Heredero Del Pecado

Heredero Del Pecado

Capítulo 1: El fantasma que no pedí

El sonido de los autitos de plástico chocando contra el parqué de mi oficina era lo único que me mantenía cuerda en esa tarde gris. Era un ruido seco, constante, que competía con el zumbido de la vieja computadora y el latido sordo de mi propia migraña. Me froté las sienes con fuerza, cerrando los ojos un segundo, tratando de ignorar esa pila de facturas rojas que descansaban sobre el escritorio como una sentencia de muerte. Ser una heredera desterrada tenía un precio muy alto, y yo lo pagaba cada maldito mes con ojeras profundas, café frío y un nudo de ansiedad que ya se sentía como parte de mi anatomía.

—¡Brum, brum! ¡Mamá, mira, el camión va rápido! —la voz de Eithan rompió el silencio de mis pensamientos.

Alcé la vista y ahí estaba él, de rodillas en el suelo, levantando su camión de bomberos con un orgullo que me partía el alma en mil pedazos. Eithan tenía apenas dos años, pero cargaba en su rostro con la herencia de un hombre que no merecía ni que lo nombraran en mis pesadillas. Era un niño hermoso, demasiado hermoso para el mundo en el que nos tocaba sobrevivir. Tenía el cabello negro como el ala de un cuervo, siempre un poco despeinado, y esos ojos marrones claros, casi color miel, que brillaban con una inocencia que a mí me habían robado hacía siglos.

Cada vez que lo miraba, la misma pregunta me quemaba la garganta como ácido: ¿Cómo pudo? ¿Cómo alguien puede dar media vuelta, ajustar su traje caro y dejar a su propia sangre tirada como si fuera basura en un callejón? La respuesta siempre era la misma: Damián nunca fue un hombre, era un depredador. Y los depredadores no tienen corazón, solo hambre.

—Es hermoso, mi amor. El más rápido de todos —dije, forzando una sonrisa que me dolió en los músculos de la cara—. Vamos, guarda los juguetes en la mochila. Hoy mamá te lleva a comer esas pastas con salsa que tanto te gustan. Te lo ganaste por ser tan buen ayudante hoy.

Necesitaba salir de esas cuatro paredes. El aire en la oficina se sentía viciado, cargado de recuerdos de una vida que ya no me pertenecía. Caminamos hacia el pequeño restaurante italiano de la esquina, un lugar humilde pero con olor a hogar. Eithan iba saltando a mi lado, aferrado a mi mano con sus dedos pequeños y pegajosos, totalmente ajeno a que su madre apenas tenía para el alquiler de este mes después de que mi "querida" familia me cerrara todas las cuentas por "deshonrar" el apellido. Para ellos, estar embarazada sin un anillo de diamantes era un pecado imperdonable; para mí, Eithan era lo único sagrado que me quedaba.

Nos sentamos en una mesa pequeña, justo al lado del ventanal empañado por la humedad de la tarde. Eithan devoraba su plato, manchándose las mejillas con salsa roja y riendo cada vez que un fideo se le escapaba del tenedor. Por un segundo, solo por un bendito segundo, me permití bajar la guardia. Me permití olvidar el odio, las deudas y el miedo.

Hasta que el aire del lugar cambió.

No fue un ruido, ni un grito. Fue una presión en el pecho, un cambio de temperatura que volvió el ambiente pesado, gélido, casi irrespirable. La puerta del local se abrió y no necesité girar la cabeza para saber quién acababa de entrar. Ese aroma… ese maldito aroma a sándalo, tabaco caro y peligro inminente. Lo reconocería incluso si estuviera muerta y enterrada. Era el olor de mi perdición.

Levanté la vista lentamente y mi corazón se detuvo. Sentí un frío glacial recorriéndome la columna mientras mis costillas empezaban a vibrar por los latidos violentos de mi corazón. Ahí estaba él.

Damián.

Lucía un traje italiano hecho a medida, oscuro como su alma, que resaltaba su figura imponente. Su mandíbula estaba tensa, marcada por esa sombra de barba que siempre le dio un aspecto de villano de película. Pero lo peor eran sus ojos. Tenía la misma mirada de hielo que una vez me prometió el cielo mientras me arrastraba lentamente hacia el abismo. El mafioso que se fue sin mirar atrás, el hombre que me rompió en tantos pedazos que perdí la cuenta, estaba ahí, de pie, profanando mi refugio.

