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La Venganza Silenciosa de la Esposa

La Venganza Silenciosa de la Esposa

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Venganza de la Esposa / Divorcio / Completas
Popularitas:5.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Nadhira ohyver

Tania lo tenía todo: un matrimonio envidiable, una casa perfecta y un amor que creía eterno. Hasta la noche en que descubrió a su esposo cenando con otra mujer.

Cualquiera habría gritado, llorado o suplicado. Tania no hizo ninguna de las tres cosas. Sonrió, guardó silencio y empezó a planear.

Lo que nadie sabía —ni su esposo infiel, ni la amante ambiciosa, ni la familia que la subestimó— era que detrás de la esposa sumisa se escondía una mente brillante capaz de construir un imperio desde las cenizas de su propio matrimonio. Con la ayuda de su mejor amiga y de un hombre misterioso que la admiraba desde las sombras, Tania inicia una transformación silenciosa que la llevará de ama de casa humillada a la mujer más poderosa de la industria.

Pero la venganza es solo el comienzo. Secretos de familia, traiciones corporativas, enemigos implacables y un amor inesperado pondrán a prueba su frialdad legendaria a lo largo de cinco temporadas de intriga, pasión y poder.

Porque la venganza más letal no es la que se grita. Es la que se sirve en silencio.

NovelToon tiene autorización de Nadhira ohyver para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 25

Diego y Tania ya estaban dentro de su habitación. En cuanto la puerta se cerró, el ambiente cargado de expectativa que brillaba en los ojos de Diego se transformó al instante en un campo de batalla gélido ante la mirada de Tania. Una vez a solas, Tania se soltó de inmediato del brazo de Diego, que le rodeaba la cintura, como si se desprendiera de una cadena inmunda.

Diego le retuvo la mano; sus ojos rebosaban esperanza. Intentó atraerla hacia él. Tania lo empujó con suavidad, rechazando la cercanía con un gesto delicado pero inequívoco.

—Diego, disculpa, estoy agotada —murmuró Tania; la voz sonaba dulce, pero cargada de distancia—. Además, no me siento muy bien. Perdona, mejor descansemos.

Los hombros de Diego se desplomaron de golpe. Su rostro dejó al descubierto una decepción imposible de disimular. La ilusión de pasar la noche con Tania después de tanto tiempo se desvaneció sin más.

Diego optó por salir de la habitación. Sus pasos arrastraban el peso de la frustración.

—Descansa tú primero —dijo, con la voz hueca—. Voy a pedirle a mi mamá que me prepare un café.

La puerta se cerró a sus espaldas, y la silueta de Diego desapareció tras ella. Tania exhaló un suspiro largo. Una sonrisa fina, victoriosa, le curvó los labios. Estaba segura de que Diego habría albergado expectativas al verla arreglada esa noche, y la excusa de sentirse mal era el pretexto más infalible para rechazarlo. Lo había fabricado a propósito, para esquivar una intimidad que le resultaba genuinamente insoportable.

Un paso más, pensó, y la sonrisa se le ensanchó.

* * *

Diego regresó a la habitación después de pedirle el café a su madre. Se sentó en el pequeño sofá frente a la mesita de noche, junto a la cama. Contempló a Tania, que aparentemente dormía ya, y tragó saliva con dificultad.

Lo que Diego ignoraba era que Tania solo fingía. Al oír los pasos de él aproximándose, se había recostado con un movimiento ágil y había acomodado su postura de modo que las curvas de su cuerpo resultaran provocadoras.

Ante aquella imagen, Diego volvió a tragar con esfuerzo. El deseo se le había vuelto ingobernable. Dio un sorbo brusco al café, con la mirada clavada en Tania, encendida de lujuria.

Dejó la taza con un golpe seco y se acercó a ella. Sin mediar palabra, se le echó encima y empezó a besarla a la fuerza.

—Diego, ¿qué haces? —Tania simuló sobresalto—. ¡Suéltame!

—Cariño... llevamos mucho tiempo sin hacerlo —insistió Diego; la voz le temblaba de deseo—. Y ahora lo necesito. Te prometo que después no vuelvo a interrumpir tu sueño, mi amor.

Volvió a hundir los labios en el cuello de Tania con avidez.

—¡Diego, para! ¡Suéltame! —Tania lo empujó con fuerza.

—¿Qué te pasa, Tania? —estalló Diego, furioso por el rechazo—. Apenas empiezas a trabajar y ya me tratas así. Si no eres tú la que me satisface, ¿quién va a ser? ¿Quieres que busque satisfacción por otro lado?

—¿De qué estás hablando, Diego? —replicó Tania, fingiendo espanto, aunque por dentro esbozaba una sonrisa triunfal—. ¿Será que todo este tiempo has estado buscando satisfacción por fuera? Porque hace mucho que no me pedías nada.

Diego se paralizó. La ira lo había traicionado; ni siquiera era consciente de lo que acababa de soltar.

—No olvides, Diego, que tenemos un acuerdo prenupcial —prosiguió Tania; su voz se volvió gélida, cargada de advertencia—. Si llego a obtener pruebas de que me fuiste infiel, todo lo que has ganado pasará a ser mío.

—No, cariño, yo no he hecho nada de eso —balbuceó Diego, atropellándose—. No quise decir eso, mi amor.

—¿Que no quisiste decir eso? Tú mismo acabas de hablar de buscar satisfacción por fuera. Solo porque esta noche no puedo atenderte... Estoy en mis días, Diego, ¿cómo pretendes que te atienda? —la voz de Tania se elevó, arrinconándolo sin piedad.

La culpa se apoderó de Diego, junto con el miedo de que Tania empezara a sospechar por las palabras que se le habían escapado.

—Perdóname, cariño, no sabía que estabas en tus días —suplicó, con arrepentimiento genuino en la voz—. Perdona que te haya presionado. Es que esta noche me volviste loco. Lo siento, mi amor... vamos a dormir.

Una vez que la tensión se disipó, Diego se tendió al lado de Tania. Pero los ojos se le quedaron abiertos, fijos en el techo oscuro de la habitación. El deseo que había estallado minutos antes permanecía contenido en el filo, creando una agitación que lo torturaba. Se sentía inquieto; el cuerpo le ardía y un latido punzante le martilleaba la cabeza, consecuencia del ansia insatisfecha.

Giró la cabeza y observó las curvas de Tania, que le daba la espalda. Quería escabullirse en ese mismo instante, ir al cuarto de Farah y encontrar el desahogo que necesitaba. Pero la lógica aún le funcionaba. Demasiado pronto, pensó, irritado. Temía que Tania, siempre perspicaz, despertara y descubriera vacío el lado de su marido en la cama.

Apretando los dientes, se obligó a cerrar los ojos. