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SERAS MIA

SERAS MIA

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / CEO / Mafia
Popularitas:1.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Giulian Ocampo

Hace veinte años, ella le salvó la vida. Hoy, él por fin la encontró... pero ella no recuerda quién es. Mientras el pasado vuelve para destruirlos, Adrián deberá luchar contra quienes hicieron todo para separarlos. Porque esta vez, pase lo que pase... no piensa perderla otra vez.

NovelToon tiene autorización de Giulian Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18: El protector

La sonrisa de Daniel desapareció.

Durante varios segundos nadie supo qué decir.

La última frase de Alekséi seguía flotando en el aire.

«La misma persona que ha estado protegiéndolos durante veinte años.»

Emma miró a Petrov.

El anciano permanecía inmóvil.

No parecía sorprendido.

Parecía culpable.

—¿Qué significa eso? —preguntó Emma.

Petrov bajó la mirada.

—Significa que hay cosas que debí contarles hace mucho tiempo.

Adrián dio un paso hacia él.

—Entonces hablá.

—No es tan sencillo.

—Después de veinte años, creo que ya no tenemos tiempo para secretos.

Petrov levantó lentamente la cabeza.

—Tenés razón.

Respiró profundamente.

—Yo fui quien protegió sus vidas después del incendio.

Emma frunció el ceño.

—¿A los tres?

—Sí.

Daniel se acercó.

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

Petrov lo miró con tristeza.

—Porque eras un niño.

Y porque si descubrías quién eras realmente, podían encontrarte.

Daniel apretó los puños.

—Me pasé veinte años creyendo que estaba solo.

—Nunca estuviste solo.

—¡Entonces podrías haberme dicho la verdad!

Petrov no respondió.

Daniel giró el rostro, intentando controlar la emoción.

Emma observaba la escena sin saber qué sentir.

Todo lo que creía conocer parecía estar construido sobre secretos.

—Quiero saber qué pasó aquella noche —dijo finalmente—. Quiero saber por qué nos separaron.

Petrov cerró los ojos.

—La noche del incendio, Alexander descubrió que alguien había vendido información de la familia.

—¿A quién?

—A Helios.

Victoria dio un paso adelante.

—¿Estás seguro?

—Sí.

Victoria palideció.

—Entonces fue mucho antes de lo que pensábamos.

Adrián miró a su tía.

—¿Qué era Helios realmente?

Victoria tardó unos segundos en responder.

—Al principio era una organización creada para proteger los intereses de nuestra familia.

Pero después cambió.

Alguien empezó a utilizarla para controlar a quienes tenían acceso al legado.

Emma frunció el ceño.

—¿Y yo era ese legado?

Petrov negó.

—Vos eras la llave.

Todos quedaron en silencio.

—¿La llave de qué? —preguntó Adrián.

Petrov miró hacia la enorme puerta que había detrás de ellos.

—De algo que Alexander escondió antes de desaparecer.

Samuel intervino:

—Algo que Helios lleva veinte años intentando encontrar.

Emma sintió un escalofrío.

—¿Qué escondió mi padre?

—No lo sabemos con certeza.

Pero creemos que dejó pruebas.

Pruebas capaces de revelar quién ordenó realmente el secuestro.

Adrián se acercó a la consola.

—Entonces abramos el archivo.

Samuel negó.

—No podemos.

—¿Por qué?

—El sistema necesita tres autorizaciones.

Emma miró a Daniel.

—Nosotros tres.

Samuel asintió.

—Emilia, Daniel y Adrián.

Los tres se acercaron al panel.

Emma colocó la mano.

Una luz verde se encendió.

Daniel hizo lo mismo.

Otra luz verde.

Finalmente Adrián apoyó la palma.

La pantalla se volvió roja.

ACCESO DENEGADO.

Adrián retiró la mano.

—¿Qué significa?

Samuel revisó los datos rápidamente.

—Tu identificación fue modificada.

—¿Por quién?

—No lo sé.

Adrián golpeó la consola.

