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Entre Sangre Y Cenizas

Entre Sangre Y Cenizas

Status: En proceso
Genre:Mafia / Romance
Popularitas:843
Nilai: 5
nombre de autor: Ailed Dayana Araujo Medrano

En Valdoria, donde la mafia controla cada sombra de la ciudad, dos almas rotas se cruza sin saber que sus pasados están unidos por sangre, traición y secretos enterrados.


lo que empieza como desconfianza se convierte en un vínculo imposible de romper.... incluso cuando la verdad amenaza con destruirlo todo.

NovelToon tiene autorización de Ailed Dayana Araujo Medrano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Territorio equivocado

Alex pasó los siguientes dos días investigando sin obtener resultados reales. Cuanto más buscaba información sobre los Laurent, más obstáculos encontraba. Los archivos desaparecían, las referencias terminaban incompletas y cada pista parecía conducir a un callejón sin salida. Sin embargo, lejos de desanimarlo, aquello solo aumentaba su curiosidad.

Porque si alguien se había tomado tantas molestias para borrar información, era porque existía algo importante que ocultar.

Y él necesitaba saber qué era.

Aquella tarde se encontraba revisando foros antiguos cuando encontró un comentario perdido entre cientos de publicaciones abandonadas.

Era apenas una frase.

"Si buscas respuestas sobre los Laurent, pregunta en Noctis."

Nada más.

Sin explicación.

Sin contexto.

Sin nombre.

Alex leyó la frase varias veces.

Sabía que probablemente era una tontería.

Sabía que podía tratarse de una broma.

Pero también era la única pista nueva que había conseguido en días.

Y estaba desesperado.

Por eso, unas horas después, se encontraba caminando por las calles del Distrito Noctis.

El lugar era exactamente tan desagradable como había imaginado.

Las calles eran más estrechas que en el resto de Valdoria. Los edificios parecían viejos y cansados. Los letreros de neón iluminaban la oscuridad con colores apagados y extraños. Había bares en cada esquina, hombres fumando en las puertas y demasiadas miradas observando a cualquiera que no perteneciera allí.

Alex empezó a preguntarse si había cometido un error.

Quizás debía regresar.

Quizás estaba perdiendo el tiempo.

Pero cuando estuvo a punto de darse la vuelta, vio algo que llamó su atención.

Un hombre entró rápidamente en un edificio abandonado al final de la calle.

No parecía un cliente.

No parecía un trabajador.

Miraba constantemente por encima del hombro.

Como si quisiera asegurarse de que nadie lo siguiera.

Alex observó cómo desaparecía tras una puerta metálica.

La curiosidad ganó la batalla.

Una vez más.

—Solo voy a mirar —murmuró para sí mismo.

Era exactamente el tipo de frase que precedía a una mala decisión.

Y aun así avanzó.

Se acercó al edificio con cautela.

La puerta había quedado ligeramente abierta.

Lo suficiente para escuchar voces.

Alex se quedó inmóvil.

Intentando entender lo que ocurría dentro.

Había varias personas.

Hombres.

Discutían sobre algo.

Escuchó números.

Nombres.

Direcciones.

Y algo sobre mercancía.

Nada tenía sentido.

Pero era evidente que aquello no era una reunión normal.

Se acercó un poco más.

Lo justo para mirar por una rendija.

Y entonces comprendió que definitivamente estaba donde no debía.

Había al menos una docena de hombres dentro.

Algunos llevaban armas visibles.

Otros parecían guardaespaldas.

Todos tenían aspecto de ser personas con las que era mejor no discutir.

Alex tragó saliva.

Quizás era momento de marcharse.

Retrocedió lentamente.

Un paso.

Dos pasos.

Tres.

Y entonces pisó una botella vacía.

El crujido resonó como una explosión.

El silencio cayó dentro del edificio.

Alex cerró los ojos.

—Genial —susurró.

La puerta se abrió violentamente.

Varias cabezas giraron en su dirección.

Durante un segundo nadie dijo nada.

Y luego comenzaron los gritos.

—¡Eh!

—¿Quién demonios eres?

—¡Atrápenlo!

Alex no necesitó escuchar nada más.

Salió corriendo.

Las botas golpeaban el pavimento mientras avanzaba entre callejones desconocidos.

Escuchaba pasos detrás de él.

Muchos pasos.

Definitivamente demasiados.

—¡Deténganlo!

