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LA OBSESIÓN DEL ZORRO

LA OBSESIÓN DEL ZORRO

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Romance
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Rishel23

Espero que les guste esta novela tanto como a mi...

NovelToon tiene autorización de Rishel23 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

8

Capítulo 8: Bajo el mismo cielo

Las vacaciones finalmente habían llegado.

El último día de clases, la universidad parecía haber recuperado la vida.

Los estudiantes caminaban por los pasillos con sonrisas de alivio, algunos planeaban viajes, otros fiestas y muchos simplemente soñaban con dormir durante una semana entera.

Richel salió del edificio con Clara.

—¡Por fin!

Clara levantó los brazos.

—¡Vacaciones!

Richel soltó una carcajada.

—No exactamente.

—¿Cómo que no?

—Tengo que trabajar.

Clara hizo una mueca.

—Cierto...

—Además, necesito ahorrar.

—Entonces disfruta tus vacaciones trabajando.

—Qué alentadora.

Ambas rieron.

Pero Richel no sabía que alguien las observaba desde el otro lado del campus.

Ren.

Había llegado pocos minutos antes.

Y, aunque tenía una reunión importante aquella tarde...

Había cambiado toda su agenda.

Solo para verla.

Ya ni siquiera intentaba inventarse excusas.

Su secretario había dejado de preguntarle por qué visitaba constantemente la universidad.

Todos conocían la respuesta.

Ren estaba enamorado.

Y cada día era más evidente.

Cuando Richel se acercó, él caminó directamente hacia ella.

—Richel.

Ella levantó la mirada.

—¿Ren?

Era la primera vez que lo llamaba por su nombre.

Las orejas del zorro se movieron inmediatamente.

Una sonrisa apareció en sus labios.

—¿Qué hará durante las vacaciones?

—Trabajar.

Ren frunció ligeramente el ceño.

—¿Todos los días?

—Casi.

—¿A qué hora termina?

Richel lo miró con sospecha.

—¿Por qué quiere saberlo?

—Porque quiero verla.

La respuesta fue tan directa que Clara abrió los ojos.

Richel se quedó completamente quieta.

Ren ni siquiera intentó ocultarlo.

—¿Así de directo?

—Ya me dijo que estaba cansada de mis coincidencias.

Richel soltó una pequeña risa.

—Es cierto.

—Entonces decidí dejar de fingir.

Clara se llevó una mano a la boca para ocultar una sonrisa.

—Creo que yo debería irme.

—¡Clara!

—Nos vemos después.

La joven escapó rápidamente, dejándolos solos.

Richel negó con la cabeza.

—Traicionera.

Ren sonrió.

—¿Le molesta que quiera verla?

Richel lo observó durante unos segundos.

—No.

La respuesta hizo que la cola del zorro se moviera ligeramente.

—Entonces...

—Pero no piense que voy a dejar de trabajar solo porque usted quiere verme.

—Nunca se lo pediría.

Ren hizo una pausa.

—Aunque podría llevarla a casa después de su turno.

Richel arqueó una ceja.

—¿Eso es una invitación?

—Sí.

—¿Y qué obtengo a cambio?

Ren se acercó ligeramente.

—Mi compañía.

Ella soltó una risa.

—Qué oferta tan generosa.

 

Durante las vacaciones, Richel mantuvo su rutina.

Universidad suspendida.

Trabajo en la cafetería.

Estudio.

Casa.

Sin embargo, algo había cambiado.

Ren aparecía.

El primer día la esperó fuera de la cafetería.

El segundo llevó café para todo el personal.

El tercero apareció con un ramo de flores para la dueña del establecimiento.

El cuarto...

Richel finalmente lo enfrentó.

—¿Usted no tiene trabajo?

Ren estaba apoyado contra su automóvil.

—Tengo demasiado.

—Entonces, ¿por qué está aquí?

—Porque quiero verla.

Richel se cruzó de brazos.

—Ren...

—¿Sí?

—Está siendo demasiado obvio.

Él sonrió.

—Lo sé.

—¿Y no le importa?

—No.

Richel intentó mantener una expresión seria.

Pero terminó sonriendo.

—Es imposible discutir con usted.

Ren se acercó.

—No quiero discutir.

—¿Entonces qué quiere?

Él la miró directamente.

—Pasar tiempo contigo.

Aquella vez no dijo "usted".

Había cambiado.

Y Richel lo notó.

Ren también.

Pero ninguno quiso mencionarlo.

 

Una semana después...

La cafetería cerró más temprano debido a una tormenta.

Richel salió bajo un cielo oscuro.

La lluvia caía con fuerza.

—Perfecto...

Había olvidado su paraguas.

Entonces escuchó un automóvil detenerse.

La puerta se abrió.

