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Cenizas Bajo La Piel

Cenizas Bajo La Piel

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Venganza / Romance / Completas
Popularitas:599
Nilai: 5
nombre de autor: Eliany Justo

Una historia de amor, odio y venganza

NovelToon tiene autorización de Eliany Justo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El expediente Montenegro

Cap 4

El mensaje que Valentina envió a Dante la noche anterior decía simplemente: "Mañana quiero verte. Tengo que contarte algo importante." Pero lo que realmente tenía que contarle no era una confesión de amor ni un avance en su relación ficticia. Era una excusa. Una coartada para lo que realmente planeaba hacer esa mañana.

Dante la esperaba en una cafetería del barrio de Salamanca, con su sonrisa de costumbre y dos cafés con leche ya servidos. Llevaba una chaqueta de tweed que le quedaba ridículamente bien y un libro de poesía de Bécquer apoyado en la mesa.

—Poesía romántica —dijo ella, sentándose sin saludar—. No te pegaba.

—Hay muchas cosas de mí que no te pegan —respondió él, deslizándole un sobre de papel marrón—. Pero empecemos por esto. Investigué tu nombre, Valentina Rossi. No apareces en ningún registro de historiadores del arte colegiados. No hay tesis doctorales a tu nombre. No hay publicaciones en revistas especializadas.

El corazón de Valentina dio un vuelco, pero su rostro se mantuvo impasible. Había ensayado esta escena.

—Porque uso un nombre artístico —mintió—. Mi verdadero nombre es Valeria Rossi. Pero si buscas eso, tampoco lo encontrarás. Huí de Italia hace cinco años por razones que no me apetece compartir en un desayuno.

Dante la miró largo rato. Luego sonrió y apartó el sobre.

—De acuerdo. Confío en ti.

Era demasiado fácil. Demasiado peligroso. Valentina sintió un escalofrío: o Dante era un ingenuo, o estaba jugando a un juego más profundo que el suyo. Decidió cambiar de táctica.

—Háblame de tu padre —pidió, llevándose la taza a los labios—. No de su imperio. De él. De cómo es cuando no hay periodistas.

Dante apoyó los codos en la mesa y su expresión se endureció.

—Mi padre es un hombre que colecciona secretos como otros coleccionan sellos. Tiene una carpeta sobre cada persona que le importa o le amenaza. Incluyéndome a mí. Incluyéndote a ti, si supiera que existes.

Valentina se obligó a reír.

—¿Una carpeta sobre mí? Por favor. Soy una simple historiadora.

—No eres simple —dijo Dante, y la forma en que lo pronunció sonó a advertencia—. Y él investiga a cualquiera que se acerque a mí. Especialmente a mujeres.

Esa conversación le dio la idea que necesitaba. Esa misma noche, mientras Dante creía que ella estaba en su piso viendo una película, Valentina se puso ropa oscura y tomó un taxi a las afueras. No al edificio de Montenegro Corporation, sino a la antigua casa familiar: una mansión en la Moraleja que Héctor apenas visitaba. Era más fácil infiltrarse en una casa semivacía que en una oficina blindada.

Llevaba meses preparándose. Había estudiado los planos, las rutas de los guardias de seguridad, los puntos ciegos de las cámaras. Sabía que Héctor Montenegro guardaba sus archivos personales en un sótano reformado, protegido por una puerta acorazada con cerradura electrónica. Lo que no sabía era que la combinación era la fecha de nacimiento de su mujer muerta. Una fecha que Dante había mencionado sin querer una noche de copas.

12-08-1972. Probó en el teclado numérico. La puerta emitió un pitido y se abrió.

El sótano olía a papel viejo y a tabaco. Estanterías metálicas llenas de cajas de cartón, cada una con un nombre. Políticos, jueces, empresarios, amantes. Y allí, en una esquina, una caja que decía: VARGAS, GABRIEL Y SOFÍA.

Sus padres.

Las manos le temblaron al abrirla. Dentro no había cartas de amor ni pruebas del incendio. Había un expediente policial completo. Informes de seguimiento, fotografías de su madre entrando y saliendo de comisarías, conversaciones intervenidas. Sofía Vargas no era una víctima inocente: era una infiltrada. Trabajaba para la Unidad de Delitos Económicos y había sido enviada a investigar a Héctor Montenegro.

La última página del expediente era un informe de necropsia. Fecha: la misma del incendio. Causa de muerte: no inhalación de humo, sino un disparo en la nuca antes de que el coche ardiera.

Valentina se llevó una mano a la boca para no gritar. No fue un accidente. Fue una ejecución.

Y al pie del informe, en letra manuscrita del propio Héctor Montenegro, alguien había escrito: "Gabriel aún vive. Encontrarlo y silenciarlo."

Oyó pasos en el piso superior. Alguien había llegado a la mansión. Guardó el expediente en su mochila, cerró la puerta blindada y salió por la ventana del sótano justo cuando las luces del jardín se encendían. Corrió entre los setos, saltó por la parte trasera y se fundió con la noche.

No vio que, desde una ventana del primer piso, unos ojos verdes la seguían con una mezcla de rabia y fascinación.

Dante Montenegro había llegado a la mansión esa noche por casualidad. O quizás no. Vio a Valentina —o como se llamara realmente— salir del sótano de su padre. Vio la mochila hinchada de papeles. Y en lugar de llamar a la policía o a su padre, sonrió.

—Ahora sí que la cosa se pone interesante —murmuró, antes de cerrar la cortina.

A la mañana siguiente, Valentina recibió un mensaje de él:

"Anoche soñé contigo. ¿Nos vemos a las ocho en el mismo sitio?"

Ella aceptó sin saber que Dante ya tenía una copia de todas las llaves del sótano. Y que esa misma madrugada, antes de que ella despertara, él había revisado las cámaras de seguridad.

Sabía que ella había robado el expediente.

Sabía que no se llamaba Valentina.

Y aun así, quería verla.

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monita
🤔🤔🤔🤔🤔 no entendí esta novela 🤔🤔🤔 corta como me gustan perooooo??
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