Cuando Lysandra Aster, la nieta olvidada de la Casa Aster, muere traicionada por sus propios familiares, cree que todo ha terminado. Sin embargo, despierta diez años en el pasado, cuando apenas tiene ocho años.
Con los recuerdos de su vida anterior, decide cambiar el destino de su familia. En lugar de buscar venganza, utilizará su inteligencia para fortalecer la casa Aster, proteger a quienes le fueron leales y descubrir el oscuro secreto que amenaza al imperio.
Mientras las demás familias nobles luchan por el poder, Lysandra teje alianzas, impulsa el comercio y se convierte en una estratega brillante. En el camino conocerá al reservado príncipe heredero Kael, un joven que también carga con un destino incierto.
Pero cambiar el pasado tiene un precio, y cada decisión acerca a Lysandra a una verdad que podría destruir el imperio... o convertirla en la mujer más poderosa de su época.
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Capítulo 4: Un encuentro inesperado
La mañana siguiente amaneció cubierta por una fina neblina que envolvía los jardines de la Casa Aster. Desde la ventana de su habitación, Lysandra contempló cómo los jardineros comenzaban su trabajo mientras las fuentes despertaban con el sonido del agua.
Todo parecía tranquilo.
Demasiado tranquilo.
En su vida anterior, había aprendido que el silencio en una familia noble casi siempre era el anuncio de una tormenta.
—Señorita, el desayuno está servido —anunció Clara con una sonrisa.
Lysandra dejó el libro que estaba leyendo sobre la mesa. Se trataba de un antiguo volumen de historia del Imperio de Elarion. Lo había memorizado en su primera vida, pero ahora buscaba pequeños detalles que antes había pasado por alto.
—Gracias, Clara.
Mientras caminaban por los pasillos, la niña notó que varios sirvientes bajaban la cabeza apenas ella pasaba.
No era respeto.
Era nerviosismo.
Algo había cambiado desde su reunión con el gran duque.
En el comedor principal, Cedric Aster ya estaba sentado.
—Buenos días, pequeña estrella.
—Buenos días, abuelo.
El gran duque sonrió con calidez y le indicó que se sentara a su lado.
Aquel simple gesto hizo que algunos familiares intercambiaran miradas incómodas.
Aldren, que también estaba presente, apretó la taza de té con fuerza.
—Padre, ¿no cree que está consintiendo demasiado a una niña?
Cedric levantó la vista.
—¿Y qué tiene de malo pasar tiempo con mi nieta?
Aldren guardó silencio, aunque su expresión dejaba claro que no estaba satisfecho.
Lysandra fingió no notar la tensión y continuó desayunando con tranquilidad.
No debía apresurarse.
Todavía era demasiado pronto para enfrentarlo directamente.
Después del desayuno, Cedric anunció una noticia inesperada.
—Hoy recibiremos una visita muy importante.
Los presentes prestaron atención.
—El emperador enviará a uno de los jóvenes príncipes para inspeccionar las escuelas administradas por las familias nobles.
Los murmullos no tardaron en llenar el salón.
Los príncipes rara vez abandonaban el palacio imperial.
Aquella visita era un gran honor.
Pero para Lysandra fue mucho más que eso.
Su corazón dio un vuelco.
"No puede ser..."
Recordaba perfectamente aquel día.
Era la primera vez que conocería al segundo príncipe del Imperio.
Un muchacho que, años después, sería conocido por todo Elarion como el estratega más brillante de su generación.
Y también...
El hombre que moriría demasiado joven durante una guerra.
Lysandra cerró lentamente la mano.
—Esta vez... también cambiaré tu destino.
Poco antes del mediodía, una elegante carroza negra cruzó las puertas de la mansión Aster.
Los soldados imperiales descendieron primero.
Después apareció un joven de cabello negro azabache y ojos dorados.
Vestía un uniforme blanco con bordados plateados y caminaba con una serenidad impropia para alguien de apenas diez años.
Su expresión era tranquila.
Casi indiferente.
Los nobles hicieron una reverencia.
—Bienvenido, Su Alteza.
El príncipe respondió con un leve movimiento de cabeza.
No parecía disfrutar de aquella clase de ceremonias.
Mientras Cedric lo guiaba por la residencia, Lysandra lo observó desde la distancia.
"Es igual que lo recordaba."
Frío por fuera.
Pero mucho más amable de lo que todos imaginaban.
La visita continuó hasta los jardines.
Fue allí donde ocurrió un pequeño accidente.
Uno de los hijos de una familia noble comenzó a correr entre los arbustos sin mirar hacia delante.
Tropezó con una piedra.
Y chocó de lleno contra el joven príncipe.
Los libros que este llevaba en las manos cayeron al suelo.
El niño noble palideció.
—¡L-Lo siento!
Antes de que los guardias pudieran intervenir, alguien se agachó para recoger los libros.
Era Lysandra.
Los acomodó cuidadosamente y los sostuvo con ambas manos.
—Aquí tiene, Su Alteza.
El príncipe la observó en silencio.
Durante unos segundos ninguno de los dos habló.
Finalmente aceptó los libros.
—Gracias.
Su voz era baja y serena.
Lysandra sonrió.
—No fue nada.
Cuando estaba a punto de marcharse, el príncipe habló nuevamente.
—¿Cómo te llamas?
—Lysandra Aster.
Él pareció memorizar aquel nombre.
—Yo soy Kael.
Aunque todos conocían su identidad, había decidido presentarse simplemente con su nombre.
Aquello hizo sonreír discretamente a Lysandra.
Era exactamente el tipo de persona que esperaba encontrar.
Cedric, que había observado toda la escena desde lejos, no pudo evitar levantar una ceja.
Había visto a muchos nobles intentar acercarse al príncipe con exageradas muestras de respeto.
Pero su nieta había actuado con absoluta naturalidad.
Y, curiosamente, el príncipe parecía cómodo hablando con ella.
Cuando la visita terminó y la carroza imperial abandonó la mansión, Kael miró por la ventana hasta que la silueta de la Casa Aster desapareció en la distancia.
Entonces habló con su caballero de confianza.
—¿Qué sabes sobre Lysandra Aster?
El hombre pareció sorprendido.
—Muy poco, Su Alteza. Solo que es la nieta menor del gran duque.
Kael volvió la vista hacia el camino.
—Entiendo...
Sin darse cuenta, una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
Era la primera vez en mucho tiempo que alguien lo había tratado como un niño y no como un príncipe.
Mientras tanto, en la mansión Aster, Aldren observaba desde un balcón con el ceño fruncido.
Había visto el breve encuentro entre ambos.
Y aquello no le gustaba en absoluto.
—Si esa niña consigue llamar la atención de la familia imperial...
Su mirada se volvió fría.
—Será un problema mucho mayor de lo que imaginaba.
Por primera vez, Aldren dejó de ver a Lysandra como una simple nieta.
Y comenzó a verla como una rival.