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La Venganza Silenciosa de la Esposa

La Venganza Silenciosa de la Esposa

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Venganza de la Esposa / Divorcio / Completas
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Nadhira ohyver

Tania lo tenía todo: un matrimonio envidiable, una casa perfecta y un amor que creía eterno. Hasta la noche en que descubrió a su esposo cenando con otra mujer.

Cualquiera habría gritado, llorado o suplicado. Tania no hizo ninguna de las tres cosas. Sonrió, guardó silencio y empezó a planear.

Lo que nadie sabía —ni su esposo infiel, ni la amante ambiciosa, ni la familia que la subestimó— era que detrás de la esposa sumisa se escondía una mente brillante capaz de construir un imperio desde las cenizas de su propio matrimonio. Con la ayuda de su mejor amiga y de un hombre misterioso que la admiraba desde las sombras, Tania inicia una transformación silenciosa que la llevará de ama de casa humillada a la mujer más poderosa de la industria.

Pero la venganza es solo el comienzo. Secretos de familia, traiciones corporativas, enemigos implacables y un amor inesperado pondrán a prueba su frialdad legendaria a lo largo de cinco temporadas de intriga, pasión y poder.

Porque la venganza más letal no es la que se grita. Es la que se sirve en silencio.

NovelToon tiene autorización de Nadhira ohyver para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 33

La suite nupcial del hotel de lujo estaba impregnada con el aroma de lirios y rosas, pero Diego era incapaz de disfrutarlo. Permanecía sentado al borde de la cama, con la camisa desarreglada. El mensaje de texto del departamento de finanzas de su empresa le daba vueltas en la cabeza sin descanso.

Farah salió del baño enfundada en un camisón de seda roja, intentando desplegar su encanto como flamante esposa. Se acercó a Diego con una sonrisa coqueta.

—Diego... ¿por qué estás tan ido? Acabamos de casarnos. Esta noche debería ser especial para nosotros —le susurró mientras le rodeaba el cuello con los brazos.

Diego apartó las manos de Farah con brusquedad, haciéndola retroceder de golpe.

—¿Especial? ¡¿Te parece, Farah?! La empresa acaba de enviarme un mensaje. Mañana a primera hora hay una auditoría interna a gran escala. ¡Los fondos operativos que usé para pagar esta fiesta y para comprarte tus cosas están bajo sospecha!

La dulzura del rostro de Farah se evaporó al instante.

—¿Y ahora me echas la culpa a mí? Fuiste tú el que estuvo de acuerdo en que necesitábamos una fiesta ostentosa para humillar a Tania. Además, según el acuerdo prenupcial, los bienes de Tania iban a ser nuestros.

—¡Yo pensé que tenía una fortuna! ¡Resulta que no hay nada, Farah! ¡Nada! —gritó Diego, fuera de sí—. Ahora no tengo auto, no queda un centavo de los ahorros de Tania, y mi puesto en la empresa pende de un hilo. Si se demuestra que usé fondos de la compañía, me van a meter preso.

Farah soltó por completo el abrazo. Se puso de pie y clavó en Diego una mirada que empezaba a volverse gélida.

—O sea que ahora no tenemos nada. Diego, yo me casé contigo para vivir bien, no para pasar penurias ni para ser la esposa de un preso.

Diego levantó la cabeza y la miró con incredulidad.

—Apenas llevamos unas horas de casados y ya me sales con eso. ¿Qué pasó con tu promesa de estar conmigo en las buenas y en las malas?

Para aliviar su estrés, Diego encendió el televisor de la habitación. Pero aquello resultó ser un golpe peor. En la pantalla se emitía un segmento de noticias financieras nocturnas.

"El lanzamiento de la colección de joyería 'The Queen's Freedom', obra de la talentosa diseñadora Tania, fue un rotundo éxito en el mercado internacional. Las acciones de Hartadinata Internacional S.A. se dispararon, y según fuentes cercanas, Tania recibió un paquete accionario como bonificación que la convierte en una de las mujeres más ricas de la industria de la noche a la mañana..."

En la pantalla se veía a Tania de pie junto a Rey en una cena de gala sumamente exclusiva. Tania lucía radiante de felicidad, a años luz de la imagen de una mujer recién divorciada.

Diego lanzó el control remoto contra la pantalla, que se agrietó con un estallido seco.

—¡MALDITA SEA! ¡Ella nadando en dinero, mientras yo aquí sentado esperando mi propia ruina!

Las palabras de Tania en el estrado nupcial le retumbaron en la memoria: "Gracias por ser mi basurero."

Diego miró hacia Farah, que ahora estaba entretenidísima revisando las bolsas de marca recién compradas con la tarjeta de crédito de él, una tarjeta que con toda probabilidad sería bloqueada a primera hora de la mañana. En ese instante, Diego comprendió con una claridad brutal que había desechado una joya a cambio de una piedrita que solo sabía vaciarle los bolsillos.

