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El Deber Del Duque Transmigrado

El Deber Del Duque Transmigrado

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Duque / Edad media
Popularitas:3.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Tiinii_1605

Antes de morir en una sangrienta operación militar en la Tierra, la vida del protagonista tuvo un solo propósito: pagar el tratamiento contra el cáncer de su hermana menor. Cada noche, para calmar su dolor, le leía novelas de romance. Tras perderla, cayó en combate poco tiempo después.

Para su sorpresa, despierta como Alexander von Ashford, poderoso Duque y General del Imperio de Valerius. La transmigración ocurre un mes después de partir a una guerra absurda, tras la trágica caída de su caballo. Ahora, un nuevo espíritu toma las riendas de su destino.

Al cruzar los recuerdos del cuerpo con los conocimientos de la novela, comprende la realidad: está dentro del libro. En la historia original, tras tres años de guerra, el Duque regresaba para descubrir que su esposa Elena y su hijo Theo de tres años habían muerto trágicamente.

Con su astucia táctica y la memoria del cuerpo, el exmilitar actuará rápido para cambiar el destino.

NovelToon tiene autorización de Tiinii_1605 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22: Sombras en el paso de montaña

Avanzábamos por los senderos serpenteantes de la cordillera, dejando atrás las sombras de la capital para adentrarnos en las montañas que conducían a la frontera norte. Allí, en la línea de vanguardia, la guerra entre nuestro Imperio y el reino enemigo continuaba ardiendo sin tregua.

El trayecto habitual hasta la fortaleza del norte requería exactamente una semana a marcha militar forzada. Sin embargo, sabía desde el principio que nuestro viaje demoraría bastante más. Ni Elena ni Theo estaban acostumbrados a pasar jornadas enteras sobre la montura en caminos tan escarpados y hostiles.

Observaba a mi esposa cabalgar a unos metros de mí. Aunque intentaba disimular el cansancio manteniendo una postura erguida sobre su caballo, la rigidez de sus hombros y la forma en que apretaba las riendas delataban el esfuerzo físico que estaba haciendo. No tenía ninguna prisa; prefería tardar diez o doce días antes que agotar la salud de mi familia.

A mitad de la primera jornada, aprovechando una breve pausa en un paso elevado, redacté una nota cifrada en un pergamino pequeño. Fui sumamente cuidadoso con las palabras: no incluí los nombres de mi esposa ni de mi hijo, ni tampoco revelé nuestra ubicación exacta para evitar cualquier riesgo si la misiva caía en manos equivocadas.

Llamé a uno de los exploradores de sombras que nos seguían a distancia y le entregué el tubo del halcón mensajero.

—Llévaselo de inmediato al Vicecomandante en el frente —le ordené en un murmullo imperioso—. Debe recibir la confirmación de que mi familia está a salvo a mi lado. Dile que mantenga las órdenes en el campamento fronterizo y que siga haciendo parecer que me encuentro realizando inspecciones en la vanguardia hasta que yo llegue a la fortaleza.

—Entendido, General —asintió el explorador antes de desaparecer entre los pinos.

Ver alejarse al halcón me dio un respiro profundo. Durante las horas de marcha, Theo cabalgaba frente a mí en la montura, protegido entre mis brazos y envuelto en mi capa pesada. El niño no dejó de hablar en todo el camino, contándome con una inocencia conmovedora sus juegos, sus historias y cómo su madre lo había protegido en cada momento.

Escucharlo parlotear con esa alegría me producía una calidez que jamás había experimentado en el campo de batalla. A pesar del horror que sufrieron en la capital ante la persecución de la princesa y de Gerald, Elena logró mantenerlo a salvo. Su astucia, su valor y su amor incondicional habían sido un escudo impenetrable, y mi admiración por ella crecía a cada paso.

Al anochecer de ese primer día, Kael y los hombres de la guardia de sombras montaron un campamento rústico en una cueva natural. Encendieron un fuego controlado con madera seca para no generar humo que pudiera delatar nuestra posición.