—¡Alguien tiene que saberlo!

Petrov dio un paso adelante.

—Yo sí.

Todos giraron hacia él.

—Tu padre no te registró como heredero.

Adrián frunció el ceño.

—¿Entonces qué soy?

Petrov respondió:

—El protector.

Emma lo miró.

—¿Protector de quién?

Petrov señaló su nombre en la pantalla.

—De vos.

Adrián quedó completamente inmóvil.

—¿Mi padre decidió eso?

—Sí.

—¿Por qué?

Petrov respiró profundamente.

—Porque Alexander sabía que algún día alguien intentaría utilizarte para llegar hasta Emilia.

Y necesitaba que existiera una persona que pudiera protegerla sin que nadie sospechara de sus verdaderas intenciones.

Adrián miró a Emma.

De repente recordó algo.

Una tarde de verano.

Dos niños sentados bajo un árbol.

La pequeña Emilia lloraba porque había perdido su juguete.

Adrián se lo devolvía.

—No llores.

Yo voy a cuidarte.

Emma sonrió.

—¿Siempre?

El pequeño Adrián asintió.

—Siempre.

Volvió al presente con los ojos húmedos.

Emma también parecía haber recordado la misma escena.

—Lo prometiste... —susurró.

Adrián sonrió.

—Y pienso cumplirla.

Un golpe brutal sacudió las puertas del laboratorio.

¡BOOM!

Todos se sobresaltaron.

Viktor levantó inmediatamente su arma.

—Ya están aquí.

Otro golpe.

La puerta comenzó a deformarse.

—¡Tenemos que movernos! —ordenó.

Samuel corrió hacia otra consola.

—Hay una salida secundaria.

—¡Abrila!

—Necesito activar el generador.

—¡Hacelo!

Las luces comenzaron a parpadear.

Victoria tomó la mano de Emma.

Daniel se colocó junto a Damián.

Petrov permaneció mirando la puerta.

Adrián lo observó.

—¿Qué pasa?

Petrov respondió en voz baja:

—Algo no está bien.

—¿Qué?

—Los hombres de Alekséi no deberían haber podido encontrarnos tan rápido.

Viktor lo miró.

—¿Creés que alguien les dio nuestra ubicación?

Petrov asintió.

—Sí.

Adrián recorrió el grupo con la mirada.

Todos estaban allí.

Victoria.

Emma.

Daniel.

Damián.

Petrov.

Samuel.

Viktor.

Por primera vez, nadie parecía completamente confiable.

Entonces una pequeña luz roja apareció en la consola.

Samuel quedó paralizado.

—No...

Emma se acercó.

—¿Qué pasa?

Samuel señaló la pantalla.

Había aparecido un mensaje.

USUARIO AUTORIZADO: PROTECTOR.

Adrián frunció el ceño.

—¿Eso significa que el sistema me reconoció?

Samuel negó lentamente.

—No.

Significa que alguien está usando tu código.

Adrián quedó inmóvil.

—¿Mi código?

—Sí.

Y solo existe una persona que debería conocerlo.

Petrov miró hacia Adrián.

Adrián miró a Petrov.

El anciano palideció.

—Yo no fui.

Antes de que pudieran reaccionar, todas las pantallas del laboratorio se encendieron al mismo tiempo.

Una imagen apareció frente a ellos.

Era una grabación antigua.

En ella aparecía Alexander Volkov.

Su padre.

Pero había algo que nadie esperaba.

Estaba acompañado por un hombre cuyo rostro había sido cuidadosamente ocultado.

Alexander hablaba directamente a la cámara.

—Si están viendo esto...

Significa que mi hijo ya descubrió que fue elegido como protector.

Adrián sintió que el corazón se detenía.

Su padre continuó:

—Pero hay algo que nunca pude contarle.

El protector no fue elegido para proteger a Emilia de sus enemigos.

Fue elegido...

Para protegerla de uno de los suyos.

La grabación se cortó.

Emma miró a Adrián.

