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El Último Refugio De Las Montañas De Gangwon

El Último Refugio De Las Montañas De Gangwon

Status: En proceso
Genre:Aventura / Apocalipsis / Fantasía LGBT
Popularitas:150
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Durante diecisiete años, Woo-jin ha vivido sin salir casi nunca de su propiedad, cumpliendo cada enseñanza y promesa que le dejó su padre antes de fallecer: cuida los huertos, prepara remedios con hierbas de la zona, mantiene las defensas y nunca revela que puede transformarse. Cree que el mundo sigue igual hasta que empieza a ver humo en el horizonte, encuentra animales muertos con marcas extrañas y descubre visitantes que no deberían estar ahí. Al abrir por fin la zona sellada del sótano, lee los informes completos: el virus de la Niebla Gris se extendió hace meses, la corporación Hanbiotech busca apoderarse de su investigación y él lleva todo este tiempo completamente aislado sin saberlo. Ahora deberá poner a prueba todo lo que aprendió, usar su secreto por primera vez y proteger su hogar con sus propias manos.

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Capítulo 16: El guardián de la antigua torre

Caminaron durante horas sin detenerse ni un solo instante, el paso lento pero firme, siempre buscando los senderos donde la maleza fuera más espesa y las rocas ocultaran su rastro. Woo-jin apenas pronunciaba palabra; cada paso que daba llevaba consigo el recuerdo de Min-joon, de la señora Han y de aquel niño que tanto amaba estas montañas como él. Ji-won tampoco hablaba, respetando ese silencio pesado que parecía envolverlos, manteniéndose siempre atento a cualquier ruido o movimiento entre los árboles. El frío se iba haciendo más intenso a medida que subían más altura, y la capa gris de la niebla parecía seguirlos de lejos, como si estuviera esperando el momento justo para alcanzarlos.

Hacia el atardecer, Dong-min les había contado de un lugar muy antiguo que su abuelo solía mencionar: una torre de vigilancia construida hacía décadas por guardabosques, escondida detrás de una pared de peñascos, que tenía reservorios de agua de lluvia y estaba construida de tal forma que era casi imposible de ver desde el valle. Decían que nadie la usaba hacía mucho tiempo, pero seguía en pie y a salvo de las miradas de todos. Decidieron dirigirse allí, al menos para descansar un poco y planear qué camino tomarían después.

Cuando por fin llegaron al lugar, tal como el niño había descrito, encontraron la entrada parcialmente cubierta por enredaderas y musgo. Antes de que pudieran acercarse más, una voz profunda y firme les habló desde las sombras de arriba:

—Si vienen buscando refugio, primero deben saber si traen el mal con ustedes. Nadie entra aquí sin demostrar que sigue siendo humano.

Ambos dieron un paso atrás y levantaron la vista: en lo alto del muro de piedra apareció la figura de un hombre mayor, de cabello canoso y rostro surcado por cicatrices, con un arco aún más antiguo que el de Woo-jin apuntando directamente hacia ellos.

—No traemos la enfermedad —respondió Woo-jin con calma—. Hemos caminado mucho huyendo de ella. Solo buscamos un lugar seguro donde pasar la noche.

El hombre los observó largo rato, bajó del muro con una agilidad sorprendente para su edad y se acercó para examinarlos detenidamente. Al ver el emblema bordado en el interior de la chaqueta de Ji-won, sus ojos se abrieron con sorpresa:

—Esa marca… pertenece a los que trabajaban al lado del doctor Choi.

—Así es —asintió Ji-won—. Fui su compañero, y este es su hijo, Woo-jin.

El hombre, que se llamaba Kang Soo-jin, solía ser el guardabosques principal de toda esta zona y había sido uno de los pocos en quienes su padre confiaba lo suficiente como para contarle parte de la verdad. Les abrió paso de inmediato y los hizo entrar: el lugar era pequeño pero sólido, con una chimenea que aún funcionaba, estanterías llenas de mapas y registros antiguos, y provisiones que él había logrado reunir y guardar desde que todo comenzó. Les dio agua caliente y hierbas para sus heridas, y les contó que llevaba allí encerrado más de tres meses, vigilando los caminos y evitando que cualquier peligro subiera más arriba.

—He visto pasar muchas cosas terribles desde aquí —les dijo mientras señalaba hacia una ventanilla alta desde donde se dominaba todo el valle—. He visto cómo aparecen cosas que no parecen de este mundo. Hace poco vi algo nuevo: unos seres que no corren ni atacan de inmediato, sino que emiten un sonido tan agudo que te paraliza los sentidos, y entonces llegan todos los demás. Los llamo los Aulladores. Si escuchas ese sonido, cúbrete los oídos y corre hacia la roca más dura que encuentres: nada los detiene mientras cantan.

Pasaron la noche intercambiando todo lo que sabían: Soo-jin les enseñó a identificar qué plantas ya estaban envenenadas y cuáles aún servían, cómo saber si el agua estaba contaminada sin tener que probarla, y dónde estaban los pasos secretos entre las montañas que ni siquiera los mapas oficiales mostraban. Woo-jin escuchaba cada palabra con atención, sintiendo que por fin alguien más sabía lo importante que era sobrevivir con inteligencia y no solo con fuerza. Por primera vez en mucho tiempo sintió que tenía un maestro que le daba herramientas que su padre no había alcanzado a enseñarle.

Pero esa tranquilidad no duró mucho. Apenas comenzó a clarear el día, un sonido agudo, penetrante y doloroso comenzó a llenar el aire desde muy cerca. Era tan fuerte que les hizo sangrar levemente por la nariz y les nubló la vista unos instantes. Soo-jin se puso de pie de un salto:

—¡Son ellos! Han encontrado el rastro. Quédense agachados y cubran bien sus oídos, yo saldré para apartarlos del edificio.

—No, vamos contigo —dijo Woo-jin tomando su arco—. No te dejaré solo.

—No hay tiempo para discutir —lo detuvo el hombre con una sonrisa triste pero firme—. Este lugar es mi vida y mi responsabilidad. Yo los entretendré el tiempo suficiente para que ustedes salgan por la puerta trasera oculta que da al precipicio. Sigan la cuerda de lino rojo que dejé puesta, los llevará hasta el siguiente refugio. Prométanme que usarán todo lo que les he enseñado para detener esto algún día.

Antes de que pudieran detenerlo, ya había salido disparando flechas hacia los seres que se acercaban. Woo-jin y Ji-won tuvieron que obedecerle: corrieron hacia la salida oculta y comenzaron a descender por el lado de la montaña. Mientras bajaban, vieron cómo más de veinte infectados rodeaban la torre, y escucharon por última vez la voz fuerte del guardabosques, que no dejó de gritar hasta que el ruido cesó por completo.

Cuando llegaron al lugar donde la cuerda terminaba, se detuvieron y miraron hacia atrás. La antigua torre seguía en pie, pero ya nadie la cuidaría. Woo-jin apretó con fuerza en su mano una pequeña brújula que el señor Soo-jin le había regalado minutos antes, sabiendo que esa sería la última cosa que le quedaría de él. Otro corazón bueno se había apagado para que él pudiera seguir un poco más su camino.

—Debemos seguir —susurró Ji-win con voz quebrada—. Él dio su vida para que no desperdiciemos este avance.

Woo-jin asintió, limpió sus lágrimas y comenzó a caminar, jurando en su interior que cada enseñanza que le daban, cada sacrificio hecho por él, lo llevaría grabado en el alma hasta su último aliento.

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😈 Hunter. 😈
¡Me encantó!
¡Quiero más capitulos!. 🥰
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