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Te Amaré, Hasta Que El Divorcio Nos Separe

Te Amaré, Hasta Que El Divorcio Nos Separe

Status: En proceso
Genre:CEO / Matrimonio arreglado / Amante arrepentido
Popularitas:694
Nilai: 5
nombre de autor: YESRABI

Cinco años de matrimonio empañados por la distancia y un embarazo fallido llevan a Victor y Victoria al inevitable divorcio. El acuerdo es pacífico y la separación, inminente. Cada uno toma su propio camino; sin embargo, no pasa mucho tiempo antes de que el frío y reservado Victor Song descubra que desatarse del pasado es imposible cuando la mujer que dejó ir sigue siendo la única que desea.

NovelToon tiene autorización de YESRABI para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Los Chismes Viajan A Máxima Velocidad

El cuchicheo era suave y bajo en mis oídos. Me acerqué a paso lento, sin intención de esconderme, pero con el propósito de escucharlos antes de que se marcharan como un grupo de cucarachas despavoridas. Era evidente que las noticias habían corrido más pronto de lo pensado, y mis fieles empleados eran los primeros en compartir sus puntos de vista.

—Alguien dijo que el divorcio era inminente porque la señorita Song y el jefe ya no se querían.

—La señora Vázquez dijo que podría tratarse de un tercero.

—¡¿Un tercero?!

—¡Shhhh!.. Sí, un tercero… ¿Quién más, además del jefe y Leo, ha estado cerca de la señorita Song?

—¿El señor John?

—¡Ay, por favor, Josh! La señorita Song no haría algo así, sus ojos brillaban solamente por el jefe, y el señor John simplemente es demasiado amable con las chicas.

—Eso no significa que haya una posibilidad… Además, el jefe dejó en claro sus sentimientos por la señorita Song ese día.

Las palabras salieron y el pecho se me oprimió. Una cosa era que el público externo hablara solo por lo que se les permitía ver; sin embargo, los que hablaban ahora eran mis trabajadores, personas que estaban en todos lados, que tenían ojos y oídos en cada piso. Sus chismes llevaban buenas cantidades de argumentos por detrás, así que, escucharlos decir aquello solo confirmó algo que deseaba solo fuera una idiotez cualquiera.

—Victor…

—Está bien —detuve a Leo—. Vayamos a la oficina.

Leo asintió y se adelantó en el camino, ahorrándome la tarea de asustar a todo el mundo. La gente palideció a la par, bajando la cabeza en una reverencia de noventa grados. 

Saludo o disculpa, todos se iban a quedar a horas extras sin su pago correspondiente.

—Yuri.

La chica de cabellos rosas se acercó tan pronto me escuchó. La gente miró atenta y Leo se encargó de ahuyentarlos para dejar nuestro camino libre. 

Sus tacones sonaron con eco cuando entró en mi oficina. Sus pasos no eran confianzudos, pero luchaba por mantener la cabeza alta. No tenía que ser un genio para saber que estaba a punto de rogarme por su estadía.

—Toma asiento —le indiqué.

Yuri se sentó y luego le seguí. Tomé una de las carpetas que había en mi escritorio, releyendo un poco antes de dejar mi atención sobre ella.

—¿Algo que quieras decir? —indagué.

—¡Yo no hablé mal a tus espaldas, por favor, no me corras! Tengo cuatro hijos que mantener.

—¿Hijos?… ¿Cuatro? 

Yuri intentó hablar, pero antes de siquiera considerarlo, me eché a reír. Su rostro se tiñó rojo y el gesto se le deformó antes de levantarse y dejarme un puñetazo en el hombro.

—Te acusaré con tu mamá, Victor—masculló—. ¡Deja de burlarte y dime qué quieres!

Me reí de ella por unos segundos más. Yuri se cruzó de brazos y puchereó infantilmente, corrigiendo apenas un poco su mal humor cuando escuchó que Leo se adentró a la oficina.

—Los oí hablar —confesé—. Sé que piensan que Victoria está con John y no puedo hacer nada para cambiarlo, así que deja de intentar abogar por mí —pedí, dejando la carpeta frente a ella—. Dejando ese asunto de lado, te mando a llamar porque quiero que te hagas cargo de la reunión con los gerentes de China. El proyecto de esta casa de moda es importante para mi padre y creo que puedo confiar en ti.

Yuri abrió los ojos, casi como si estos fueran a salirse de sus cuencas. Echó un vistazo a la carpeta y saltó de la silla con entusiasmo. Se abalanzó contra mí, primero, abrazándome empalagosamente, antes de lanzarse contra Leo. Le tomó las manos y lo hizo girar con saltitos, volviendo la paz de mi oficina en un alboroto sofocante, digno de una mocosa.

—Ve a preparar la presentación para la junta, Yuri —hablé sin mirarla, concentrándome en mi computadora.

—Haré mi mejor esfuerzo, Victor~ssi —prometió, tomando la carpeta para marcharse; sin embargo, se detuvo—. Casi lo olvido —se acercó, dejando una tarjeta en la bolsa de mi saco—. Puedes mandarle unas lindas flores blancas con algunos chocolates con menta, escuché que son sus favoritos.

—¿De qué carajos hablas ahora?

Yuri sonrió brillante, acercándose y apoyándose en mi escritorio. Se reclinó hasta el punto de sentir el aroma de su perfume en mi olfato, pero simplemente se quedó mirándome a los ojos, como si pudiera ver el resto de mi vida con esa simple acción.

—No soy la idiota que piensas, Victor … Leo, tú y yo sabemos que te gusta tu exmujer, aunque jures y perjures que es la peor pesadilla de tu vida —murmuró—. Deja de ser un baboso orgulloso, o aléjate ya del camino, y permite que otros tomen el lugar que Victoria ha reservado especialmente para ti.

—¿Qué quieres dec...

—¡Voy a trabajar! ¡Muchas gracias por la oportunidad, señor Song!

Yuri azotó la puerta y el silencio explotó a sus espaldas. Sus palabras martillaron en mi cabeza unos segundos después, como el eco de un grito estancado en mi cerebro. Tomé la tarjeta que había dejado en mi saco, solo para confirmar que se trataba de una estúpida florería con envíos a domicilio. 

—Guarda esto —le entregué el cartón a Leo—. Terminemos con esto y vayamos a casa de mis padres.

—Sí, señor.

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