—¡Por allá!

—¡No lo pierdan!

Alex giró una esquina tan rápido que casi chocó contra una pared.

Su corazón parecía dispuesto a abandonar su cuerpo.

Aquello era un desastre.

Un desastre gigantesco.

¿Por qué había decidido seguir aquella pista absurda?

¿Por qué nunca podía quedarse quieto?

Corrió otro tramo.

Y entonces ocurrió algo peor.

Terminó en un callejón sin salida.

Alex se detuvo bruscamente.

Frente a él solo había una pared.

Detrás.

Los hombres se acercaban.

—Perfecto —murmuró.

Definitivamente iba a morir por curiosidad.

Los perseguidores aparecieron segundos después.

Eran cinco.

Todos parecían enfadados.

Muy enfadados.

—¿Quién eres? —preguntó uno.

Alex sonrió con nerviosismo.

—Creo que esta conversación no va a terminar bien.

—¿Nos estabas espiando?

—Depende.

—¿Depende de qué?

—De si la respuesta correcta me evita una paliza.

Nadie se rio.

Mala señal.

Muy mala señal.

Uno de los hombres avanzó.

—Habla.

Alex calculó rápidamente sus opciones.

No tenía ninguna.

Absolutamente ninguna.

Y justo cuando comenzaba a aceptar su inminente tragedia personal, una voz interrumpió la situación.

—¿Qué está pasando aquí?

El silencio cayó de inmediato.

Los hombres se apartaron.

Alex levantó la mirada.

Y vio al recién llegado.

Alto.

Cabello negro.

Traje oscuro.

Expresión fría.

Muy fría.

Parecía alguien acostumbrado a dar órdenes y a que todos las obedecieran.

Los hombres enderezaron la postura casi de inmediato.

Eso ya decía bastante.

El desconocido observó el callejón.

Después observó a los hombres.

Finalmente observó a Alex.

Y lo primero que pensó fue:

Es un idiota.

No conocía su nombre.

No sabía quién era.

Pero cualquier persona con dos neuronas funcionales habría evitado meterse en una reunión privada de aquel distrito.

Claramente aquel chico no era una de esas personas.

Alex, por su parte, también lo observó.

Y llegó exactamente a la misma conclusión en dirección contraria.

Es un imbécil.

Porque tenía esa expresión insoportable de hombre que sabía que era el más importante del lugar.

Y Alex ya estaba cansado de la gente así.

—¿Quién es? —preguntó el recién llegado.

—Lo encontramos espiando.

—No estaba espiando.

Todos lo miraron.

—Estabas mirando por la puerta —dijo uno.

—Estaba observando.

—Eso es espiar.

—No exactamente.

—Sí exactamente.

—Bueno, depende de la definición.

El desconocido cerró los ojos unos segundos.

Como si intentara reunir paciencia.

—¿Siempre habla tanto?

—No lo conozco —respondió uno de los hombres.

—Entonces espero que no.

Alex frunció el ceño.

—¿Y tú quién eres?

Algunos hombres parecieron horrorizados por la pregunta.

El desconocido arqueó una ceja.

—¿No sabes quién soy?

—No.

—Interesante.

—¿Eso responde mi pregunta?

—No.

—Entonces seguimos igual.

Durante unos segundos se observaron en silencio.

Ninguno parecía dispuesto a retroceder.

Ninguno parecía dispuesto a agradarle al otro.

Y aunque ninguno de los dos podía imaginarlo todavía, aquel encuentro cambiaría muchas cosas.

Porque Alex había entrado en el lugar equivocado.

Y acababa de cruzarse con la persona que estaba destinada a poner su vida completamente de cabeza.

El desconocido dio un paso al frente.

—Creo que tenemos mucho de qué hablar.

Alex suspiró.

No le gustó cómo sonó aquello.

Ni un poco.

Y por primera vez desde que había comenzado a investigar a los Laurent, sintió que acababa de abrir una puerta que quizás nunca podría volver a cerrar.

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Maria Consuelo Rodriguez Berriz
Aún no está terminada pero me gusta, tiene esa parte de misterio que mantiene al lector a la expectativa.
Maria Consuelo Rodriguez Berriz
Muy Interesante tu Novela, tiene esa parte de suspenso que mantiene al lector a la expectativa y, la amistad y cuidado que tienen los personajes principales la hace más atractiva. 💕
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