Un matrimonio nacido de un acuerdo silencioso parecía destinado a la distancia, hasta que una decisión amenazó con arrebatarles todo. Entre ruinas, lágrimas y un campo de tulipanes, David y Elena descubrirán que el amor verdadero no nace perfecto, sino que se construye cuando el mundo se desmorona. A veces, el invierno más frío de la vida es solo la antesala de un nuevo florecer. Esta es la historia de una promesa rota por el miedo, un diagnóstico que cambió sus destinos y un amor inquebrantable que, treinta años después, sigue respirando en el corazón de quienes más los aman.
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22 Epílogo
*Las cámaras enfocan a David y Elena en un estudio cálido, iluminado por la luz suave de la tarde. Entre ellos hay una distancia corta, pero la complicidad en sus miradas lo dice todo.Han atravesado la tormenta, y lo que queda es la paz de saberse salvados por el amor.*
Lucia — Han pasado los años, las cicatrices se han transformado en recuerdos y el dolor en un refugio compartido. Si tuvieran que mirar atrás, al inicio de todo, a ese matrimonio forzado y frío... ¿Cómo definirían lo que vivieron?
*(David Mira de reojo a Elena, sonríe levemente y entrelaza sus dedos con los de ella)*
— Yo diría que fue un naufragio necesario. Al principio, fui un cobarde, alguien que no sabía qué hacer con su propia vida y que arrastró a Elena hacia su propio abismo. Pero si no hubiera tocado fondo, si no la hubiera perdido y no hubiera sentido el terror absoluto de quedarme sin su luz... nunca me habría convertido en el hombre que merecía estar a su lado.
*(Elena Apretando la mano de David, con los ojos brillando de afecto)*
— Para mí fue una prueba de resistencia y de fe. Mucha gente pensaría que nuestro comienzo fue un error, pero yo lo veo como un destino inevitable. Aprendimos a querernos en la tristeza, a sostenernos cuando el mundo se desmoronaba y, sobre todo, a descubrir que el amor verdadero no nace perfecto, sino que se construye con cada pedazo roto.
Lucia — Si la vida les diera la oportunidad de empezar de nuevo... ¿Cambiarían algo de su pasado? ¿Borrarían el dolor, la enfermedad, los errores?
**Elena:**
*(Niega suavemente con la cabeza, esbozando una sonrisa nostálgica)*
— Al principio diría que sí, que borraría el miedo, los meses de distancia, el diagnóstico del tumor... Pero la verdad es que cada lágrima y cada tropiezo nos trajeron hasta aquí. Si cambiara algo, tal vez perdería la fuerza con la que hoy nos amamos. Todo valió la pena si el destino seguía siendo este.
**David:**
*(La mira con una devoción infinita, acariciándole la mejilla)*
— Yo cambiaría mi ceguera. Me duele haberla hecho sufrir, haber tardado tanto en abrir los ojos y darme cuenta de lo que tenía frente a mí. Pero el pasado es sagrado porque nos enseñó a no darnos por sentado nunca más.
Lucia — Una última pregunta, la más importante de todas. En otra vida, en otro tiempo, con todas las opciones del mundo... Si se volvieran a enamorar, ¿a quién elegirían?
**David:**
*(Sin dudar ni un solo segundo, con absoluta firmeza y el corazón en la voz)*
— Sin pensarlo ni un solo instante, la volvería a elegir a ella. Por sobre todas las cosas, en esta vida y en cualquier otra, mi alma siempre la buscará a ella. No hay nadie más, nunca lo hubo.
**Elena:**
*(Con lágrimas de felicidad en los ojos, riendo suavemente mientras apoya su cabeza en el hombro de David)*
— Y yo lo elegiría a él. Una y mil veces más. Aunque el camino fuera difícil, aunque hubiera tormentas y dudas... volvería a cruzarme con ese hombre de mirada triste hasta encontrarme en sus brazos. Porque no hay otro lugar en el mundo donde yo pertenezca más que aquí, a su lado.
La escena cambia sutilmente a una sala de cine universitario tenuemente iluminada. Se apaga la pantalla y las luces se encienden con suavidad. Las personas que están sentadas comienzan a limpiar sus ojos de tanto llorar, conmovidas por la hermosa pieza audiovisual que acaban de presenciar.
Lucía, convertida en una joven brillante, se acerca con paso firme hacia sus padres que la miran desde la primera fila con lágrimas de orgullo en los ojos.
—Feliz aniversario número treinta —dice Lucía con la voz temblorosa de emoción.
—Este es mi primer cortometraje, y es en memoria y homenaje a mis padres. Los amo mucho —añade Carlos, su hermano, fundiéndose con ella en un abrazote inmenso.
Los compañeros de universidad aplauden fuertemente, contagiados por la magia de una historia de amor que trascendió la pantalla y la vida misma.
David le da un ramo de tulipanes rojos a Elena y ella le devuelve la sonrisa llena de amor y cariño...
Fin