Él tenía el poder. Ella solo quería hacer bien su trabajo.
Maximiliano Blackwood, el poderoso CEO de una de las empresas más importantes de Medellín, jamás imaginó que su nueva asistente personal se convertiría en la única mujer capaz de desestabilizarlo.
Valentina no llegó a su vida buscando amor, mucho menos a su jefe. Pero entre miradas, deseo, celos y una química imposible de ignorar, las reglas comienzan a romperse.
Porque cuando un hombre acostumbrado a tenerlo todo descubre que puede perder el control por una mujer…
ella deja de ser su asistente para convertirse en su mayor debilidad.
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CAPÍTULO 12: LA VIDA QUE ÉL NUNCA ELIGIÓ
El teléfono seguía sonando.
Maximiliano observó la pantalla durante unos segundos antes de contestar.
—Papá.
Valentina permaneció a unos pasos de distancia.
No quería escuchar una conversación privada, pero la expresión de Maximiliano le decía que aquella llamada era importante.
—¿Dónde estás? —preguntó su padre.
—En Bogotá.
—¿Solo?
Maximiliano miró a Valentina.
—No.
Hubo un silencio al otro lado.
—¿Con quién estás?
—Con Valentina. Es mi asistente.
Su padre guardó silencio unos segundos.
—Necesito hablar contigo mañana.
Maximiliano frunció el ceño.
—Estoy ocupado.
—No te estoy preguntando.
—¿Qué ocurre?
—Mañana, Maximiliano.
La llamada terminó.
Él bajó lentamente el teléfono.
Valentina lo observó.
—¿Todo bien?
—Sí.
—No parece.
Maximiliano soltó el aire.
—Mi padre quiere verme.
—¿Es algo grave?
—Probablemente.
Valentina dudó.
—¿Quieres hablar de ello?
Él la miró.
—No suelo hablar de mi familia.
—No tienes que hacerlo.
Maximiliano se quedó observándola.
—Eso es precisamente lo que me gusta de ti.
—¿Qué?
—No me presionas.
Ella sonrió suavemente.
—No quiero hacerlo.
---
A la mañana siguiente, el vuelo de regreso estaba programado para la tarde.
Antes de salir del hotel, Maximiliano recibió otro mensaje.
Papá: No puedes seguir evitando esta conversación. Necesitamos hablar de tu futuro.
Maximiliano bloqueó la pantalla.
Valentina lo notó.
—¿Problemas?
—Mi padre.
—¿Por tu trabajo?
—No exactamente.
—Entonces, ¿por qué?
Maximiliano la miró.
—Quiere que me case.
Valentina abrió los ojos.
—¿Perdón?
—Lo que escuchaste.
Ella soltó una pequeña risa nerviosa.
—¿Tu padre decide con quién te casas?
—Cree que puede decidir muchas cosas por mí.
—¿Y tú?
—Yo no dejo que nadie decida mi vida.
Valentina lo miró en silencio.
—Entonces no entiendo por qué parece preocuparte tanto.
Maximiliano bajó la mirada.
—Porque mi familia espera ciertas cosas de mí.
—¿Como qué?
—Una esposa adecuada. Una familia. Una imagen perfecta.
Valentina sintió algo extraño.
—¿Y tú qué quieres?
Él la miró.
—Quiero elegir por mí mismo.
Sus ojos se encontraron.
—¿Incluso si tu elección sorprende a todos?
—Especialmente entonces.
Valentina no respondió.
Pero comprendió que aquella conversación tenía algo que ver con ella.
---
De regreso en Medellín, todo parecía volver a la normalidad.
Excepto que ya nada era normal.
Durante el resto del día, Valentina estuvo distraída.
Pensaba en la conversación del hotel.
En la cercanía de Maximiliano.
En el casi beso.
Y en una pregunta que no se atrevía a formular:
¿Podría yo ser la mujer que él elegiría?
Intentó concentrarse en el trabajo.
Hasta que recibió una llamada.
—¿Sí?
—Valentina, soy yo.
Era Maximiliano.
—¿Todo bien?
—Necesito que vengas a mi oficina.
—Ahora mismo.
—Sí.
---
Cuando entró, encontró a Maximiliano frente al ventanal.
Tenía las manos en los bolsillos y una expresión seria.
—¿Qué sucede?
Él se giró.
—Mi padre viene mañana.
—¿A Medellín?
—Sí.
—¿Y eso qué significa?
Maximiliano caminó hacia ella.
—Que probablemente quiera conocerte.
Valentina se quedó quieta.
—¿A mí?
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque sabe que viajaste conmigo.
Ella sintió un nudo en el estómago.
—Pero soy tu asistente.
—Lo sé.
—Entonces…
—Mi padre no piensa como nosotros.
—¿Qué quieres decir?
Maximiliano se acercó un poco más.
—Para él, una mujer que viaja conmigo y ocupa un lugar importante en mi vida no es simplemente mi asistente.
Valentina tragó saliva.
—¿Y para ti?
Maximiliano la miró directamente.
—Tampoco.
El corazón de Valentina se aceleró.
—Maximiliano…
—Quiero ser claro contigo.
Él tomó aire.
—No sé qué va a pasar entre nosotros.
—Yo tampoco.
—Pero no quiero esconderte.
Valentina bajó la mirada.
—¿Y si tu familia no me acepta?
—No será decisión de ellos.
—Pero puede complicarlo todo.
—Entonces lo enfrentaremos.
Ella levantó la mirada.
—¿Lo enfrentaremos?
Maximiliano asintió.
—Sí.
La seguridad de su voz la dejó sin palabras.
---
Esa noche, Valentina llegó a casa y se quedó frente al espejo.
No sabía por qué estaba tan nerviosa.
Mañana conocería al padre de Maximiliano.
El padre del hombre que estaba empezando a ocupar un lugar demasiado importante en su corazón.
Se sentó en la cama.
Tomó el teléfono.
Tenía un mensaje.
Maximiliano: No tienes que demostrarle nada a nadie.
Valentina sonrió.
Respondió:
Valentina: ¿Y si me pongo nerviosa?
La respuesta llegó casi inmediatamente.
Maximiliano: Entonces mírame a mí.
Ella leyó el mensaje varias veces.
Y por primera vez se permitió admitirlo:
Maximiliano ya no era solamente el hombre que la atraía.
Se estaba convirtiendo en el hombre en quien confiaba.
---
Al día siguiente, el padre de Maximiliano llegó a Grupo Blackwood.
Era un hombre elegante, serio y acostumbrado a que los demás siguieran sus instrucciones.
Entró en la oficina de su hijo sin anunciarse.
—Maximiliano.
—Papá.
Se estrecharon la mano.
Su padre miró alrededor.
—Quiero conocer a la mujer de la que todo el mundo habla.
Maximiliano frunció el ceño.
—No hay ninguna mujer de la que todo el mundo hable.
Su padre sonrió.
—Entonces no tendrás problema en presentármela.
En ese instante, alguien llamó a la puerta.
—Señor Blackwood, ¿puedo pasar?
Maximiliano reconoció inmediatamente la voz.
Valentina.
Su padre giró lentamente hacia la puerta.
—Adelante.
Valentina entró.
Y en cuanto sus ojos se encontraron con los del padre de Maximiliano, supo que aquella reunión iba a ser mucho más complicada de lo que había imaginado.
El hombre la observó de arriba abajo.
Después miró a su hijo.
Y sonrió.
—Ahora entiendo.
Maximiliano frunció el ceño.
—¿Entiendes qué?
Su padre volvió a mirar a Valentina.
—Por qué has cambiado tanto últimamente.