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Amir El Guardián De Los Límites De Al-Jazair

Amir El Guardián De Los Límites De Al-Jazair

Status: En proceso
Genre:Poder equitativo / Pareja destinada
Popularitas:526
Nilai: 5
nombre de autor: Tatiana.

Amir era el tercer hijo de Elena y Zayn, hermano de Karim, Layla y Sara. Y aunque todos lo respetaban, lo admiraban y lo querían como al hombre más noble y leal que existía, él cargaba con una soledad que nadie más podía comprender. Había nacido para proteger. Desde niño, mientras Karim aprendía a sentarse en un trono y dictar leyes, mientras Layla aprendía a blandir la espada y desafiar al mundo, Amir aprendía a vigilar, a esperar, a estar alerta. Se había convertido en el Capitán General de la Guardia Real y el Guardián de los Límites, el hombre que conocía cada sendero, cada bosque, cada escondite y cada peligro en los tres reinos de Al-Jazair, Velarion y Zoraya.

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LA LUZ EN EL PALACIO

El amanecer que siguió a esa noche eterna en el Bosque de los Ecos fue diferente a todos los que Amir había visto antes. La luz del sol no parecía la misma; era más dorada, más cálida, más viva. Despertó con la cabeza apoyada sobre una superficie suave y cálida, y al abrir los ojos, lo primero que vio fue el rostro de Nalia, inclinado sobre él, observándolo con esa mezcla de ternura, sabiduría y deseo que ya se había convertido en el centro de su universo. Ella estaba recostada sobre la manta que él había extendido sobre la hierba, desnuda y relajada, con su cabello esparcido alrededor como un halo de luz, y su piel brillando con ese resplandor mágico que la hacía parecer una diosa.

—Buenos días, mi Guardián —susurró ella, pasando un dedo suave por su mejilla, por su mandíbula, bajando hasta sus labios—. ¿Sabías que cuando duermes te ves igual de fuerte y protector que cuando estás despierto? Como si incluso en sueños estuvieras cuidando de mí.

Amir sonrió, y alzó la mano para acariciar su mejilla, sintiendo esa suavidad infinita que ahora ya conocía, que ahora ya era suya para siempre. Se sentó despacio, arrastrándola hacia sí para abrazarla, para sentir su cuerpo desnudo pegado al suyo, para confirmar que no era un sueño, que ella estaba allí, que era real y que era su esposa, su compañera, su todo.

—No es solo cuando duermo —respondió él, besando su frente, sus ojos, su boca con dulzura—. Es siempre. Desde que te vi por primera vez, mi vida entera se ha convertido en cuidarte, en desearte, en amarte. Y ahora que eres mía, no dejaré que nada ni nadie te haga daño, ni te separe de mí. Ni el tiempo, ni la magia, ni el destino mismo podrán contra nosotros.

Nalia se acomodó entre sus brazos, apoyando la cabeza en su pecho, escuchando el latido fuerte y constante de su corazón, ese ritmo que ahora estaba sincronizado con el suyo.

—Lo sé —dijo ella con voz suave—. Por eso crucé siglos. Por eso rompí las barreras. Sabía que tú eras el único capaz de amarme así, de protegerme así, de igualarme en fuerza y en magia. Y ahora... ahora me toca a mí. Ahora te daré todo lo que mi pueblo conoce: la vida eterna, la belleza sin fin, el amor que no se apaga nunca. Y pronto... —alzó la vista hacia él, con una sonrisa llena de promesas— ...traeremos nueva vida a este reino. Hijos que tendrán tu fuerza y mi magia, que serán la leyenda más grande que Al-Jazair haya conocido jamás.

Amir sintió un escalofrío de emoción y felicidad recorrerle el cuerpo. Había soñado con eso, con tener una familia, con ver su sangre mezclada con la de ella, con ver crecer a hijos que fueran la mezcla perfecta de ambos. Y ahora, sabía que estaba muy cerca de suceder.

Se vistieron despacio, disfrutando de cada roce, de cada mirada, de cada beso que se robaban mientras se cubrían con sus ropas. Nalia volvió a vestir su túnica ligera de seda blanca y verde, que se ajustaba a su cuerpo como una caricia, y Amir se puso su túnica oscura y su cinturón, pero ya no llevaba la pesada armadura; ya no la necesitaba, porque ahora tenía algo más valioso que proteger, pero también tenía algo más fuerte que lo protegía a él: el amor y la magia de ella.

Cuando salieron del bosque y comenzaron a caminar hacia el palacio, Amir sintió una mezcla de orgullo y nervios. Sabía que al llevarla allí, todo cambiaría. Sabía que su familia, el Rey y la Reina, su hermana y su cuñado, todos verían en Nalia algo extraordinario, algo que no pertenecía a este tiempo ni a este lugar, pero que ahora era parte de ellos. Y sabía también que verían en él un cambio profundo: ya no era el guerrero solitario, el guardián silencioso; ahora era un hombre completo, un hombre amado, un hombre que tenía un propósito nuevo y brillante.

Al entrar por los jardines reales, lo primero que vieron fue lo que ya era habitual, pero que ahora veían con otros ojos. Bajo la sombra de un gran árbol de flores rojas, estaban Karim y Amara, sentados juntos en un banco de piedra, rodeados por sus hijos. Los trillizos Kael, Lira y Derian, ya con cinco años, corrían y jugaban alrededor, con la energía y la belleza que habían heredado de sus padres. Más pequeños, Zair y Miraya, de apenas dos años, estaban sentados en el regazo de su madre, agarrados a ella como pequeños koalas, mientras ella les hablaba con voz suave y les acariciaba el cabello.

Karim, que tenía un brazo alrededor de la cintura de su esposa, fue el primero en verlos llegar. Se puso de pie lentamente, con una sonrisa que se hacía más grande y brillante a cada paso que daban. Amara levantó la vista, y al ver a Nalia, sus ojos se abrieron con sorpresa y reconocimiento, y luego brillaron con una alegría profunda y cómplice.

—Por fin —dijo Karim con su voz potente y cálida, caminando hacia ellos con los brazos abiertos—. Sabía que el día llegaría. Sabía que mi hermano, el hombre más fuerte y paciente que conozco, encontraría lo que se merecía. Y ahora lo veo... —miró a Nalia, la recorrió con la mirada, viendo su belleza, su luz, esa magia antigua que flotaba a su alrededor— ...y veo que el destino ha sido generoso contigo, Amir. Ella es maravillosa.

Amara se acercó también, dejando a los pequeños en el suelo, y tomó las manos de Nalia entre las suyas, mirándola a los ojos verdes con una sonrisa llena de entendimiento.

—Bienvenida a la familia —le dijo con suavidad—. He sentido tu presencia mucho antes de que te viéramos. He sentido la magia que traes, la luz, el poder. Eres de lejos, ¿verdad? De un tiempo donde la magia era más fuerte, donde las almas eran más antiguas.

Nalia asintió, devolviéndole la sonrisa con la misma calidez.

—Vengo de muy lejos, Reina Amara. De entre los tiempos, de los lugares donde habitan los recuerdos y los sueños. Pero ahora estoy aquí. Y ahora soy de Amir, y por lo tanto, soy de todos ustedes.

Karim puso una mano en el hombro de su hermano, apretando con fuerza, con orgullo y afecto.

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Michel Yandi
está muy buena la historia 👏
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