Tras una cena caliente y sencilla, Theo se negó rotundamente a dormir a menos que fuera yo quien le leyera un cuento. Con una insistencia adorable, sacó de su pequeño bulto el libro de historias ilustradas que habían logrado rescatar de la casona.

—Tienes que leérmelo tú, papá —insistió el niño, acomodándose bajo las pieles de oso—. Mamá ya se sabe todas las páginas de memoria.

Elena me miró con una sonrisa tibia desde el otro lado del fuego. Me senté al lado de mi hijo y, ajustando la luz de la linterna de aceite, fui narrándole historias de antiguos caballeros de la montaña hasta que el cansancio lo venció y sus ojos celestes se cerraron por completo.

Cuando estuvimos seguros de que Theo dormía profundamente, Elena y yo salimos en silencio de la tienda para no despertarlo. Nos sentamos junto a las brasas moribundas de la entrada, bajo un cielo estrellado y cubierto por la bruma helada de la noche.

La miré en penumbra. La luz del fuego perfilaba su rostro cansado, marcado por la tensión acumulada durante meses de encierro y angustia.

De pronto, sin previo aviso, los hombros de Elena comenzaron a temblar ligeramente. Se giró hacia mí y, antes de que pudiera decir una palabra, se arrojó a mis brazos y rompió a llorar de forma desconsolada.

Fue un llanto silencioso pero desgarrador, una marea de lágrimas reprimidas durante demasiado tiempo. Lloró por el acoso implacable en la capital, por las noches de guardia sosteniendo una daga en la oscuridad y, sobre todo, por el sufrimiento y el terror al que habían expuesto a nuestro pequeño hijo.

La envolví fuertemente entre mis brazos, pegándola a mi pecho para protegerla del viento helado. Le acaricié la espalda con suavidad, dejando que desahogara todo el dolor y la rabia que había guardado tras su coraza de duquesa.

—Ya pasó, Elena... Ya pasó —le susurré al oído con absoluta ternura—. Están a salvo. Yo estoy aquí con ustedes.

Pasaron varios minutos hasta que sus sollozos comenzaron a amainar. Elena tomó aire con dificultad y, al darse cuenta de lo apretado que me tenía abrazado, se apartó levemente, limpiándose las lágrimas de las mejillas con la manga de la túnica, visiblemente apenada.

—Lo siento... Lo siento mucho, Alexander —murmuró con la voz ronca—. Sabes bien que esto no es propio de mí. No me gusta mostrarme débil...

—No vuelvas a decir esa estupidez —la interrumpí suavemente, tomándole el rostro entre mis manos para obligarla a mirarme a los ojos—. Has sido más fuerte que cualquiera en tu lugar. Te enfrentaste a la corte, sostuviste la casa ducal y protegiste a nuestro hijo tú sola. Tienes todo el derecho a desahogarte y apoyarte en mí. Ya no estás sola, Elena.

Sus ojos oscuros me miraron con una vulnerabilidad que me tocó el corazón. Asintió despacio y dejó descansar su cabeza contra mi hombro. Hablamos durante horas en la penumbra sobre la traición de mi hermano Julian, la codicia de Gerald y nuestros planes para el futuro.

Cerca de las cuatro de la mañana, un grito ahogado y desgarrador proveniente del interior de la tienda cortó nuestra conversación.

—¡No! ¡La piedra se rompe! —¡Mamá, me caigo! —gritó Theo entre sollozos, despertando sobresaltado de una pesadilla.

Entramos de inmediato. El niño estaba sentado sobre las pieles, temblando y buscando a tientas en la penumbra mientras revivía el terrible accidente de la terraza el día de su cumpleaños.

—Aquí estamos, mi amor —dijo Elena, apresurándose a abrazarlo.

Nos acomodamos a su lado y nos acostamos juntos bajo la capa pesada. Theo se acurrucó justo en el centro, tomando mi mano izquierda con fuerza y pegando su espalda al pecho de su madre. La calidez de los tres reunidos disipó el frío de la noche, y así nos quedamos dormidos hasta el alba.

