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Gemelos genios y un CEO implacable

Gemelos genios y un CEO implacable

Status: Terminada
Genre:CEO / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Eli Priwanti

Una noche que no debía ocurrir. Un secreto que dura siete años. Y dos niños dispuestos a cambiarlo todo.

Ariana lo había perdido casi todo: el cariño de su padre, su lugar en casa, su sueño de estudiar. Lo único que le quedaba era su tenacidad. Hasta que una trampa cruel la arroja a los brazos de Edgar Alcázar, el presidente del imperio empresarial más poderoso del país, un hombre tan atractivo como glacial. Al amanecer, ella huye con un secreto que jamás imaginó llevar.

Siete años después, Ariana ha rehecho su vida lejos de todo, convertida en madre de unos gemelos que no son niños comunes: Rayan y Zayan son dos pequeños genios capaces de hackear cualquier sistema... y de trazar el plan maestro para encontrar al padre que nunca conocieron.

Cuando el destino vuelve a cruzar sus caminos, Edgar no piensa dejarla ir por segunda vez. Pero entre ellos se interponen viejas heridas, un comisario que la protegió en silencio durante años y una familia dispuesta a todo con tal de arrebatarle la herencia al heredero.

¿Podrá el amor sobrevivir a siete años de mentiras y a los secretos que aún no han salido a la luz?

NovelToon tiene autorización de Eli Priwanti para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 32

—Por eso mismo necesito su ayuda, comisario Ramiro —repuso Edgar, con un tono más suave pero que seguía dejando entrever la firmeza de un Alcázar—. Si la policía necesita pruebas adicionales, dígame qué debo buscar. El dinero y los recursos del Grupo Alcázar están a su disposición cuando haga falta.

Ramiro miró a Edgar a lo hondo, midiendo hasta dónde llegaba el compromiso de aquel hombre por proteger a la mujer que ambos querían.

—Necesitamos pruebas materiales, señor Edgar. Documentos de transacciones financieras turbias, grabaciones de conversaciones, o el testimonio del ejecutor de campo que secuestró a Ariana hace siete años —explicó Ramiro con detalle—. David borra sus rastros con una pulcritud extrema. Sin todo eso, el fiscal no se atreverá a elevarlo a la categoría de imputado.

Bruno, de pie junto a Edgar, intervino al fin en voz baja.

—Señor comisario, hace unos días detectamos movimientos sospechosos en activos registrados a nombre de empresas de David. ¿Eso podría servir como resquicio?

Ramiro asintió apenas.

—Podría, siempre que esas transacciones estén conectadas directamente con el flujo de dinero que financió sus actos criminales. Mi equipo las está monitoreando de manera periódica, pero tenemos que movernos con muchísimo cuidado.

Edgar dejó escapar un suspiro pesado y relajó despacio los dedos, que había mantenido apretados en un puño.

—Bien. Lo que sea que necesite para completar ese expediente, Bruno lo coordinará directamente con su equipo. Pero le pido una sola cosa: asegúrese de que la seguridad de Ariana y de los niños en San Isidro sea la prioridad absoluta.

Al oír aquella petición, la comisura de los labios de Ramiro se tensó en una sonrisa tenue, una sonrisa cargada de significado.

—En cuanto a la seguridad de Ariana y de sus dos hijos, no tiene de qué preocuparse, señor Edgar. Incluso antes de que usted entrara a esta oficina, la seguridad de Ariana ya era mi prioridad absoluta desde hace siete años —afirmó Ramiro, con la mirada clavada de lleno en los ojos de Edgar.

El ambiente de la oficina se congeló de golpe. Los dos hombres imponentes se sostuvieron la mirada, irradiando una poderosísima corriente de rivalidad invisible en el aire.

Renata, que espiaba desde el rincón del sofá, tragó saliva, muerta de miedo.

Ay, no... ¿Cómo se volvió esto una guerra de orgullo? ¡Hermano, no le piques el genio al señor Edgar! chilló Renata para sus adentros, angustiada ante la idea de que la oficina de su hermano se transformara de pronto en un cuadrilátero.

Edgar no apartó la vista de Ramiro ni por un segundo. El silencio que se tendió entre ambos era tan denso que parecía que un solo suspiro bastaría para encender una explosión.

—Aprecio su preocupación, comisario —repuso Edgar al fin, con voz serena pero cargada de una amenaza velada—. Pero ahora ya estoy aquí. Proteger a mi familia es mi obligación por completo; ya no es una carga que usted tenga que soportar.

—Mientras David siga en libertad, cualquiera que esté cerca de Ariana tiene derecho a protegerla —le respondió Ramiro, sin dar el brazo a torcer, apoyando el codo sobre el escritorio con una mirada afilada como la de un águila—. Y para mí, la seguridad de Ariana no es un simple deber.

Bruno, de pie junto a Edgar, ya sudaba frío, mientras Renata, en el rincón, sentía unas ganas enormes de salir disparada por la ventana en ese mismo instante. La tensión entre los dos hombres poderosos hacía que el aire se sintiera al rojo vivo.

Edgar se levantó de la silla y se abrochó el botón de su lujoso saco con un gesto de absoluta calma.

—Ya lo veremos, comisario Ramiro. Espero que esta colaboración sea pura y exclusivamente para derribar a David, no para intereses personales.

