Todo comenzó con un amor adolescente. Ella tenía 18 años y Adonis, 19. Estaban convencidos de que su relación era verdadera y soñaban con permanecer juntos. Sin embargo, sus vidas cambiaron cuando ella descubrió que estaba embarazada. Adonis, asustado por su juventud y por la responsabilidad que se acercaba, aseguró que no quería ser padre y terminó rechazándola. Al enterarse, los padres de la joven decidieron hablar con la familia de Adonis. Después de una difícil conversación, ambas familias acordaron un matrimonio arreglado para que asumieran juntos la responsabilidad. Al principio, ninguno estaba preparado, pero con el tiempo nació una inesperada cercanía entre ellos.
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Capítulo 4 El chico de la cancha
Sonó la campana que anunciaba la hora del recreo y todos mis compañeros comenzaron a levantarse de sus puestos. Yo guardé rápidamente mis cosas y vi que Carolina se acercaba a mi escritorio.
—Kiara, ¿vamos al descanso? —me preguntó.
—Sí, claro. Todavía no conozco bien todo el colegio.
—Pues venga, yo le muestro. No se vaya a perder por ahí —dijo Carolina entre risas.
—Ay, qué buena onda eres.
Salimos juntas del salón y caminamos por los pasillos del Colegio Los Cerros. Poco a poco empecé a acostumbrarme al movimiento del colegio. Había estudiantes comprando comida, otros sentados hablando y varios caminando de un lado para otro.
—Oye, Carolina —le dije—, ¿siempre hay tanta gente en el recreo?
—Pues claro, niña. Este colegio es grande y en descanso todo el mundo sale.
—En mi escuela de México también era así, pero aquí todavía siento que todo es nuevo.
—Relájese, Kiara. Ya se va a ir acostumbrando.
Seguimos caminando hasta llegar a una zona donde había una cancha.
De inmediato escuchamos gritos y risas.
—¿Qué está pasando allá? —pregunté.
Carolina señaló hacia la cancha.
—Están jugando fútbol.
Nos acercamos un poquito para mirar.
Había varios chicos jugando. Algunos corrían detrás del balón mientras los demás gritaban desde los lados de la cancha.
Yo estaba mirando tranquilamente cuando, entre todos ellos, uno llamó mi atención.
Era un chico bastante alto, de cabello castaño claro y unos ojos azules claros que se alcanzaban a notar incluso desde donde estábamos.
Me quedé observándolo unos segundos.
—Carolina…
—¿Qué pasó?
Señalé discretamente hacia la cancha.
—¿Quién es él?
Carolina miró hacia donde yo estaba señalando y enseguida entendió de quién hablaba.
—¿Él?
—Sí, ese chico alto.
—Ahhh, ya sé quién es.
—¿Cómo se llama?
Carolina sonrió.
—Se llama Adonis.
—¿Adonis?
—Sí, Adonis Rodríguez.
—Ah, está bonito el nombre.
—¿Le pareció bonito el nombre o el muchacho? —preguntó Carolina, burlándose.
Yo inmediatamente la miré.
—¡Ay, no! Apenas pregunté quién era.
—Jajaja, sí, claro.
—Te estoy hablando en serio.
—Bueno, bueno, tranquila. Él cruza segundo de bachillerato.
—¿Segundo de bachillerato?
—Sí. Es de los mayores de por acá.
Volví a mirar hacia la cancha.
Adonis estaba jugando con sus compañeros. En ese momento recibió el balón y salió corriendo hacia el otro lado de la cancha.
—Juega bien —comenté.
—Pues sí. Ese man vive metido en la cancha.
—¿Es buena onda?
—Hasta donde sé, sí. Aunque no es de hablarle a todo el mundo. Es más bien tranquilo.
—Ah, ya.
Carolina me miró con una sonrisa.
—¿Y por qué tanta pregunta?
—¡Porque soy nueva! Tengo derecho a conocer a la gente del colegio.
—Sí, cómo no.
—Ay, Carolina, no seas payasa.
Las dos comenzamos a reírnos.
Después nos sentamos en una banca cerca de la cancha. Yo seguía mirando de vez en cuando el partido, pero intentaba disimular.
—Oye —dijo Carolina—, ¿y qué tal te ha parecido Bogotá?
—La verdad, todavía me estoy acostumbrando. Extraño algunas cosas de México, pero también me está gustando estar aquí.
—Eso es lo importante. Además, ya tiene una amiga.
—Sí —dije sonriendo—. Tú eres mi primera amiga aquí.
Carolina sonrió.
—Pues entonces ya no está tan sola.
—Gracias.
Nos quedamos platicando durante varios minutos. Ella me contaba cosas del colegio y yo le contaba algunas cosas de México.
De repente sonó nuevamente la campana.
—Uy, toca volver —dijo Carolina.
—¿Ya?
—Sí, venga, que después nos regañan.
Me levanté de la banca y agarré mi mochila.
Antes de irnos, miré una última vez hacia la cancha.
Adonis seguía allí con sus compañeros.
No sabía absolutamente nada de él, solamente su nombre, que estaba en segundo de bachillerato y que jugaba fútbol bastante bien.
Pero, por alguna razón, aquel chico había conseguido llamar mi atención durante mi primer recreo en el Colegio Los Cerros.
—Kiara, ¿viene o qué? —me gritó Carolina desde unos pasos adelante.
—¡Ya voy!
Salí corriendo detrás de ella.
Era apenas mi primer día en aquel colegio y todavía tenía muchísimo que conocer.
Y, sin saberlo, aquel recreo terminaría siendo el comienzo de una historia que cambiaría muchas cosas.