Durante los primeros dos días establecimos una rutina cuidadosa para no agotar sus fuerzas. Despertábamos al despuntar el alba, tomábamos un desayuno ligero junto al fuego y subíamos de inmediato a las monturas para emprender la marcha.

Cada dos horas hacíamos una breve parada a un lado del camino. Me aseguraba de que Elena y Theo pudieran desmontar, estirar las piernas y beber agua fresca de los manantiales de montaña. Aunque Elena jamás se quejaba, sus músculos rígidos delataban el esfuerzo físico que requería la caminata sobre el caballo.

Avanzábamos a paso constante hasta que la luz del atardecer comenzaba a teñir las cumbres de un color carmesí. En ese momento deteníamos la marcha, levantábamos el campamento y cenábamos al abrigo de las rocas antes de descansar.

Al tercer día de nuestro viaje, el terreno se volvió considerablemente más severo y hostil. El camino se estrechó en un peligroso desfiladero rocoso, flanqueado por paredes de piedra y abismos profundos cubiertos de nieve perpetua.

Cerca del mediodía, Kael alzó el brazo al frente de la comitiva, deteniendo las monturas mientras sujetaba con firmeza la empuñadura de su espada.

—General, hay movimiento adelante —advirtió en un murmullo alerta.

Acomodé a Theo detrás de mi montura y me adelanté junto a mis hombres. A unos metros de distancia, un grupo de comerciantes y viajeros se arrastraba con dificultad entre los restos de un carruaje destruido y volcado. Tenían las ropas rasgadas y mostraban heridas sangrantes.

Al vernos llegar, un hombre con una herida abierta en el hombro se acercó tambaleándose hacia nosotros, suplicando por auxilio con el rostro pálido por el terror.

—¡Por favor! ¡Ayuda! —suplicó el hombre con la voz quebrada por el dolor.

—¿Qué ocurrió aquí? ¿Los atacaron bandidos de la montaña? —pregunté con voz imperiosa, manteniendo a la guardia en posición de defensa.

—¡No eran bandidos, mi señor! —exclamó el viajero, temblando de pavor—. ¡Eran exploradores armados del imperio enemigo! Cruzaron por los pasos de montaña no vigilados y nos atacaron sin piedad. ¡Siguen merodeando por esta zona!

Elena y yo intercambiamos una mirada cargada de gravedad. La guerra no solo nos esperaba al final del viaje: las garras del imperio enemigo ya se habían infiltrado en nuestra propia tier

1
Arely Castañeda
ya sospechaba algo de julina y ve estaba enamorado de Elena😱
Arely Castañeda
me encanta
que obra tan magistral
ya quiero ver arder a esos traidores
Arely Castañeda
mas por favor
ya quiero ver asustados a los traidores cuando el ya empiece a dar órdenes con el sello 👏🤭
Arely Castañeda
que emoción 🤭
Isabel Cuatindioy
👏👏👏👏👏
jaime pinto ramirez
espero que todo salga bien /Pray//Pray/
jaime pinto ramirez
cómo es posible que el emperador permita todo lo que está haciendo su hija, o no lo sabe ? /Speechless/
jaime pinto ramirez
que bueno que tenga algo de ayuda en su casa y así no se desanime
Arely Castañeda
mas por favor👏
Kira Javan
será que el hermano quería el ducado? Envidia? o quería a Elena y la casaron con el duque? mmmm buena trama suspenso 🙈
Kira Javan
🤷 creo yo que vamos bien y no tan larga pliss 🙏 🙈😂
Arely Castañeda
/Angry/
malditos como los odio y ese Julian su envidia y ambición lo destruiría y esa bruja ya me cae bien mal
Arely Castañeda
mas por favor 👏😭
Arely Castañeda
por diossss👏 ya que se los lleve
estos acabarán amándose mucho
Arely Castañeda
maldita loca
Arely Castañeda
😭😭😱😱😱😱
Arely Castañeda
que nervios
no nos dejen con la incertidumbre
ya quiero verla llegar con Alexander
Arely Castañeda
ya quiero que salgan de ahí
malditas vivoras y que bueno que no tienen el sello
jaime pinto ramirez
interesante inicio
Cosass UNI
Interesante
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