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Mi Suggar Es Un Mafioso

Mi Suggar Es Un Mafioso

Status: Terminada
Genre:Diferencia de edad / Amor prohibido / Posesivo / Mafia / Romance / Completas
Popularitas:4.1M
Nilai: 5
nombre de autor: Celina González ♥️

En las calles vibrantes, pero peligrosas de Medellín, Zaira, una joven brillante y luchadora de 25 años, está a tres semestres de alcanzar su sueño de graduarse. Sin embargo, la pobreza amenaza con arrebatarle su futuro. En un intento desesperado, accede a acompañar a su mejor amiga a un club exclusivo, sin imaginar que sería una trampa.

Allí, en medio de luces tenues y promesas vacías, se cruza con Leonardo Santos, un hombre de 49 años, magnate de negocios oscuros, atormentado por el asesinato de su esposa e hijo. Una noche de pasión los une irremediablemente, arrastrándola a un mundo donde el amor es un riesgo y cada caricia puede costar la vida.

Mientras Zaira lucha entre su moral, su deseo y el peligro que representa Leonardo, enemigos del pasado resurgen, dispuestos a acabar con ella para herir al implacable mafioso.
Traiciones, secretos, alianzas prohibidas y un amor que desafía la muerte.

NovelToon tiene autorización de Celina González ♥️ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 25

La tarde del miércoles avanzaba con una lentitud cruel, como si el tiempo mismo conspirara en su contra. El cielo, cubierto por una capa de nubes densas, teñía la ciudad de un gris apagado que se colaba por los ventanales de la oficina de Leonardo. El aire acondicionado zumbaba con monotonía, y sin embargo, el ambiente se sentía cargado, sofocante.

Leonardo llevaba casi una hora encerrado, con el ceño fruncido y los dedos tamborileando con una impaciencia nerviosa sobre la superficie pulida de su escritorio. El cristal temblaba sutilmente con cada golpeteo, como si compartiera su ansiedad.

Tenía reuniones pendientes. Correos sin responder. Una videollamada con un socio turco a las seis. Y aun así, su mente no estaba en ninguno de esos compromisos.

Estaba en ella.

Zaira no había escrito desde el domingo. Y él tampoco.

Al principio pensó que era mejor así. Dejar que las aguas se calmaran. No invadir su espacio. Mantener la distancia que ella necesitaba. Pero cada día sin verla le había ido carcomiendo como una infección silenciosa que no daba tregua.

Un vacío extraño se expandía en su pecho. La necesidad lo punzaba con una rabia muda que no sabía cómo controlar. La imagen de Zaira se repetía como una condena: sus ojos desafiantes, sus labios mordidos por el orgullo, esa forma de caminar con la cabeza en alto incluso cuando el mundo se derrumbaba.

Apretó los dientes. Respiró hondo y tomó su teléfono.

Marcó. Una vez. Dos. Esperó hasta que la llamada se fue a buzón, y la voz robótica anunció lo que ya sabía: ella no quería contestar.

Frunció el ceño. Sus dedos se crisparon sobre el borde del móvil.

Volvió a marcar, esta vez con una mezcla de ansiedad y furia que le trepaba por la garganta. Cuando al fin ella respondió, su voz fue como un golpe seco, directo al pecho.

—¿Qué pasa? Estoy ocupada.

—¿Dónde estás? —preguntó él sin filtro, con voz áspera, cargada de celos—. ¿Por qué no contestabas?

Hubo un silencio breve, cargado, seguido de un suspiro largo y exasperado que lo hizo apretar aún más la mandíbula.

—Estoy trabajando, Leonardo. A diferencia tuya, yo no tengo secretarias ni oficinas con whisky en la mesa. Estoy atendiendo gente.

Su tono era tan cortante que casi lo sintió en la piel.

Leonardo cerró los ojos, frustrado. Apoyó la frente en su mano, dejando escapar un resoplido tenso.

—¿Como que trabajando? Necesito verte. Hoy.

—Hoy es miércoles —replicó ella, con esa calma gélida que lo desquiciaba aún más—. No es día de vernos. Lo sabes.

Y antes de que él pudiera replicar, la llamada se cortó. Seca. Fría. Como si fuera un extraño.

Se quedó mirando la pantalla, inmóvil. La respiración se le hizo más densa, más áspera. Los músculos del cuello se tensaron, y sintió esa punzada familiar detrás de los ojos: rabia contenida. Deseo. Orgullo herido.

No podía. No iba a quedarse quieto.

Se levantó de golpe, echando la silla hacia atrás. Marcelo, su asistente, se asomó a la puerta con cautela, pero Leonardo lo ignoró.

—No me esperes —soltó al pasar, con los labios tensos.

El sonido de sus zapatos golpeando el mármol resonó por el pasillo. Al bajar al estacionamiento, el eco de su frustración parecía seguirlo como una sombra. Subió a su auto negro y encendió el motor con un rugido áspero, como si el vehículo fuera una extensión de su estado emocional.

La ciudad bullía en su rutina cuando llegó a la cafetería. Las calles húmedas por una llovizna temprana brillaban bajo la luz opaca del atardecer. El aroma del café recién hecho se escapaba por las ventanas del local, mezclado con el murmullo de conversaciones y el tintinear de tazas de porcelana.

Zaira estaba adentro. Lo sabía.

La imaginó con ese delantal beige, recogiendo platos, sonriendo a los clientes. Como si no le doliera dejarlo en espera. Como si él no importara.