—Qué fue lo que hice... —musitó con la voz quebrada. Recordó cómo Tania le preparaba el desayuno cada mañana, cómo administraba su dinero con honestidad, cómo siempre estaba ahí para él.

* * *

A la mañana siguiente, cuando apenas llegaban al vestíbulo del hotel para hacer el check-out, dos hombres de traje impecable ya esperaban a Diego. No eran choferes privados como los que tenía Tania, sino un oficial de policía y un auditor de la empresa.

—¿Señor Pradal? Necesitamos que nos acompañe a la oficina para prestar declaración en relación con la presunta malversación de fondos corporativos por varios millones de dólares.

Diego se quedó paralizado. Giró la cabeza hacia Farah, esperando que su esposa lo defendiera. Pero Farah retrocedió un paso, alejándose de él como si no lo conociera.

—Diego... yo... voy a irme a casa de mi mamá por ahora —balbuceó Farah, y acto seguido se dio la vuelta y salió corriendo, dejando a Diego en manos de los oficiales.

A lo lejos, un auto de lujo pasó lentamente. Dentro, Tania observaba la escena a través del vidrio polarizado. No sonreía; se limitaba a mirar con expresión indiferente, como quien ve la basura siendo finalmente recogida por el camión que le corresponde.

Diego fue conducido a una sala estrecha y fría. Frente a él, la pila de evidencia sobre el uso de fondos operativos de la empresa para gastos personales se extendía de manera irrefutable. El auditor le mostró que los reportes financieros que durante tanto tiempo parecían "en orden" habían sido corregidos. Diego cayó en cuenta de que, todo ese tiempo, había sido Tania quien cubría los pequeños agujeros en sus finanzas para evitar que se convirtieran en un desastre mayor. Sin Tania, la estupidez financiera de Diego quedó expuesta en cuestión de segundos.

—No sabía que esto iba a tener consecuencias tan graves —murmuró Diego con voz ronca.

—Usted utilizó dinero de la empresa para financiar su lujosa fiesta de bodas de ayer, señor Pradal. Eso constituye un delito —respondió el auditor con frialdad.

Mientras tanto, Farah regresó a la casa de Diego, pero ya no se sentía como una reina. La electricidad estaba cortada por facturas impagas, y varios empleados del banco habían empezado a llegar para pegar las etiquetas de embargo.

Farah intentó comunicarse con sus amigas para pedir ayuda, pero todos los números la habían bloqueado. La noticia del escándalo de Diego y del triunfo de Tania se había difundido por todas partes. Farah era ahora conocida como la amante y la destroza-hogares que terminó hundiéndose en la miseria junto con su cómplice.

Se dejó caer en el piso de la sala a oscuras, contemplando la foto de su boda que tenía apenas un día de vida.

—Esto no puede ser... se suponía que yo iba a ser rica, se suponía que yo iba a ganar —gritó entre sollozos histéricos.

Del otro lado de la ciudad, Tania inauguraba su propia boutique de joyería. Su porte era sereno, fresco, cautivador. Rey permanecía a su lado, brindándole todo su respaldo como socio de negocios.

Luna se acercó y le susurró al oído:

—Diego fue declarado sospechoso oficialmente esta mañana, Tania. Y Farah... la echaron de la casa por el embargo del banco.

Tania asintió levemente. No hubo en su mirada ningún destello de alegría desmedida; solo calma.

—Es lo que corresponde, Luna. Quien construye su felicidad sobre el sufrimiento ajeno nunca tendrá cimientos sólidos.

Unas semanas después, Tania tuvo que presentarse en la comisaría para firmar los últimos documentos del divorcio relacionados con la división de bienes, cuyo resultado para Diego era cero.

Diego fue sacado de la celda con uniforme de recluso. Al ver a Tania, tan resplandeciente, se desplomó de rodillas ante ella.

—Tania... ayúdame. Perdí la cabeza. Farah me manipuló, Tania. Por favor, retira los cargos de la empresa o ayúdame económicamente.

Tania se detuvo justo frente a él. Se acomodó con calma su pañuelo de seda, uno costoso, y clavó en Diego una mirada glacial, una mirada que dolía más que cualquier insulto.

—Te perdoné hace mucho tiempo, Diego. Pero la ley y las consecuencias de tus decisiones son asunto tuyo —pronunció sin alterar la voz.

—¿Recuerdas lo que te dije en la fiesta? Ya estás con la persona indicada. Disfruta tu vida como basura en el lugar que le corresponde.

Tania se dio la vuelta y se alejó sin mirar atrás ni una sola vez, dejando a Diego que aullaba arrepentido de cada una de sus estupideces.

Continuará...

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