Ren bajó con un paraguas negro.

—Ven.

Richel corrió hacia él.

—¿Cómo sabías que estaba aquí?

Ren sonrió.

—Te dije que dejaría de fingir.

Ella negó con la cabeza.

—Estás loco.

—Probablemente.

Caminaron juntos bajo el paraguas.

La lluvia golpeaba el suelo con fuerza.

En lugar de llevarla directamente a casa, Ren tomó una calle diferente.

Richel lo miró.

—¿A dónde vamos?

—Quiero enseñarte algo.

—¿Es otra de tus sorpresas?

—Tal vez.

Finalmente llegaron a un antiguo puente peatonal que atravesaba un pequeño canal.

Las luces de la ciudad se reflejaban sobre el agua.

La lluvia había comenzado a disminuir.

Richel se quedó contemplando el paisaje.

—Es hermoso.

Ren la observó.

—Sí.

Pero no estaba mirando el agua.

Estaba mirándola a ella.

Richel lo notó.

—¿Qué?

—Nada.

—Estás mirándome.

—Lo sé.

Ella sonrió.

—Eres descarado.

Ren dio un paso hacia ella.

—Solo contigo.

Richel sintió que su corazón comenzaba a latir con fuerza.

El viento movió suavemente el cabello de ambos.

Ren levantó una mano y apartó delicadamente un mechón del rostro de Richel.

Se detuvo.

No quería avanzar sin saber si ella lo deseaba.

—Richel...

Ella levantó la mirada.

—¿Sí?

—Si quieres que me aleje, lo haré.

Hubo unos segundos de silencio.

Richel lo observó.

Luego dio un pequeño paso hacia él.

Y antes de que Ren pudiera reaccionar...

Ella se inclinó y lo besó.

Fue un beso breve.

Suave.

Inesperado.

Pero suficiente para hacer que el mundo entero desapareciera para Ren.

Cuando Richel se apartó, sus mejillas estaban completamente rojas.

Ren permaneció inmóvil.

Sus orejas estaban erguidas.

Su cola se había detenido.

—Yo...

Richel bajó la mirada, avergonzada.

—No sé por qué hice eso.

Ren sonrió lentamente.

—Yo sí.

Ella volvió a mirarlo.

—¿Por qué?

Él acercó su frente a la de ella.

—Porque también sentías lo mismo.

Richel no respondió.

Pero tampoco se alejó.

Y bajo aquel viejo puente, mientras la lluvia seguía cayendo lentamente sobre la ciudad...

Los dos comprendieron que ya no podían seguir fingiendo que aquello era una simple coincidencia.

Había algo entre ellos.

Algo intenso.

Richel permaneció frente a Ren, todavía con las mejillas encendidas.

No sabía qué había pasado por su cabeza para besarlo.

Solo sabía que, cuando lo tuvo delante...

Había dejado de pensar.

Ren tampoco decía nada.

Seguía mirándola como si acabara de recibir el regalo más importante de su vida.

—¿Por qué me miras así?

Preguntó Richel, intentando esconder los nervios.

Ren sonrió.

—Porque acabas de besarme.

—Ya sé.

—Entonces sabes por qué te miro así.

Ella bajó la mirada.

—Fue solo un beso.

Ren dejó escapar una pequeña risa.

—Para ti quizá.

Richel levantó la cabeza.

—¿Y para ti?

El zorro se acercó un poco más.

—Para mí significó mucho.

Su voz había perdido aquella seguridad que mostraba ante los empresarios.

Ahora sonaba completamente sincera.

—Richel...

Ella esperó.

—Desde el día que te conocí, he intentado mantener distancia.

Ella frunció el ceño.

—No parece.

Ren soltó una carcajada.

—Lo sé.

Su cola se movió detrás de él.

—No me ha salido muy bien.

Richel sonrió.

—Eso es evidente.

Ren volvió a mirarla.

—Pero hay algo que no sabes.

—¿Qué?

El zorro guardó silencio durante unos segundos.

Podía decírselo.

Podía revelar el secreto que llevaba semanas escondiendo.

Pero todavía no.

—Algún día te lo contaré.

Richel hizo una pequeña mueca.

—Siempre dices eso.

—Porque todavía no quiero que tengas miedo de mí.

Ella quedó sorprendida.

—¿Por qué tendría miedo?

Ren no respondió.

En cambio, levantó una mano y acarició suavemente su cabello.

—Porque lo que siento por ti es mucho más intenso de lo que imaginas.

Richel sintió un escalofrío.

Pero no era miedo.

Era algo completamente diferente.

 

La lluvia finalmente se detuvo.

Ambos comenzaron a caminar por el puente.

Richel miró el agua.

—¿Sabes?

—¿Sí?

—Cuando te conocí pensé que eras arrogante.