—Por supuesto, señor Edgar. La policía trabaja con base en la ley, no en los sentimientos —le lanzó Ramiro con una indirecta sutil, sin moverse de su asiento erguido.

Edgar asintió apenas, sin esbozar la menor sonrisa.

—Bruno, vámonos.

—Sí, señor —respondió Bruno de prisa, haciendo una reverencia respetuosa a Ramiro antes de apurarse a seguir a su jefe fuera de la oficina.

En cuanto la puerta de madera se cerró por completo, Renata soltó el aire de golpe, como si acabara de escapar de las garras de la muerte. Corrió hacia el escritorio de su hermano con el rostro pálido.

—¡Estás loco! ¿Estás loco, hermano? —le reclamó Renata, histérica—. ¿Por qué le provocaste un aire de hostilidad al señor Edgar? ¡Es el CEO del Grupo Alcázar, hermano! ¡Si se ofende, se te puede complicar todo!

Ramiro recostó la espalda en el sillón y se pasó la mano por el rostro, agotado.

—Solo estoy dejando clara mi postura, Rena. Edgar podrá tener dinero y poder, pero hace siete años falló en proteger a Ariana. No voy a permitir que se repita el mismo error.

Dentro del ascensor rumbo a la planta baja, Bruno se armó de valor y miró de reojo el rostro de su jefe en el reflejo del espejo.

—Señor... ¿se encuentra bien?

Edgar miraba fijo al frente, la mandíbula apretada.

—Refuerza la vigilancia en San Isidro, Bruno. No dejes que ese policía se acerque demasiado a Ariana. No me gusta que otro hombre se sienta con más derecho sobre mi mujer.

—Sí, señor Edgar. Enseguida me encargo —respondió Bruno, obediente, comprendiendo que la rivalidad entre el CEO y el comisario quedaba, desde ese momento, oficialmente declarada.

*

*

El negocio de lavandería de Ariana crecía a pasos agigantados día tras día. Aquella jornada, el sencillo local lucía extraordinariamente concurrido. Ariana y Larisa iban de un lado a otro, sin descanso, clasificando, lavando y doblando la montaña de ropa de los clientes, que se desbordaba.

Pero, detrás de aquel bullicio, oculto tras el tronco de un gran árbol de caoba al otro lado de la calle, un hombre vestido todo de negro observaba con frialdad. El sujeto misterioso sostenía una cámara con teleobjetivo, la apuntaba hacia Ariana y tomaba varias fotos a escondidas. Por fortuna, los gemelos no asomaron la nariz esa vez, pues el estado de salud de Rayan y Zayan no era el mejor y los había obligado a quedarse descansando en casa, acompañados por la nana Meche.

En la quietud del cuarto, Zayan se recostó y se giró para acercarse a su hermano, que miraba concentrado la pantalla de la laptop.

—Hermano, ¿no te aburre estar encerrados en el cuarto? —preguntó Zayan con un leve gimoteo.

Rayan no apartó la vista de la pantalla.

—Sí me aburre... Pero estoy averiguando por qué el tío Ramiro le cambió la identidad a mami todo este tiempo, tanto que papá no logró encontrarnos.

Zayan se sentó derecho de repente.

—¿Cómo que por qué, hermano?

—Piénsalo, Zayan —siguió Rayan, muy serio—. Si ayer no nos hubiéramos puesto a averiguar dónde estaba papá, hasta hoy papá no habría podido encontrarnos jamás. ¡Todo por culpa del tío Ramiro, que le cambió la identidad a mami!

Zayan abrió mucho los ojos, apenas cayendo en cuenta.

—Oye... ¿por qué a mí no se me había ocurrido eso, hermano?

—Por eso estoy hackeando, para averiguar qué pasó hace siete años, cuando el tío Ramiro estuvo metido en un caso grande en el que mami también estuvo involucrada.

—¿Y ya conseguiste los datos del caso? —preguntó Zayan, curioso.

Los deditos de Rayan danzaban veloces sobre el teclado.

—Según la información que saqué del historial personal del tío Ramiro y de unos archivos de noticias en redes sociales, hay veinte casos importantes que el tío Ramiro resolvió con resultados satisfactorios. Pero... hay un caso que tuvieron que cerrar así nomás por falta de pruebas, y el principal sospechoso alegó que lo habían incriminado. El nombre de ese hombre es ¡David Alcázar!

El corazón le dio un vuelco a Zayan.

Se quedó de una pieza al oír aquel apellido.

—¿David Alcázar? Eso quiere decir que... ¿ese hombre tiene algo que ver con la familia de papá?

—Sí, Zayan. El apellido es el mismo —afirmó Rayan, con los ojos irradiando una inteligencia impropia de su edad—. Estoy seguro de que este tal David Alcázar es la clave de todos los problemas de nuestra familia, y estoy averiguando qué tan hondo está metida mami en todo esto.

Los dos niños genios volvieron a juntar las cabezas, concentrados en diseccionar la hilera de artículos viejos y documentos digitales para desentrañar el enigma del pasado de sus padres.

Continuará...

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Tere Jimenez
gracias increíble novela hermosa un abrazo gracias
Tere Jimenez
muy bueno el libro muchas felicidades increíble familia espero nos regales más éxitos tuyos bendiciones y felicidades
Noemi Fernandez
makdutos ambiciosos pero haci les va ir
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