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Sané a Mi Alfa, Pero Él Marcó a Otra

Sané a Mi Alfa, Pero Él Marcó a Otra

Status: En proceso
Genre:Venganza / Hombre lobo / Mujer despreciada
Popularitas:19.2k
Nilai: 5
nombre de autor: JaQelinee Valenzuela

Valentina Solano entregó tres años de su vida para salvar a Sebastián Reyes, el Alfa moribundo con quien la obligaron a enlazarse.
Cada luna llena, su loba se apagaba un poco más para mantenerlo con vida. Ella perdió fuerza, sangre y dignidad. Él recuperó su poder.
Y cuando Sebastián por fin sanó, no la eligió a ella.
Eligió a Catalina del Valle.
Le quitó los Brazaletes de la Luna y le ordenó ponérselos a la mujer que quería marcar como su verdadera Luna.
Valentina no suplicó. No lloró. Solo pidió la ruptura del enlace.
Pero la loba que todos creían rota tenía secretos: un imperio comercial escondido, aliados en las sombras y una sangre marcada por la luna.
También tenía la mirada de Damián Montero sobre ella.
El Rey Alfa. El lobo más temido de todas las manadas. El único hombre que nunca la vio como una herramienta.
Sebastián la usó para vivir.
Damián está dispuesto a destruir el mundo para hacerla reina.

NovelToon tiene autorización de JaQelinee Valenzuela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18

Capítulo 18: Cuentas Pendientes

Valentina abrió la caja de madera oscura al tercer intento.

La cerradura llevaba tres años sin usarse, pero no estaba oxidada. Ella misma la aceitaba cada cambio de estación, aunque nadie en Hacienda Reyes sabía por qué una Luna abandonada dedicaba tiempo a una caja que, según la mayoría, solo guardaba recuerdos de boda.

No guardaba recuerdos.

Guardaba números.

Lucía se inclinó sobre la mesa cuando Valentina levantó la tapa. Dentro había cuatro libros encuadernados en piel, hojas sueltas con sellos, recibos doblados, certificados de depósito y una cinta de seda con pequeñas marcas bordadas en hilo azul.

Sofía, sentada con una manta sobre las rodillas, abrió mucho los ojos.

—¿Todo eso es suyo?

—Todo eso soy yo intentando no desaparecer.

Lucía tomó el primer libro con cuidado.

—Registro de dote. Año de entrada a Hacienda Reyes.

—Ese es el oficial.

—¿Y los otros?

—El real.

Sofía parpadeó.

—¿Hay dos?

Valentina pasó una página.

—Siempre hay dos cuentas en una casa como esta. La que se muestra para que todos duerman tranquilos y la que se escribe para saber quién robó mientras dormían.

Lucía sonrió, no por diversión sino por reconocimiento profesional.

El primer libro contenía lo que cualquier alianza matrimonial podía exhibir: joyas, muebles, telas, plata de mesa, cajas de hierbas medicinales, dinero líquido. El segundo tenía columnas más precisas: peso, origen, precio de compra, valor actual, testigo de entrega, ubicación inicial, ubicación presente y pérdida probable.

Sofía pasó un dedo por una línea.

—Aquí dice hasta el nombre del artesano.

—La mesa de nogal vino de Querétaro. Si alguien la cambia por madera común, el artesano puede identificarla.

—¿Tres años y usted estuvo anotando eso?

Valentina no levantó la vista.

—Desde el día que crucé la puerta.

Sofía tragó saliva.

—Yo creí que solo aguantaba.

—Aguantar sin registrar es regalarle memoria al enemigo.

Lucía dejó una hoja aparte.

—Su madre sí le enseñó algo útil.

Valentina se quedó quieta un instante.

Doña Carmen no aparecía en sus pensamientos como consuelo. Casi nunca. Pero recordó una tarde de infancia, el olor a maíz tostado y a tinta barata, su madre inclinada sobre una libreta diciendo:

Una mujer puede no tener silla en la mesa, Valentina. Pero si tiene el libro de cuentas, sabe quién pagó la comida.

Doña Carmen había usado esa sabiduría para proteger a Mateo, para sobrevivir junto a un esposo rígido, para acomodarse dentro de un mundo injusto sin romperlo.

Valentina iba a usarla para salir.

—Treinta y seis clases de hierbas de luna —leyó Lucía—. Raíz de norte, flor de nieve, salvia plateada, corteza de copal blanco...

—La mitad se usó en el enlace de curación —dijo Valentina.

—La otra mitad sigue registrada a su nombre.

—Entonces se va.

Sofía miró otra página.

—Ciento veinte piezas de plata de mesa.

—Faltan doce.

—Diecisiete juegos de joyería con piedra lunar.

—Faltan tres.

—Cuarenta y siete piezas de mobiliario fino.

