Evelyn Bellamy ha vivido toda su vida bajo un nombre que quizá nunca le perteneció. Cuando una antigua fotografía, una cinta azul y una serie de muertes inexplicables despiertan recuerdos que creía perdidos, descubre que su pasado esconde una verdad capaz de destruirlo todo. Ahora deberá descubrir quién es realmente antes de que alguien silencie la verdad para siempre.
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Capítulo 13: Donde termina un nombre
La casa Laurent estaba en silencio cuando regresaron.
La lluvia había cesado, pero la humedad permanecía suspendida en el aire. Evelyn caminaba junto a su hermana sin saber todavía cómo acostumbrarse a la idea de tenerla a su lado.
Durante trece años había pensado que aquella parte de su infancia era un recuerdo incompleto.
Ahora sabía que era una persona.
Su propia hermana.
Alistair cerró la puerta detrás de ellos.
—La habitación de las niñas está en el segundo piso.
Evelyn Bellamy asintió.
—Lo sé.
Evelyn la miró.
—¿Cómo?
—Porque la recuerdo.
Subieron las escaleras.
El pasillo parecía más pequeño de lo que Evelyn esperaba.
Al final había una puerta blanca.
Su hermana se detuvo frente a ella.
—Aquí.
Evelyn sintió un extraño peso en el pecho.
—¿Entramos?
—Juntas.
Abrieron la puerta.
La habitación estaba prácticamente intacta.
Dos camas pequeñas.
Un escritorio.
Una estantería llena de libros infantiles.
Y, junto a la ventana, una pizarra vieja.
Evelyn se acercó.
Había dos nombres escritos con una caligrafía infantil.
**Evelyn.**
**Isa.**
Pasó los dedos sobre las letras.
—Lo recuerdo.
Su hermana se acercó.
—¿Qué?
—Nuestra madre estaba aquí.
Evelyn cerró los ojos.
La memoria regresó lentamente.
Isabelle estaba sentada frente a las dos niñas.
Les sostenía las manos.
—Nunca permitan que nadie les diga que una de ustedes es más importante que la otra.
La pequeña Isa había preguntado:
—¿Por qué?
Isabelle había sonreído con tristeza.
—Porque algún día alguien intentará separarlas.
Evelyn abrió los ojos.
—Ella sabía que iba a suceder.
Su hermana asintió.
—Sí.
Ambas comenzaron a buscar.
Debajo de las camas.
Dentro de los cajones.
Detrás de los libros.
Nada.
Alistair revisó el escritorio.
—Aquí hay algo.
Sacó un pequeño compartimento oculto.
Dentro había dos hojas dobladas.
Evelyn tomó la primera.
Era una copia de un registro familiar.
La segunda era diferente.
Una lista de nombres.
Algunos estaban tachados.
Otros tenían anotaciones junto a ellos.
Evelyn recorrió la página.
Entonces se detuvo.
—Aquí.
Había un nombre escrito en la parte inferior.
**Edmund Laurent.**
Su hermana se acercó.
—¿Quién es?
Alistair observó el documento.
—El padre de Isabelle.
Evelyn negó.
—No.
Señaló una anotación escrita debajo.
“Edmund Laurent murió en 1859.”
Alistair frunció el ceño.
—Entonces no puede ser nuestro padre.
—No lo es —dijo Evelyn Bellamy.
Las dos la miraron.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó Evelyn.
—Porque nuestra madre me habló de él.
—¿Qué te dijo?
—Que Edmund Laurent era su padre adoptivo.
Evelyn sintió un escalofrío.
—Entonces nuestra familia Laurent...
—No era realmente Laurent —terminó su hermana.
Alistair tomó el documento.
—¿Quién era entonces?
La respuesta estaba escrita en la última línea.
Un apellido.
**Valemont.**
Alistair palideció.
—No.
Evelyn lo miró.
—¿Qué ocurre?
Él señaló el nombre.
—Conozco ese apellido.
—¿De dónde?
—Mi familia lo eliminó de todos los registros hace décadas.
Evelyn sintió que el misterio volvía a cerrarse alrededor de ellos.
—¿Por qué?
Alistair no respondió inmediatamente.
—Porque los Valemont fueron acusados de traición a la Corona.
Evelyn Bellamy tomó el documento.
—Eso no aparece en ningún registro público.
—Porque los Vale se encargaron de borrarlo.
Evelyn lo miró fijamente.
—Entonces tu familia conocía a la nuestra.
—Mucho más que eso.
Alistair respiró profundamente.
—Los Valemont eran enemigos de los Vale.
Evelyn comprendió.
La relación entre sus familias no había comenzado con sus padres.
Había empezado generaciones atrás.
Y alguien llevaba décadas intentando ocultarla.
—¿Por qué? —preguntó Evelyn.
Alistair señaló el documento.
—Porque si este registro es auténtico, entonces tu padre no pertenecía a los Laurent.
Evelyn levantó la mirada.
—¿A qué familia pertenecía?
Alistair la miró.
—A los Valemont.
El silencio fue absoluto.
Evelyn volvió a mirar el nombre.
Valemont.
De repente recordó algo.
Una frase que su padre había pronunciado cuando era pequeña.
“No olvides de dónde vienes.”
Durante años había pensado que hablaba de los Bellamy.
Ahora entendía que no.
Hablaba de otra familia.
De una familia que oficialmente ya no existía.
Evelyn dobló el documento.
—Quiero encontrar el registro original.
—Está en Londres —dijo Alistair.
—¿Dónde?
—En los archivos privados de mi familia.
Su hermana lo miró.
—¿Y puedes entrar?
Alistair sonrió sin humor.
—Puedo intentarlo.
Evelyn guardó el documento.
—Entonces iremos.
—¿Las dos?
Evelyn miró a su hermana.
Esta vez no hubo duda.
—Las dos.
***
Horas después, en una habitación desconocida de Londres, un hombre abrió un cajón.
Sacó un libro antiguo.
En la primera página había un árbol genealógico.
Dos ramas habían sido arrancadas.
Pero debajo de ellas permanecía un nombre.
**Isabelle Valemont.**
El hombre pasó la página.
Encontró dos nombres escritos a mano.
**Evelyn.**
**Isabelle.**
Sonrió.
—Por fin.
Cerró el libro.
—Las gemelas han regresado.