—Maldita sea —susurré para mis adentros, sintiendo cómo el miedo inicial se transformaba en una furia ciega, caliente, eléctrica.

Él caminó hacia nuestra mesa con una seguridad insultante, como si fuera el dueño del suelo que pisaba. Se detuvo a escasos dos metros. Sus ojos, esos pozos oscuros y analíticos, se clavaron primero en mí, recorriéndome con una intensidad que me hizo sentir desnuda y vulnerable. Pero luego, su mirada bajó. Se detuvo con una curiosidad letal en el niño que, ajeno a la tragedia, intentaba limpiar su cara con una servilleta de papel.

—Hola, nena. Tiempo sin vernos —su voz… esa voz profunda que antes me hacía temblar de deseo, ahora solo me provocaba náuseas físicas.

Me puse de pie de un salto, empujando la silla con tanta violencia que el estrépito hizo que varios clientes dejaran de comer y se giraran hacia nosotros. No me importó. Agarré a Eithan por los hombros y lo puse detrás de mí, cubriéndolo con mi cuerpo, ocultándolo de su vista como si pudiera borrar con mi sombra el parecido genético que era tan evidente que dolía.

—Ni un paso más —siseé. Sentí mis uñas enterrándose en las palmas de mis manos mientras mis dedos rozaban la tela de mi chaqueta barata—. ¡No te acerques a mi hijo, Damián! ¡Ni se te ocurra!

Él arqueó una ceja, pero por primera vez en mi vida, vi una grieta en su máscara de indiferencia. Un brillo de duda, de shock, cruzó sus ojos al ver al pequeño que se asomaba curioso por detrás de mi cadera, mirando al "señor alto" con sus ojos miel.

—¿Tu hijo? —repitió él, su voz bajando un octavo, volviéndose un gruñido peligroso. Dio un paso al frente, invadiendo mi espacio personal.

—Mío. Solo mío —le respondí, sosteniéndole la mirada, aunque por dentro mis piernas fueran gelatina—. Tú moriste para nosotros hace dos años en ese aeropuerto. Así que date la vuelta, sal por esa puerta y lárgate al infierno de donde saliste antes de que llame a la policía o cometa una locura de la que no te vas a recuperar.

Damián soltó una risa seca, sin rastro de humor, y se inclinó un poco hacia adelante. El calor que emanaba su cuerpo me mareó por un instante.

—Sabes perfectamente que la policía no me toca, preciosa. Y también sabes que no me voy a ir a ninguna parte ahora que he visto lo que escondes. Ese niño tiene mis ojos, tiene mi sangre… —su mirada se volvió posesiva, oscura—. Y lo que es de mi sangre, me pertenece.

El pánico me atenazó la garganta, pero no retrocedí. Si algo había aprendido en estos dos años de miseria es que a los hombres como Damián no se les tiene miedo, se les enfrenta con los colmillos fuera.

—Él no es nada tuyo —mentí, sintiendo el sudor frío en mi nuca—. Es el hijo de un error que cometí, y tú eres el error más grande de mi vida. Vete, Damián déjanos en paz.

Pero por la forma en que él miraba a Eithan, supe que la guerra acababa de empezar. Y esta vez, no tenía un ejército, solo mi orgullo y un niño que no sabía que acababa de conocer al diablo en persona.

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Comments

Jesus Castro Montero

Jesus Castro Montero

Damian algo feo le debes haber echo para que ell te odie buena novela esta muy interesante

2026-08-03

2

Ani España

Ani España

que le habrá echo Damián para que ella esté muy enojada con el se bien interesante la novela