—Faltan cuatro o fueron sustituidas.

Lucía pasó al anexo.

—Cinco mil piezas de plata en depósito líquido.

Valentina negó con la cabeza.

—Cincuenta mil.

Lucía volvió a mirar.

—Aquí dice cinco.

—El primer cero está escondido en el código de la cinta azul.

Sofía abrió la boca.

Lucía miró la cinta con un respeto nuevo.

—Su madre fue mejor maestra de lo que parecía.

—Mi madre enseñó defensa. No libertad.

Valentina sacó una hoja con borde plateado. No pertenecía a la dote Solano. Era el registro ceremonial de objetos bajo custodia de la Luna de Manada Reyes.

Arriba estaba escrito:

Brazaletes de la Luna. Entregados por La Matriarca, Doña Aurora Reyes, como bendición de unión y autoridad.

Ubicación actual: en disputa.

La pluma de Valentina se detuvo sobre esas dos palabras.

En disputa.

No.

Ella tachó la frase con una línea limpia y escribió:

Tomados por Catalina del Valle bajo coerción de Alfa Reyes.

Sofía respiró hondo.

—Eso va a dolerles.

—Entonces está correctamente redactado.

El traslado empezó esa misma noche.

No hubo grandes carruajes ni cofres evidentes. Lucía organizó el movimiento como una cirugía con muchas manos limpias: una caja de hierbas salió dentro de sacos de maíz; seis cucharas de plata fueron escondidas entre utensilios rotos de cocina; tres piezas de joyería viajaron cosidas en el dobladillo de una capa vieja; dos libros contables salieron en una canasta de pan que nadie importante quiso revisar.

Solano Holdings funcionaba en la ciudad bajo la apariencia de una herbolaria sobria, con estantes de madera, frascos etiquetados y un letrero tan común que los nobles pasaban frente a él sin leerlo. En la parte delantera se vendían ungüentos para golpes, tés digestivos y aceites para el sueño. En la trastienda, Lucía guardaba certificados de depósito, cartas cifradas y llaves de bodegas que valían más que media calle.

—Bodega dos —ordenó a un joven empleado Omega—. No mezcles las hierbas de luna con las comunes. Y nadie escribe el nombre de Luna Valentina.

—¿Entonces qué nombre usamos?

Lucía colocó el sello menor sobre la mesa.

—El que siempre usamos.

Solano Holdings.

El muchacho asintió.

No preguntó más.

Los buenos empleados aprendían rápido que la discreción también era salario.

Al segundo traslado, Doña Milagros lo notó.

Entró en el cuarto de Valentina con Nana Elena detrás y dos sirvientas que intentaban parecer casuales. Sus ojos fueron directos a los estantes de la farmacia privada.

—Faltan cajas.

Valentina no cerró el libro.

—Buenos días, Luna Madre.

—No juegues conmigo.

—No estoy jugando. Estoy contando.

Doña Milagros caminó hasta el estante. Tocó un espacio vacío donde antes había tres frascos de salvia plateada.

—Estas hierbas pertenecen a la Hacienda Reyes.

—No.

La palabra fue tranquila.

Por eso sonó más insolente.

—Pertenecen a mi dote y están registradas bajo el nombre Solano en el anexo quinto del contrato matrimonial.

—Fueron usadas para curar a mi hijo.

—Las usadas, sí. Las restantes, no.

—Todo lo que entra en esta casa queda bajo autoridad de la Luna Madre.

Valentina pasó una página y giró el libro hacia ella.

—Contrato de enlace, cláusula séptima. "Los bienes de dote, instrumentos medicinales y capital líquido aportados por la familia Solano permanecen bajo propiedad personal de Valentina Solano, salvo cesión escrita y sellada." No existe cesión escrita.

Nana Elena leyó por encima del hombro de Doña Milagros y perdió color.

Doña Milagros no.

Ella se puso más fría.

—Crees que un papel te protege.

—Creo que varios papeles protegen mejor que una súplica.

—Puedes llevarte cajas. Puedes esconder cucharas. Puedes mover monedas como una comerciante cualquiera. Pero no saldrás de aquí solo porque tus cuentas cuadren.

Valentina cerró el libro.

—No pienso salir porque mis cuentas cuadren.

Levantó la mirada.

—Pienso salir porque la ley cuadre.

Durante un momento, Doña Milagros pareció querer golpearla.

No lo hizo.

Había demasiados ojos. Demasiada Montero sombra sobre el caso. Demasiada muerte reciente en los pasillos.

Se limitó a sonreír.

—Sueña, muchacha.

Valentina no respondió.

Doña Milagros se fue dejando olor a perfume amargo.

Sofía, que había permanecido inmóvil junto a la ventana, soltó el aire.

—Pensé que iba a romperle el libro.