Ren sonrió.

—Lo soy.

—Y demasiado serio.

—También.

—Y pensé que eras de esos hombres que creen que pueden conseguir todo porque tienen dinero.

Ren se detuvo.

—¿Y ahora?

Richel se giró hacia él.

—Ahora creo que eres diferente.

La expresión del zorro se suavizó.

—¿Diferente cómo?

Ella sonrió.

—No lo sé todavía.

Ren se acercó.

—Entonces tendrás que descubrirlo.

—¿Eso significa que seguirás apareciendo?

—Todos los días si me lo permites.

Richel soltó una risa.

—Eso es demasiado.

—Puedo conformarme con seis.

—¡Ren!

Él sonrió.

Era la primera vez que Richel lo veía tan relajado.

 

Al llegar a la calle principal, Ren recibió una llamada.

Miró la pantalla.

Era Kaito.

Contestó.

—Habla.

La voz del semi lobo sonó seria.

—Tenemos novedades.

La sonrisa de Ren desapareció.

—¿Qué ocurrió?

—Encontramos al hombre que vigilaba a Richel.

—¿Dónde?

—En el distrito financiero.

Ren frunció el ceño.

—¿Lo detuvieron?

—No.

Escapó.

Pero dejó algo atrás.

—¿Qué?

Hubo un breve silencio.

—Una fotografía.

Ren miró a Richel.

Ella estaba observando unas luces navideñas en una tienda cercana.

—¿De quién?

—De tu madre.

La mirada de Ren cambió.

—¿Mi madre?

—Sí.

Y hay algo más.

El hombre llevaba el símbolo de la serpiente.

Ren apretó el teléfono.

—Investiga inmediatamente.

Quiero saber quién está detrás de esto.

—Ya estamos trabajando en ello.

Ren colgó.

Richel se acercó.

—¿Pasó algo?

Ren la miró.

Por un instante pensó en contarle todo.

Pero no quería arruinar aquella noche.

—Nada que tengas que saber todavía.

Richel frunció el ceño.

—No me gusta cuando dices eso.

—Lo sé.

—No quiero que me ocultes cosas.

Ren la observó.

Ella tenía razón.

Pero todavía necesitaba tiempo.

—Te prometo que cuando pueda hablarte de ello, serás la primera persona en saberlo.

Richel aceptó a regañadientes.

—Está bien.

 

La noche terminó frente al edificio de Richel.

Ren estacionó.

Ella abrió la puerta.

Pero antes de bajar, se quedó mirando al zorro.

—Ren.

—¿Sí?

—Sobre lo de esta noche...

Él esperó.

Richel se inclinó y le dio un pequeño beso en la mejilla.

—Buenas noches.

Ren quedó completamente inmóvil.

Ella salió del automóvil y entró al edificio.

Cuando las puertas se cerraron detrás de ella...

Ren llevó una mano al lugar donde había sentido sus labios.

Su corazón latía con fuerza.

Sonrió.

—Buenas noches, Richel.

 

Desde una esquina cercana...

Un automóvil permanecía estacionado.

El hombre de negro observaba el edificio.

Su teléfono vibró.

—¿Sí?

Escuchó las instrucciones.

Su expresión cambió.

—Entendido.

Miró hacia la entrada.

—Entonces comenzaremos con la familia.

 

En el último piso del edificio Ashikaga...

Ren entró a su residencia.

Pero antes de llegar a su habitación, encontró a su madre esperándolo.

Akemi lo observó con una sonrisa.

—Llegas tarde.

Ren dejó las llaves sobre la mesa.

—Estaba con Richel.

Los ojos de Akemi se iluminaron.

—¿Solos?

—Sí.

—¿Y?

Ren intentó ocultar la sonrisa.

No pudo.

—Me besó.

Akemi abrió los ojos.

—¿Ella?

Ren asintió.

Por primera vez en años, su madre vio a su hijo verdaderamente feliz.

Pero aquella felicidad duró poco.

Kaito apareció detrás de ella.

—Señor.

Ren lo miró.

—¿Qué ocurre?

El rostro del lobo era serio.

—Acabamos de descubrir quién está detrás del símbolo de la serpiente.

Ren se quedó inmóvil.

—¿Quién?

Kaito respiró profundamente.

—Una organización que lleva años enfrentada a la familia Ashikaga.

Y ahora...

Han puesto sus ojos sobre Richel.

La sonrisa desapareció del rostro de Ren.

Sus ojos dorados adquirieron un brillo frío.

Su cola se erizó.

El hombre que había aprendido a controlar sus instintos durante toda su vida...

Estaba a punto de descubrir hasta dónde podía llegar un zorro cuando alguien amenazaba a su pareja.

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Lariel Flowers
Exelente
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