Escribió el mensaje con los dedos apretando con fuerza el celular:

"Estoy afuera. Ven al auto. O entro por ti."

Desde la barra, Zaira secaba unas tazas con un paño de algodón. Su piel olía a café y jabón de lavanda. Las manos le dolían. La jornada había sido larga, y aún faltaban horas para cerrar.

El teléfono vibró sobre el estante. Al ver el mensaje, el corazón le dio un vuelco.

Lo buscó con la mirada, y ahí estaba. Estacionado al otro lado de la calle, el auto negro brillando como un mal augurio bajo las luces del local.

Apretó el teléfono entre los dedos.

"¿Qué haces, Leonardo? No puedes aparecer así.", escribió rápido.

Pero apenas envió el mensaje, lo vio abrir la puerta. Un pie salió. El aire se le atascó en los pulmones.

Sus compañeras hablaban animadamente, ajenas. Clientes llenaban las mesas. Si él entraba, si cruzaba esa puerta con su presencia imponente y su expresión de tormenta, sería el caos.

Tecleó con urgencia, los dedos le temblaban:

"Ya voy. No salgas del auto."

Leonardo volvió a subir el pie con una sonrisa triunfante y cerró la puerta sin dejar de mirarla a través del cristal.

Zaira se quitó el delantal con torpeza, casi lo arrancó. Caminó hasta la barra y le murmuró a su compañera:

—Necesito salir un momento. Es urgente.

La brisa le golpeó el rostro al salir. Un frescor húmedo que apenas logró calmar el ardor que le subía por la piel.

Al llegar al auto, él bajó la ventanilla. Su mirada estaba encendida, cargada de emociones mal contenidas.

—¿Qué estás haciendo aquí? —le espetó ella sin miramientos.

Él apretó los labios.

—Eso pregunto yo. ¿Qué haces tú aquí? ¿No te alcanzó el dinero que te di?

—Estoy tratando de mantener mi vida en orden, Leonardo —dijo ella con los brazos cruzados—. No todo gira en torno a ti. Tengo que justificar el dinero que me das ante mi madre.

Leonardo no dijo nada por unos segundos. La observó. Sus mejillas coloradas, dos mechones cayendo sobre su frente, los ojos brillando con furia… y algo más. Dolor, tal vez.

—Me haces perder el control —murmuró al fin, con una honestidad que apenas logró contener—. Eres tan condenadamente testaruda.

Zaira tragó saliva. Su cuerpo temblaba, aunque se esforzaba en mantenerse firme.

—Ya vete. No es fin de semana.

—¿Estás molesta?

El silencio cayó entre ambos. Los ruidos de la ciudad seguían su curso: una moto al pasar, risas desde la terraza, el silbido de un vendedor ambulante. Pero entre ellos, todo era tensión.

Zaira dio un paso atrás. No lo miró.

—Te llamo cuando termine —dijo con voz apagada, como si le doliera más de lo que quería admitir.

Leonardo asintió, pero no arrancó. Solo la observó mientras ella se alejaba. Cada paso que daba lo dejaba más vacío. La espalda erguida, la cabeza en alto, como si su decisión no le pesara.

Verla así, molesta, ardiendo por dentro, la hacía más hermosa que nunca.

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Miriam Torres
hermosa historia de amor y unión 👏🏻👏🏻👏🏻
Imacairy Lopez
Hermosa historia, me encanta❤️
Maigualida Saavedra
/Drool/
Cuty Pasetti
muy bien capitulo 🇦🇷
Cuty Pasetti: me gusta
total 2 replies
Leticia Baeza Vazquez
esa murió x ambiciosa y x fácil
Leticia Baeza Vazquez
para empezar fue una estúpida imprudente y pues la ambiciosa obtuvo lo q quería y el karma es malo espero y la escritora haga q la estúpida ya madure
Leticia Baeza Vazquez
esta protagonista si q es buen pendeja y estúpida , ley la gordita del mafioso y nada q ver con esta gran estúpida q Atodo le tiene miedo q no mame la 🍷 gordita aprendió a luchar y a disparar y está pendeja x favor escritora q asco
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor tiene 25 años no es una maldita niña osea q ponga los putos pues en la tierra
Leticia Baeza Vazquez
osea esa pregunta estúpida nunca te as subido a uno cuando ella y contrabajo usa pecero osea no mames escritora con esa pregunta idiota
Flor Perez
yo en lo personal no me gustan las novelas de mafias por algunas que he leído sin embargo esta me tiene atrapada ,simplemente me a gustado muchísimo
Belkis Sioli
deja de llorar, es lo único que sabes hacer???😞😞😞😕😕
Belkis Sioli
más sensata la madre que ella. 😞😞😞👀👀
Belkis Sioli
querida, es lo mejor que te puede pasar, ser la mujer de un mafioso 😅😅😅
Belkis Sioli
porqué la narradora se extiende tanto en cosas que no aportan nada a la historia ??? aburre!!!!
Belkis Sioli
Marcelo y Tatiana quizás!!!🤔🤔🤔🤔
Belkis Sioli
la perdonó porque le salió bien, si era al revés que hubiese hecho???
Belkis Sioli
que cosa cuando se meten en vida ajena.
Belkis Sioli
alejate de esa mina, es muy venenosa 🤔🤔🤔😐😐😐
Belkis Sioli
se supone que se iba por dos días, ya pasaron esos dos días y se queda dos días más????
Belkis Sioli
ni vos te crees eso.😅😅
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