Todo comenzó con un amor adolescente. Ella tenía 18 años y Adonis, 19. Estaban convencidos de que su relación era verdadera y soñaban con permanecer juntos. Sin embargo, sus vidas cambiaron cuando ella descubrió que estaba embarazada. Adonis, asustado por su juventud y por la responsabilidad que se acercaba, aseguró que no quería ser padre y terminó rechazándola. Al enterarse, los padres de la joven decidieron hablar con la familia de Adonis. Después de una difícil conversación, ambas familias acordaron un matrimonio arreglado para que asumieran juntos la responsabilidad. Al principio, ninguno estaba preparado, pero con el tiempo nació una inesperada cercanía entre ellos.
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Capítulo 6 — Quiero intentarlo
Había pasado un mes desde que conocí a Kiara, la mexicana nueva del Colegio Los Cerros.
Al principio solamente me había parecido una pelada interesante. Era diferente a las demás personas que conocía, principalmente porque acababa de llegar de México y tenía una forma de hablar que me daba risa, pero en el buen sentido.
Con el paso de las semanas empezamos a hablar más. Nos escribíamos, compartíamos durante los descansos y algunas veces salíamos después de clases.
Y sí, tenía que admitirlo: Kiara me gustaba.
Pero tampoco iba a decir que estaba enamorado de ella. No era así.
Apenas llevábamos un mes de conocernos y todavía había muchas cosas que no sabía de ella. Yo simplemente sentía que me gustaba estar a su lado y que quería conocerla mucho más.
Una mañana me levanté con una idea en la cabeza.
¿Y si le pido que sea mi novia?
No quería hacer una escena exagerada ni decirle que era el amor de mi vida. Solamente quería preguntarle si quería intentar una relación conmigo y ver qué tal nos iba.
Antes de salir de mi casa pasé por una floristería y compré un pequeño ramo de flores. También compré una caja de chocolates.
Cuando llegué al colegio, uno de mis amigos me vio con las cosas en las manos.
—¿Y esas flores, parce?
—Son para Kiara.
—¿Qué? ¿Le va a pedir que sea su novia?
—Sí.
—Uy, hermano, está decidido.
—Pues sí. Me gusta la pelada y quiero intentarlo.
Guardé los chocolates y las flores con cuidado mientras esperaba verla.
Después de unos minutos la vi entrar al colegio.
Kiara llevaba su mochila y caminaba hacia el salón. Cuando me vio, sonrió.
—¡Hola, Adonis!
—Hola, Kiara.
—¿Qué haces aquí tan temprano?
—Estaba esperándola.
Ella levantó una ceja.
—¿A mí? ¿Y eso?
—Tengo algo para usted.
Saqué las flores y los chocolates.
La cara de Kiara cambió completamente.
—¡Ay, no! ¿Son para mí?
—Sí, para usted.
Ella tomó las flores con cuidado.
—Qué bonito. Gracias.
—También le traje chocolates.
—¡No manches! Me encantan los chocolates.
Me dio risa verla tan emocionada.
—Me alegra.
Kiara miró las flores nuevamente.
—Pero dime por qué me trajiste esto.
Respiré profundo.
—Quería hablarle de algo.
—¿Qué pasó?
—Nada malo. Tranquila.
La miré directamente.
—Kiara, llevamos un mes conociéndonos. En este tiempo me he dado cuenta de que me gusta mucho estar con usted. Me gusta hablar con usted, salir juntos y pasar tiempo juntos.
Ella permaneció en silencio.
—Y pues… no quiero decirle que estoy enamorado porque todavía no es así. Sería mentirle. Pero sí me gusta usted y quiero ver qué tal nos va si intentamos algo más.
Kiara sonrió.
—Me gusta que seas sincero.
—Entonces quería preguntarle algo.
—¿Qué?
—¿Quiere ser mi novia?
Kiara se quedó unos segundos pensando.
Yo estaba un poquito nervioso, aunque intentaba disimularlo.
Finalmente sonrió.
—Sí, quiero.
Sentí alivio.
—¿De verdad?
—Sí. Tú también me gustas.
Sonreí.
—Bueno, entonces ya somos novios.
—Sí —dijo ella—. Pero vamos despacio, ¿va?
—De una. Sin afanes.
Kiara abrazó las flores contra su pecho.
—Nunca pensé que mi primer mes en Colombia terminaría así.
—¿Así cómo?
—Con novio colombiano.
Me reí.
—Y yo nunca pensé que terminaría de novio con una mexicana.
—¡Oye! —dijo ella entre risas—. No lo digas como si fuera algo malo.
—No, mujer. Lo digo porque fue inesperado.
—Ah, bueno.
En ese momento apareció Carolina.
—¡Buenos días! —dijo—. ¿Y esas flores?
Kiara me miró y comenzó a reírse.
—Adonis me las dio.
Carolina abrió los ojos.
—No me diga que ya…
—Sí —respondí—. Le pedí que fuera mi novia.
—¡Uy, parce! ¿Y aceptó?
Kiara levantó las flores.
—Acepté.
Carolina sonrió.
—Bueno, pues felicitaciones a los dos.
Sonreí mientras miraba a Kiara.
No sabía cuánto iba a durar nuestra relación ni qué iba a pasar con nosotros en el futuro.
No estaba enamorado.
Todavía no.
Simplemente me gustaba aquella mexicana y quería darle una oportunidad a lo que estaba comenzando entre los dos.
Y para mí, eso era suficiente para intentarlo.