Saga de
_ Mis hijos hackearon al CEO
"Me entregué a un monstruo y me devolvió el desprecio. Ahora, que no se atreva a tocar a mi hijo."
Hace tres años, Damián me juró amor y me dejó hundida en la deshonra, sola y con un hijo en el vientre. Mi familia rica me echó a la calle, pero aprendí a ser una leona para proteger a mi pequeño Eithan. Ya no soy la niña ingenua que él rompió; ahora soy una guerrera que no se deja humillar por nadie.
Pero el pasado ha vuelto. El mafioso que me abandonó aparece reclamando lo que es suyo, sin saber que este Heredero del Pecado solo tiene una dueña.
Él quiere poder. Yo solo quiero que se mantenga lejos de mi sangre. ¿Podrá el deseo ganarle al odio o terminaremos destruyéndolo todo?
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Capítulo 29: El sótano de los recuerdos
El goteo del agua sobre el cemento era el único reloj que marcaba el tiempo en ese agujero. Bianca estaba despertando. Lo supe por el gemido agudo, ese sonido de animal herido que tanto se esforzó por ocultar toda su vida. Estaba atada a una silla de metal en el centro de la habitación, bajo una bombilla desnuda que parpadeaba con un zumbido eléctrico irritante.
Damián estaba apoyado contra la pared, en las sombras, observándola con una indiferencia que daba escalofríos. No había rastro de Dimitri. Dimitri no vendría a salvarla; Bianca estaba en el corazón del territorio Smirnov, y aquí, el único dios era el hombre que ella había intentado destruir con mentiras.
Me acerqué a ella. Mis nudillos todavía estaban hinchados y me dolían, recordándome cada golpe que le había dado en la grava.
—Bienvenida a la realidad, Bianca —dije. Mi voz sonó extraña, carente de la compasión que solía definirme.
Ella levantó la cabeza. El rostro que tanto presumía estaba irreconocible. Un ojo estaba completamente cerrado por la inflamación y el labio partido le daba un aspecto grotesco. Cuando me vio, intentó escupirme, pero solo logró que un hilo de sangre le corriera por la barbilla.
—Maldita... —susurró con una voz que parecía salir de una tumba—. Dimitri te va a despellejar viva. Mi padre... mi padre va a quemar este lugar con vos adentro.
—Tu padre está escondido como la rata que es —intervino Damián, dando un paso hacia la luz—. Y Dimitri... Dimitri ahora mismo está recibiendo las fotos de tu cara destrozada. ¿De verdad pensás que un hombre como él va a venir a rescatar a una "paloma blanca" que ya perdió sus plumas? Para Dimitri, Bianca, ya no servís. Sos un activo dañado.
Bianca miró a Damián y luego a mí. La desesperación empezó a asomar por el único ojo que mantenía abierto. La fachada de perfección se estaba desmoronando, revelando el vacío que siempre hubo debajo.
—¿Qué van a hacer? —preguntó, y esta vez el miedo no era fingido—. Soy tu hermana, Alessandra. Tenemos la misma sangre.
Esa frase me provocó una carcajada amarga que me raspó la garganta.
—¿Ahora somos hermanas? —me incliné hacia ella, sujetándola de la mandíbula con una fuerza que la hizo jadear—. ¿Eras mi hermana cuando le dijiste a Dimitri que mi hijo era un bastardo? ¿Eras mi hermana cuando te reías de que yo no tenía para comer en Nueva York mientras vos gastabas los miles de mi padre?
Le solté la cara con desprecio.
—La sangre no te salvó de mis puños, y no te va a salvar de lo que viene ahora —continué—. Damián quería matarte ahí mismo, en Long Island. Pero yo le pedí que te trajera acá. No porque te quiera, sino porque quiero que veas cómo tu imperio de mentiras se cae pedazo a pedazo.
—Alessandra tiene razón —dijo Damián, sacando un teléfono y mostrándole la pantalla—. Acabamos de filtrar a la Bratva de Rusia los registros de las cuentas secretas que tenías con los Rossi. Esas que le ocultaste a Dimitri. Tu "lealtad" a San Petersburgo era solo otro negocio para vos, ¿no?
Bianca palideció. Se puso blanca como el mármol. Sabía lo que eso significaba. Dimitri no perdonaba la traición financiera, ni siquiera por una cara bonita.
—No... eso no es verdad... ¡Esos documentos son falsos! —gritó ella, forcejeando con las cuerdas.
—Son tan reales como el hambre que pasé yo por tu culpa —le espeté—. Ahora Dimitri te busca por traidora. Mi padre te busca por haberlo dejado expuesto. No tenés a dónde ir, Bianca. Sos nuestra.
Me di la vuelta para salir del sótano. Necesitaba aire. Necesitaba ver a Eithan para recordarme que todavía quedaba algo de luz en mí. Pero antes de cruzar la puerta, me detuve y miré a Damián.
—No la mates todavía —le dije—. Quiero que sienta cada segundo de su insignificancia. Quiero que entienda que la "gorda" que tanto despreciaba es la que ahora decide si ella respira o no.
Damián asintió con una sonrisa oscura.
—Como digas, Alessandra. Ella se queda acá, en la oscuridad. Justo donde pertenecen las sombras como ella.
Salí del sótano y subí a la casa. El silencio de la mansión se sentía diferente ahora. La guerra afuera seguía rugiendo, Dimitri probablemente enviaría más hombres y mi padre seguiría conspirando, pero por primera vez en años, el veneno que Bianca había inyectado en mi vida estaba bajo llave.
Me senté en la cama de Eithan, viéndolo dormir. Él era el único que no sabía que su madre acababa de cruzar una línea de la que no había retorno. Mis manos ya no estaban limpias, pero mi hijo estaba a salvo. Y mientras escuchaba los gritos ahogados de Bianca desde el subsuelo, entendí que el precio de la paz era convertirse en el mismo demonio que intentaba destruirte.
Damián entró en la habitación unos minutos después. No dijo nada. Se quedó en la puerta, observándonos. En ese silencio, supe que aunque el rencor seguía ahí, ahora compartíamos algo más que un hijo: compartíamos un secreto manchado de sangre que nos ataría para siempre, quisiéramos o no.
padre debe pagar por humillarte el querer asesinar te