cabeza —respondió en voz baja—. Será por tanto ruido.

La mujer se sentó de inmediato junto a ella. —Desde hace rato estás muy pálida. ¿Quieres que llame a Santiago?

Al escuchar el nombre de Santiago, Valentina levantó la cabeza despacio. Sus ojos recorrieron el salón buscándolo.

En el otro extremo del salón, Santiago estaba reunido con varios hombres de traje formal. Parecían enfrascados en una conversación seria, intercalada de vez en cuando con alguna risa discreta.

Valentina se mordió el labio. Sabía que Santiago estaba tratando con muchos contactos importantes esa noche. Y por alguna razón, le daba pena obligarlo a marcharse ahora.

—Estoy bien —murmuró, aunque la cabeza le pesaba cada vez más.

Pero unos segundos después, su cuerpo se tambaleó ligeramente. La mujer a su lado la sujetó del hombro con expresión de pánico.

—Valentina, de verdad no te ves nada bien.

En ese momento, una mesera se acercó. —Disculpen, ¿puedo ayudarlas en algo? —preguntó con amabilidad.

La mesera llevaba lentes y el uniforme completo del hotel. No había nada que pareciera sospechoso en ella.

—Está mareada —respondió la otra mujer con rapidez—. Tal vez se agotó.

La mesera asintió con comprensión. —En ese caso, puede descansar en una habitación del hotel. La familia de los novios reservó algunas para los invitados.

Valentina alzó el rostro despacio. —¿Una habitación?

—Sí, señorita. Para que pueda recostarse un rato.

La mujer junto a Valentina asintió de inmediato. —Sí, mejor descansa. De verdad no tienes buena cara.

Valentina dudó un instante. Pero el cuerpo le pesaba cada vez más. La cabeza, también.

—Está bien —aceptó en voz baja.

La mesera la ayudó a ponerse de pie, sosteniéndola por el brazo. —Despacio, señorita.

Valentina no se percató en absoluto de que la comisura de los labios de aquella mujer se curvaba en una mueca de satisfacción. Porque todo estaba saliendo según el plan. Sí, la mesera era Lorena. La mujer contuvo una sonrisa triunfal mientras sacaba a Valentina del salón.

Los pasos de Valentina comenzaron a flaquear. El cuerpo le ardía y la vista se le desdibujaba. Todo aquello no hacía más que aumentar la satisfacción de Lorena.

—La habitación está en el quinto piso, señorita —dijo Lorena con dulzura cuando entraron al ascensor.

Valentina apenas asintió, recargándose débilmente contra la pared del ascensor. No le quedaban fuerzas para pensar con claridad.

En cuanto las puertas del ascensor se abrieron, Lorena condujo a Valentina por un pasillo desierto del hotel. Una alfombra roja y gruesa se extendía bajo sus pies. El ambiente en aquella planta era mucho más silencioso que en el salón de abajo.

Valentina empezó a sentirse incómoda. Una opresión inexplicable le apretaba el pecho. Pero el cuerpo le pesaba demasiado como para hacer preguntas.

Lorena se detuvo frente a la última habitación del pasillo. Habitación 517. Abrió la puerta con rapidez usando la tarjeta de acceso.

—Descanse aquí, señorita.

Una vez adentro, Valentina caminó tambaleándose hasta la cama y se dejó caer sobre el colchón con lentitud. La cabeza le pesaba más y más. La respiración se le volvía irregular.

¿Qué me está pasando? ¿Por qué me puse así de repente?, pensó Valentina.

Mientras tanto, Lorena permanecía de pie a unos pasos de distancia, observándola con los ojos cargados de odio. Aquella mirada ya no era amable. Ya no fingía cortesía. El rencor le brillaba con claridad en las pupilas.

Lorena sacó su celular. Marcó un número.

—Ven rápido a la habitación 517 —dijo en voz baja mientras echaba un vistazo a Valentina—. El regalo que te prometí ya está listo.

Escuchó unos segundos la respuesta del otro lado. Después, sus labios se torcieron en una sonrisa.

—Sí. Trae a tus amigos también.

Valentina, medio inconsciente, abrió los ojos despacio. Aquellas palabras le hicieron latir el corazón con violencia.

¿Qué quiso decir? ¿Por qué habla así?, pensó Valentina.

—Para que todos puedan disfrutar de una mujer rica.

El cuerpo de Valentina se tensó de golpe. Aunque la cabeza todavía le daba vueltas, su instinto le gritó que algo andaba muy mal. Intentó incorporarse de la cama poco a poco.

