Valentina Visconti nació para heredar un imperio, pero eligió salvar vidas antes que administrar fortunas. Renunció a su apellido, a su riqueza y al futuro que su familia había planeado para ella, convencida de que el amor debía elegirse, nunca negociarse.
Cuando la traición del hombre con quien soñaba casarse destruye todas sus certezas, un impulso desesperado la lleva a besar a un completo desconocido para escapar de su pasado.
Alessandro Moretti carga con el peso de uno de los apellidos más poderosos y temidos del país. Aunque ha construido su propio imperio lejos de la violencia y prefiere mantenerse fuera de los reflectores, el legado de su familia nunca deja de perseguirlo.
Lo que ninguno de los dos imagina es que ese encuentro cambiará sus vidas para siempre.
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18- conociéndonos
Las siete en punto.
Tal como lo había prometido.
Un BMW negro se detuvo frente a la entrada principal del Hospital Santa Emilia.
Alessandro apagó el motor.
Miró el reloj. Sonrió apenas.
—Puntual.
Las puertas automáticas del hospital se abrieron unos segundos después.
Valentina salió acompañada de Camila.
Llevaba un pantalón de tela color beige, una blusa azul claro y un saco blanco sobre los hombros.
Se veía elegante sin esfuerzo.
Al verla, Alessandro descendió del automóvil por simple cortesía.
Rodeó el vehículo y abrió la puerta del copiloto.
Valentina sonrió.
—Gracias.
—Para eso estoy.
Antes de que pudiera subir, Camila apareció entre ambos con una sonrisa sospechosa.
—Un momento.
Los dos la miraron.
Camila señaló a Alessandro con un dedo.
—Tengo una sola petición.
Él cruzó los brazos.
—Te escucho.
—Cuídamela.
Alessandro sostuvo su mirada.
Y respondió con total tranquilidad.
—Lo haré.
Camila sonrió satisfecha.
—Perfecto. Entonces ya puedo irme tranquila.
Valentina negó divertida.
—Camí...
—¿Qué? Alguien tiene que cuidar a mi mejor amiga.
Después se acercó al oído de Valentina.
—Y sonríe un poquito. Los novios felices no ponen esa cara.
Valentina soltó una carcajada.
—Ya vete.
Camila levantó ambas manos.
—Está bien... Pero mañana quiero el informe completo.
Se alejó riéndose.
Valentina subió al automóvil.
Todavía negaba con la cabeza.
—Algún día voy a matarla.
Alessandro puso el coche en marcha.
—No lo hagas. Me cae bien.
Ella lo miró divertida.
—Eso es porque no vives con ella.
Los dos rieron.
El ambiente se relajó de inmediato.
Después de conducir unos minutos...
Alessandro desvió el automóvil hacia una pequeña cafetería.
Valentina lo miró confundida.
—¿Ocurre algo?
Él apagó el motor.
Giró ligeramente hacia ella.
—Sí. Creo que dos desconocidos no deberían presentarse como novios delante de una familia.
Ella sonrió.
—Pensé exactamente lo mismo.
Abrió su bolso.
Buscó durante unos segundos.
Y sacó una pequeña libreta de tapa amarilla.
Alessandro levantó una ceja.
—¿Otro cuaderno?
Valentina rio.
—Este no es mío. Es de Camila.
Él la miró con curiosidad.
—¿Camila hizo apuntes?
—Cuando le conté lo de nuestro acuerdo...
Dijo que era imposible fingir una relación si no sabíamos nada el uno del otro.
Así que hizo una lista.
Le entregó la libreta.
Alessandro la abrió.
En la primera página, escrito con letras enormes, podía leerse:
"Interrogatorio para novios falsos."
Debajo había una lista perfectamente organizada.
Color favorito.
Comida favorita.
Película favorita.
Música.
Cumpleaños.
Mascotas.
Familia.
Qué odia.
Qué ama.
Alergias.
Pasatiempos.
Y, al final de la página...
Con otra tinta y una flecha enorme.
"Importante: preguntar si ronca."
Alessandro soltó una carcajada.
Cerró la libreta lentamente.
Después miró a Valentina.
—Vaya... Qué mujeres tan preparadas son.
Ella sonrió orgullosa.
—Camila se toma muy en serio estas cosas.
Él continuó hojeando las páginas.
—Dime una cosa... ¿Están seguras de que esta es la primera vez que contratan un novio falso?
Valentina abrió mucho los ojos.
Le arrebató la libreta y le dio un suave golpe en el brazo.
—¡Claro que sí!
Alessandro levantó ambas manos en señal de rendición.
—Solo preguntaba.
Ella terminó riéndose.
—Empieza. Pero nada de preguntas tramposas.
Él volvió a abrir la libreta.
Leyó la primera línea.
Después levantó la vista.
—Bien... Doctora Valentina de Alcázar.
¿Cuál es su color favorito?
—Azul.
Respondió sin pensarlo.
¿El tuyo?
—Negro.
Valentina sonrió divertida.
—Debí imaginarlo.
Él fingió ofenderse.
—¿Tan predecible soy?
—Un poquito.
Alessandro hizo una marca imaginaria sobre la libreta.
—Muy bien.
Comida favorita.
—La pasta.
Él sonrió.
—La mía también.
Valentina levantó una ceja.
—Qué casualidad.
—O una buena señal.
Ella bajó la mirada para ocultar una pequeña sonrisa.
Por primera vez desde que aceptaron aquel acuerdo...
Ya no parecían dos completos desconocidos.
Solo dos personas intentando conocerse un poco mejor.
Alessandro pasó la página de la libreta.
—Veamos qué más preparó la señorita Camila...
Leyó la siguiente pregunta.
Y sonrió.