—Por eso hay tres copias.

Lucía, que acababa de entrar por la puerta lateral, sonrió con auténtico orgullo.

—Cuatro.

Valentina la miró.

—¿Cuatro?

—Una en Solano Holdings. Soy prudente, no aburrida.

Esa noche, cuando la casa finalmente se quedó quieta, Valentina abrió el cuarto libro.

No era de dote.

No era de bienes.

Era el libro que nadie más había leído.

En la cubierta no había título.

Solo una luna bordada con hilo gris.

La primera página decía:

Cuenta del enlace de curación.

Valentina pasó hojas hasta el final del primer año.

Año uno. Luna de lluvias.

Doce clases de hierbas de luna usadas para contener cuatro crisis de veneno lobuno en Alfa Reyes.

Tres noches sin dormir.

Pérdida de olfato durante seis días.

Loba interior dormida durante tres meses.

Costo no recuperable.

Valentina apoyó los dedos sobre esa última línea.

Costo no recuperable.

Los libros comunes sabían sumar plata.

Ese libro sumaba vida.

Año dos. Luna seca.

Siete transfusiones de energía lunar.

Dos desmayos.

Pérdida temporal de fuerza en la forma lobuna.

Sebastián recupera movilidad completa de la mano derecha.

Costo no reconocido.

La vela parpadeó.

Valentina sintió que la garganta se le cerraba.

No lloró.

Pero por primera vez en muchos días, tuvo que cerrar los ojos.

Lucía no habló. Sofía tampoco.

Había duelos que no aceptaban consuelo.

Solo testigos.

Valentina leyó la última entrada.

Año tres. Antes de la llegada de Catalina.

El enlace sostiene al Alfa sin intervención nocturna.

Mi loba no responde al llamado.

Si continúo, quizá no vuelva.

Debajo, en una letra más pequeña, había una frase que escribió una noche en la que Sebastián dormía sin fiebre mientras ella no podía levantarse del suelo.

Si él vive, ¿alguien recordará qué parte de mí murió?

Sofía empezó a llorar en silencio.

Valentina cerró el libro.

La respuesta ya estaba en la casa.

Nadie lo recordaría si ella no obligaba al mundo a leerlo.

Entonces golpearon la puerta.

Sofía se limpió la cara y abrió apenas.

Un sirviente entregó un sobre sellado con la marca de Sebastián Reyes.

—De parte de Alfa Reyes. Para Luna Valentina.

Valentina rompió el sello.

La nota era breve.

Mañana asistirás conmigo al banquete previo del Consejo de Manadas. Es necesario mostrar unidad.

Sebastián.

No había por favor.

Tampoco disculpa.

Solo necesidad vestida de orden.

Valentina miró la letra que alguna vez quiso aprender a leer como se lee el clima de una casa.

Ahora solo vio tinta.

—¿Qué dice? —preguntó Sofía.

Valentina dejó la nota sobre el libro cerrado del enlace de curación.

—Que por fin recordó que tiene una Luna.

1
Nana Pelaez
24 capítulos y ella feliz sufriendo 😭😭😭
Marleys Sofia Cervantes
uffffffffffffffffffff
Marleys Sofia Cervantes
👏👏👏👏👏👏👏
Carla Carvajal
autora quise leer algunas de tus obras, ninguna de las que escogí está terminada, espero puedas terminar esta y sigas con las otras
Natt_Lpz
ne encanta.. pero creo q sabemos q Valentina es fuerte feroz pero xq sufrir tanto? me parte el alma 💔
gabriel rios
es el final o va a seguir
Carla Carvajal
ojalá está novela no sea tan larga, las novelas cuando comienzan a ser rebuscadas suelen aburrir al lector, solo es mi opinión, aburre leer muchos capítulos
Marleys Sofia Cervantes
Alguien sensato
Marleys Sofia Cervantes
Valentina es
Lola calamidades
Sofia Carruso
👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏
muy bien Damián
Marleys Sofia Cervantes
Hay va arder troya
Marleys Sofia Cervantes
Valentina si lleva porrazos
porrazos viene
porrazos van
Marleys Sofia Cervantes
le están buscando 5 patas al gato
Zaida Sanchez
toda esa gente no vale la
Zaida Sanchez: no valen la pena de sus esfuerzos 😡
total 2 replies
Marleys Sofia Cervantes
pisando en terreno mojado
Marleys Sofia Cervantes
Esa Catalina es un grano en la nalga
Marleys Sofia Cervantes
👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏
valentina
Marleys Sofia Cervantes
Doña aurora tiene más pelota que un poco jajajajaja y está vieja me imagino en sus años mosos
Marleys Sofia Cervantes
1 más 1 2
y estos ufff no se que esperan
Lilian Benitez
🤔no está completa
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