Y detrás de ellos...

alguien cerró lentamente la puerta.

La puerta se cerró con un golpe seco.

¡CLANG!

Todos se giraron al mismo tiempo.

Viktor levantó el arma.

—¡Nadie se mueva!

Emma sintió que el corazón se le aceleraba.

La grabación de Alexander había desaparecido de las pantallas, pero sus últimas palabras seguían presentes en la mente de todos.

«Fue elegido para protegerla de uno de los suyos.»

Adrián miró lentamente a su alrededor.

—¿Quién cerró esa puerta?

Nadie respondió.

Victoria tomó a Emma del brazo.

Daniel observó a Damián.

Damián levantó las manos.

—Yo no fui.

Petrov permanecía junto a la consola.

Samuel estaba frente a los monitores.

Viktor se acercó a la puerta.

—Está bloqueada desde el otro lado.

—¿Hay otra salida? —preguntó Adrián.

Samuel asintió.

—Hay una.

Pero necesitamos activar el sistema central.

—Entonces hacelo.

Samuel comenzó a trabajar en la consola.

Las pantallas mostraban códigos que cambiaban rápidamente.

—Alguien está intentando bloquear el acceso.

—¿Quién?

—No lo sé.

Adrián se acercó.

—¿Podés identificarlo?

Samuel negó.

—Está utilizando una conexión interna.

Emma sintió un escalofrío.

—Entonces sigue dentro del laboratorio.

Una pantalla se encendió de repente.

Apareció una transmisión en directo.

No era Alekséi.

Era un hombre cuya cara permanecía fuera de cuadro.

—Buenas noches, Emilia.

Emma dio un paso atrás.

—¿Quién sos?

El desconocido soltó una pequeña risa.

—Todavía no importa.

—Para mí sí.

—Lo sé.

Por eso quería hablar con vos.

Adrián se colocó delante de Emma.

—Si querés hablar, hablá conmigo.

—Vos sos el protector.

No sos el objetivo.

Adrián apretó la mandíbula.

—Entonces dejala fuera de esto.

—Eso es imposible.

Todo esto comenzó por ella.

El hombre hizo una pausa.

—Y terminará por ella.

Victoria se acercó a la pantalla.

—¿Qué querés?

—Lo mismo que quería Alexander.

La verdad.

Pero a diferencia de él...

Yo estoy dispuesto a pagar cualquier precio para conseguirla.

Victoria palideció.

—Vos...

¿Estuviste detrás del incendio?

El hombre no respondió.

La pantalla se apagó.

Samuel dejó escapar el aire lentamente.

—Tenemos que salir.

—¿Qué descubriste? —preguntó Adrián.

—La señal viene de una sala situada debajo del laboratorio.

Petrov frunció el ceño.

—Esa sala no existe.

Samuel lo miró.

—Existe.

Pero fue sellada hace veinte años.

Petrov negó.

—Alexander la destruyó.

—Eso fue lo que hizo creer.

Emma miró a su madre.

—¿Qué había ahí?

Victoria respondió con dificultad:

—La cámara de memoria.

Emma frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

—Era una habitación donde Alexander guardaba información que no podía dejar en ningún archivo.

Fotografías.

Grabaciones.

Documentos.

Todo lo relacionado con Helios.

Adrián miró a Samuel.

—Entonces ahí está la respuesta.

Samuel asintió.

—Y probablemente también está la persona que nos está observando.

El sistema finalmente emitió un sonido.

ACCESO CONCEDIDO.

Una puerta lateral se abrió.

Viktor hizo una señal.

—Yo voy primero.

Avanzaron por un corredor estrecho.

Las paredes estaban cubiertas de fotografías antiguas.

Emma se detuvo frente a una.

Era una fotografía de su infancia.

Ella estaba sentada junto a Adrián y Daniel.

Los tres tenían las manos entrelazadas.

Debajo había una fecha.

15 de julio de 2002.

Emma sintió un fuerte dolor de cabeza.

—Ese día...

