Lois y Cristopher se conocieron a los catorce años, sin imaginar que ese primer encuentro cambiaría sus vidas para siempre. Años después, cuando por fin están juntos, personas muy cercanas harán todo lo posible por separarlos. Entre el amor, las traiciones y las decisiones más difíciles, descubrirán que algunos corazones jamás dejan de elegirse.
NovelToon tiene autorización de Marion Cecilia Coloma Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 1: El día en que cambió todo
Mi nombre es Lois.
Hay momentos en la vida en los que todo se rompe en silencio. No hay gritos, no hay avisos… solo un antes y un después que te deja vacía por dentro.
Yo ya había aprendido a vivir con ese vacío.
Después de una relación de ocho meses, todo terminó de una forma que me dejó perdida. Me costaba respirar algunos días, y otros simplemente no quería seguir. Sentía que me estaba apagando poco a poco, como si la vida hubiese perdido el sentido sin darme explicaciones.
Al principio no entendí por qué alguien como él se quedaba cerca de alguien como yo.
No vino a prometerme que todo estaría bien. Vino a hacerme sentir, poco a poco, que aún podía volver a levantarme.
Y fue justo ahí, en ese punto donde todo era oscuridad, cuando apareció él.
Cristopher.
No llegó como una solución mágica ni como un cuento perfecto. Llegó como una persona real, con su forma de ser tranquila, con su manera de escuchar sin juzgar, con su presencia que no hacía ruido… pero que de alguna forma lo cambiaba todo.
Pero con el tiempo lo entendí.
Sin darme cuenta, cuando apenas tenía catorce años, el amor —o algo parecido a lo más cercano al amor verdadero— volvió a tocar mi vida.
Pero no lo entendí de inmediato.
Porque después de haberme roto, uno no confía fácilmente en lo que llega de nuevo. Uno duda, se protege, se guarda. Yo también lo hice. Me repetía que no debía sentir demasiado, que no debía ilusionarme, que todo podía volver a desaparecer en cualquier momento.
Pero Cristopher no se iba.
Estaba ahí, en los días buenos y en los días difíciles. En los momentos en que yo me sentía fuerte… y en los momentos en que me volvía a quebrar por dentro sin decirlo.
No hacía preguntas que incomodaran. No exigía explicaciones. Solo se quedaba.
Y eso, sin que yo lo notara, empezó a cambiar algo en mí.
Porque cuando alguien se queda incluso cuando no estás bien, empiezas a verte distinto a través de sus ojos. Empiezas a creer, aunque sea un poco, que no todo en ti está perdido.
Con él, las cosas pequeñas comenzaron a tener sentido otra vez. Una conversación podía cambiarme el día. Un mensaje podía calmar lo que antes era caos. Y su forma de ser se convirtió, sin intención, en un refugio.
Yo no sabía todavía qué éramos.
Solo sabía qué me hacía bien.
Y qué, de alguna forma, después de todo lo que había vivido, eso ya era mucho.
Así empezó todo.
Sin promesas grandes.
Sin certezas.
Solo con dos adolescentes cruzándose en la vida sin imaginar que, mucho tiempo después, ese encuentro sería el inicio de algo que ni el tiempo ni las personas podrían borrar fácilmente.
Y aunque en ese momento no lo sabía… lo que venía después sería aún más fuerte.
Pero lo que yo no sabía… era que ese solo sería el comienzo.
Porque a veces la vida no cambia de golpe… cambia en silencio, cuando alguien llega y se queda sin prometer nada, pero lo transforma todo sin darse cuenta.
Y Cristopher… recién estaba empezando a ser parte de mi historia.