—¿Fecha de cumpleaños?
—Dieciocho de abril.
¿La tuya?
—Veintisiete de septiembre.
Valentina hizo un gesto de aprobación.
—Lo anotaré para no olvidarlo.
Alessandro la miró divertido.
—¿Piensas hacerme un regalo?
Ella se encogió de hombros.
—Si el contrato sigue vigente...
Tal vez.
Él negó entre risas.
—Qué generosa.
Valentina le arrebató la libreta.
—Ahora pregunto yo.
Alessandro levantó las manos.
—Adelante.
Ella leyó la siguiente línea.
—¿Película favorita?
Alessandro se quedó pensativo.
—No tengo una favorita.
Pero puedo ver una buena película de acción diez veces sin aburrirme.
—Sabía que ibas a decir acción.
—¿Y tú?
—Orgullo y prejuicio.
Alessandro la miró sorprendido.
—¿La de época?
—La misma.
Él sonrió.
—No la he visto.
Valentina abrió mucho los ojos.
—¿Nunca?
—Nunca.
Ella cerró la libreta lentamente.
—Eso habrá que solucionarlo.
—¿Es una amenaza?
—Es una recomendación médica.
Los dos volvieron a reír.
Valentina pasó a la siguiente pregunta.
—¿Qué no soportas?
Alessandro respondió casi de inmediato.
—Las mentiras.
Ella levantó la vista.
La respuesta había sido demasiado rápida.
—¿Tan seguro estás?
Él asintió.
—Sí. Prefiero una verdad que duela...
A una mentira bonita.
Valentina permaneció unos segundos en silencio.
Después respondió con sinceridad.
—Yo tampoco soporto las mentiras. La única manera de aceptar una mentira es que sea por uma justa causa.
Los dos se entendieron sin necesidad de explicar nada más.
Había heridas que todavía dolían.
Y ninguno quiso abrirlas.
Valentina pasó rápidamente a la siguiente pregunta.
—¿Dulce o salado?
—Dulce.
—¿En serio?
—Sí.
—No lo habría imaginado.
—¿Por qué?
—Porque tienes cara de tomar café sin azúcar.
Alessandro soltó una carcajada.
—Lo tomo sin azúcar.
—¡Lo sabía!
—Pero después me como el postre.
Valentina comenzó a reír.
—Eso sí no lo esperaba.
Alessandro tomó nuevamente la libreta.
—Mi turno.
Leyó la siguiente pregunta.
—¿Qué haces cuando tienes un mal día?
Valentina bajó un poco la mirada.
—Cocino.
Él arqueó una ceja.
—¿Cocinas bien?
—Muy bien. Es mi terapia.
¿Y tú?
Alessandro pensó unos segundos.
—Trabajo.
—Eso no cuenta.
—¿Por qué?
—Porque trabajar no es relajarse.
Él sonrió.
—Es lo único que sé hacer.
Valentina lo observó durante unos segundos.
Después habló con una naturalidad que incluso la sorprendió.
—Entonces habrá que enseñarte.
Alessandro frunció ligeramente el ceño.
—¿Enseñarme qué?
—A descansar. A salir.
A disfrutar un poco más de la vida.
Él soltó una pequeña risa.
—¿Eso también viene incluido en el contrato?
Ella sonrió.
—No. Eso corre por mi cuenta.
Durante un instante...
Los dos guardaron silencio. No era incómodo.
Era tranquilo.
Como si aquella conversación hubiera hecho desaparecer la tensión con la que habían comenzado la tarde.
Alessandro volvió a mirar la libreta.
Solo quedaba una pregunta.
La leyó en voz alta.
—"¿Qué es lo que más valoras en una persona?"
Levantó la vista. Esperando su respuesta.
Valentina respondió sin dudar.
—La lealtad. Si alguien es leal...
Puede contar conmigo para siempre.
Ella sonrió.
—¿Y tú?
Alessandro no respondió enseguida.
La miró directamente a los ojos.
—Lo mismo. La lealtad.
Porque una vez que la confianza se rompe...
Es muy difícil volver a construirla.
Valentina asintió despacio.
No hacía falta decir nada más.
Los dos entendían perfectamente el peso de aquellas palabras.
Cerró la libreta. La guardó nuevamente en el bolso. Respiró hondo.
Después miró el reloj.
—Será mejor que nos vayamos.
Mi papá debe estar esperándonos.
Alessandro encendió el automóvil.
Antes de ponerlo en marcha, la miró de reojo.
—¿Lista?
Valentina sonrió con una mezcla de nervios y determinación.
—No. Pero ya no podemos escapar.
Los dos rieron. Y el BMW volvió a incorporarse a la avenida rumbo al restaurante
Matteo primero, luego Giovanni y Lorenzo y los osos juntos esa química es indudable y ellos no quieren aceptar que están enamorados.
Alessandro no se imagina lo que la loca de Camila le dejo en su gaveta 🤣😂🤣😂
Quien secuestro a Valentina 🤔🤔🤔❓❓❓
Porque lo hizo de quien se quiere vengar 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
Dónde está Lucia fue ella quien lo hizo o tuvo ayuda de alguien 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Alessandro ahora sí sacará a relucir su apellido Moretti a relucir y quien lo haya hecho se busco su muerte porque si no lo hace Alessandro lo hará el viejo Don Vittorio.
Valentina lo dejaste como novio de pueblo vestido y alborotado.
Hasta tu padre se dió cuenta que están perdidamente enamorados.
Bombón así necesito uno que me dé muchos regalos 🤣😂🤣😂
Es verdad lo que dice Camila ustedes dos ya no respetan el contrato eso ya pasó a hacer una relación verdadera besos, me quedo a dormir etcétera cuando darán el paso a sincerarse.