¡¿Qué?! ¡Quiere venderme! Tengo que salir de aquí.

Pero apenas logró sentarse, un empujón brutal la hizo caer de vuelta sobre el colchón.

—¡¿A dónde crees que vas?! —le espetó Lorena con ferocidad. Su rostro estaba a centímetros del de Valentina.

Aquella voz hizo que Valentina abriera los ojos de par en par. Miró fijamente a la mesera que tenía enfrente. Y cuando la mujer se quitó los lentes, la sangre se le heló en las venas.

—¿Lo... Lorena?

Lorena soltó una carcajada estridente. Una risa empapada de odio y burla. —Vaya, por fin te das cuenta.

Valentina la miró sin poder creerlo. —¡Estás loca!

—¿Loca? —repitió Lorena mientras se acercaba con brusquedad—. ¡Tú destruiste la vida de mi familia!

La mujer le agarró la mandíbula con violencia. —¡¿Creíste que me iba a quedar de brazos cruzados después de todo lo que pasó?!

—¡Suéltame!

Valentina empujó a Lorena con todas sus fuerzas y logró que la mujer retrocediera unos pasos. Pero aquello solo la enfureció más.

—¡¿Te atreves a enfrentarme?!

Lorena se abalanzó sobre Valentina como una posesa. Los cuerpos de ambas cayeron rodando sobre la cama.

Valentina intentó resistirse, pero el cuerpo le seguía fallando por efecto de la droga.

Lorena era mucho más fuerte. Logró inmovilizar a Valentina debajo de su cuerpo y levantó la mano dispuesta a abofetearla con fuerza. Pero antes de que el golpe la alcanzara, Valentina le sujetó la muñeca.

—¡Estás demente! —gritó Valentina, aterrada.

Lorena forcejeaba cada vez con más violencia. —¡Mereces que te destruyan!

Acorralada, Valentina le asestó un cabezazo en la barbilla.

—¡Aaaagh! —Lorena aulló de dolor mientras se sujetaba la mandíbula.

Valentina aprovechó ese instante para empujar a la mujer con toda la fuerza que le quedaba. Lorena cayó a un costado de la cama. Valentina se levantó a toda prisa, aunque el cuerpo le seguía fallando; la respiración se le desbocaba y el corazón le latía como enloquecido.

Tengo que salir de aquí, se dijo Valentina con desesperación mientras avanzaba tambaleándose hacia la puerta de la habitación.

* * *

1
canche
Realmente maravillosa historia!!!!!Me cautivó de principio a fin Felicitaciones autora gracias por compartir tu maravilloso talento espero seguir leyendo más historia s 💯 %recomendada
Adriana Ramirez
👏👍🥰
Yudith flores
Bonita historia gracias autora 👏🌹
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Jummmmm, qué estarán tramando ese par? 🤔🧐🇨🇴🇨🇴🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Santiago hace dudar a cualquiera, debería ser honesto y decir las cosas, a menos que aún sienta algo por ella.🤔🧐🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Al menos es buen hijo, no abandonó a la mamá. 🇨🇴🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Valentina , no es una esposa, es una sirvienta en todo el sentido y más, sirve al marido en la cama, en los quehaceres de la casa y también tiene que atender a la suegra. 🧐🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Mariana Posternak
me encantó la historia, no tuvo tantos dramas, felicidades 👏♥♥♥♥
Soledad Muñoz Vazquez
de verdad hay mujeres así de tontas me lo hacen ha mi y los pongo por monteras ha los dos
Aracelis León García
lo dicho que desvergonzados
Aracelis León García
de seguro que tiene algo que ganar porque no creo wue de repente le salga amor por el hijo
Aracelis León García
ahora su la putirrona va a reclamar al hijo?esta di es arrecha
Aracelis León García
dios está mujer no es más estúpida porque no es más vieja
Aracelis León García
eso te pasa por malora y si sigues te irá peor
Aracelis León García
todavía no aprende ella fue la que incitó a la desgracia y no se da cuenta
Aracelis León García
si hubieses sido bien intencionado después del divorcio hubieses quedadado acomodado por maloro te pasó eso
Aracelis León García
estás mamao pendejo
Aracelis León García
es así porque eres una idiota
Maria Victoria Ruiz Alcaide
Un trabajo buenísimo.bir. redactado y con muchas variaciones .ha habido de todo
Maria Victoria Ruiz Alcaide
Autora Preciosa me ha encantado muchísimo la he compartido con el.grupo y amigas muchas gracias es la segh daxqye leo de usted
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