2026-07-21

0

Maigualida Ramirez

Maigualida Ramirez

aquí paso algo porque la dejo sola se ve interesante está novela

2026-07-18

0

Total
Capítulos
1 Capítulo 1: El fantasma que no pedí
2 Capítulo 2: La jaula de cristal
3 Capítulo 3: Veneno en la sangre
4 Capítulo 4: El pacto con el diablo
5 Capítulo 5: Sed de fuego
6 Capitulo 6: Hambre de ti
7 Capítulo 7: El precio de la libertad
8 Capítulo 8: Carne de subasta
9 Capítulo 9: Fuego y sangre
10 Capitulo 10: Cenizas de un imperio
11 Capitulo 11: El sabor de la traición
12 Capítulo 12: El mensaje que lo rompió todo
13 Capítulo 13: Los huevos que te faltaron
14 Capítulo 14: Sombras del pasado
15 Capítulo 15: El peso de la verdad
16 Capítulo 16: El territorio del perdón
17 Capítulo 17: El árbol de sangre
18 Capítulo 18: El peso de una mirada
19 Capítulo 19: El fantasma en el pasillo
20 Capítulo 20: El lenguaje de la paz
21 Capítulo 21: El eco de la sangre
22 Capítulo 22: Cenizas en el paladar
23 Capítulo 23: La alianza del miedo
24 Capítulo 24: El veneno en la copa
25 Capítulo 25: El filo de la desconfianza
26 Capítulo 26: El precio de la lealtad
27 Capítulo 27: El bautismo del plomo
28 Capítulo 28: El sabor del asfalto
29 Capítulo 29: El sótano de los recuerdos
30 Capítulo 30: El eco de un corazón muerto
31 Capítulo 31: La noche de la Reina Negra
32 Capítulo 32: El beso de la traición y el fuego
33 Capítulo 33: El precio de la debilidad
34 Capítulo 34: El abismo del orgullo
35 Capítulo 35: El muro de cristal
36 Capítulo 36: El último aliento de la serpiente
37 Capítulo 37: Sangre y Cenizas en el Muelle 14
38 Capítulo 38: El juicio de la sangre
39 Capítulo 39: La Regente de Hierro
40 Capítulo 40: El pacto de la Leona
41 Capítulo 41: El despertar del rey
42 Capítulo 42: El trono de cenizas
43 Capítulo 43: La Coronación de la Leona
44 Capitulo 44: El Trono del Amor
45 Capítulo 45: El Pacto de los Andes
46 Capítulo 46: El Caos de las Dinastías
47 Capítulo 47: Bautismo de Fuego y Acero
48 Epílogo: La Dinastía del León y la Luna
Capítulos

Updated 48 Episodes

1
Capítulo 1: El fantasma que no pedí
2
Capítulo 2: La jaula de cristal
3
Capítulo 3: Veneno en la sangre
4
Capítulo 4: El pacto con el diablo
5
Capítulo 5: Sed de fuego
6
Capitulo 6: Hambre de ti
7
Capítulo 7: El precio de la libertad
8
Capítulo 8: Carne de subasta
9
Capítulo 9: Fuego y sangre
10
Capitulo 10: Cenizas de un imperio
11
Capitulo 11: El sabor de la traición
12
Capítulo 12: El mensaje que lo rompió todo
13
Capítulo 13: Los huevos que te faltaron
14
Capítulo 14: Sombras del pasado
15
Capítulo 15: El peso de la verdad
16
Capítulo 16: El territorio del perdón
17
Capítulo 17: El árbol de sangre
18
Capítulo 18: El peso de una mirada
19
Capítulo 19: El fantasma en el pasillo
20
Capítulo 20: El lenguaje de la paz
21
Capítulo 21: El eco de la sangre
22
Capítulo 22: Cenizas en el paladar
23
Capítulo 23: La alianza del miedo
24
Capítulo 24: El veneno en la copa
25
Capítulo 25: El filo de la desconfianza
26
Capítulo 26: El precio de la lealtad
27
Capítulo 27: El bautismo del plomo
28
Capítulo 28: El sabor del asfalto
29
Capítulo 29: El sótano de los recuerdos
30
Capítulo 30: El eco de un corazón muerto
31
Capítulo 31: La noche de la Reina Negra
32
Capítulo 32: El beso de la traición y el fuego
33
Capítulo 33: El precio de la debilidad
34
Capítulo 34: El abismo del orgullo
35
Capítulo 35: El muro de cristal
36
Capítulo 36: El último aliento de la serpiente
37
Capítulo 37: Sangre y Cenizas en el Muelle 14
38
Capítulo 38: El juicio de la sangre
39
Capítulo 39: La Regente de Hierro
40
Capítulo 40: El pacto de la Leona
41
Capítulo 41: El despertar del rey
42
Capítulo 42: El trono de cenizas
43
Capítulo 43: La Coronación de la Leona
44
Capitulo 44: El Trono del Amor
45
Capítulo 45: El Pacto de los Andes
46
Capítulo 46: El Caos de las Dinastías
47
Capítulo 47: Bautismo de Fuego y Acero
48
Epílogo: La Dinastía del León y la Luna

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