Lo recuerdo.

Daniel se acercó.

—Yo también.

Adrián observó la fotografía.

—¿Qué pasó?

Emma cerró los ojos.

Una imagen apareció en su mente.

Los tres niños estaban dentro de una habitación.

Alexander estaba frente a ellos.

—Escuchen con atención.

Si algún día alguien intenta separarlos...

No confíen en nadie.

Daniel preguntaba:

—¿Ni siquiera en los adultos?

Alexander sonreía.

—Especialmente en los adultos.

La visión desapareció.

Emma abrió los ojos.

—Mi papá sabía que esto iba a pasar.

Petrov respondió:

—Por eso creó el Proyecto Legado.

Llegaron a una puerta circular.

En el centro había tres espacios para colocar las manos.

Emma miró a Daniel y Adrián.

—Otra vez nosotros tres.

Samuel asintió.

Los tres colocaron las manos.

Esta vez el sistema aceptó las tres identidades.

La puerta comenzó a abrirse.

Dentro había una habitación pequeña.

No había computadoras.

No había armas.

Solo una mesa y una caja negra.

Sobre ella aparecía una inscripción:

PARA EMILIA.

Emma se acercó.

—¿La abro?

Adrián asintió.

—Sí.

Emma levantó la tapa.

Dentro había un teléfono, varias fotografías y una llave.

Pero había algo más.

Un pequeño reproductor.

Samuel lo tomó.

—Esto debe contener una grabación.

Lo activó.

La voz de Alexander llenó la habitación.

—Emilia...

Si llegaste hasta acá, significa que ya sabés que Helios existe.

También significa que probablemente descubriste que Alekséi no es el único responsable.

Emma contuvo la respiración.

—Durante años intenté descubrir quién estaba detrás de la organización.

Creí que era una persona.

Me equivoqué.

Helios no tiene un único líder.

Es una red.

Una red que incluye personas dentro de nuestra familia, empresas, gobiernos y organizaciones de seguridad.

Adrián frunció el ceño.

Alexander continuó:

—Pero existe una persona que conoce el origen de todo.

Una persona que estuvo presente desde el principio.

Una persona que ayudó a crear Helios.

La grabación se detuvo durante unos segundos.

Después Alexander dijo:

—Si alguna vez volvés a encontrarla...

No confíes en ella.

Emma miró lentamente a Samuel.

Luego a Elena.

Pero Elena no estaba allí.

Había desaparecido.

—¿Dónde está? —preguntó Emma.

Todos se giraron.

La puerta por la que habían entrado estaba abierta.

Victoria miró hacia el corredor.

—Ella nos siguió.

Adrián salió rápidamente.

—¡Elena!

No hubo respuesta.

Solo encontraron una pequeña tarjeta en el suelo.

Adrián la recogió.

En ella había una frase:

"El protector no debe saber quién es el verdadero heredero."

Emma sintió un escalofrío.

—¿Quién es el verdadero heredero?

Daniel negó con la cabeza.

—No lo sé.

Entonces el teléfono de la caja comenzó a sonar.

Todos quedaron inmóviles.

Emma lo tomó.

—¿Hola?

Silencio.

Después escuchó una voz.

Una voz que reconoció inmediatamente.

—Emilia...

Soy tu padre.

Emma dejó de respirar.

—¿Papá?

La voz respondió:

—Escuchame con atención.

No confíes en nadie.

Ni siquiera en tu madre.

Emma miró lentamente a Victoria.

La mujer estaba completamente pálida.

Y antes de que pudiera responder, Alexander pronunció unas últimas palabras:

—Porque Victoria nunca te contó...

quién fue realmente la persona que te sacó de aquel incendio.

La llamada se cortó.

Emma permaneció inmóvil.

Todos miraron a Victoria.

Y ella...

no negó nada.

Continuará...

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Laura Castañon
como que clase de regalo
Laura Castañon
continuenla👏 porfis esta bien bonita
Laura Castañon: muchísimo
total 1 replies
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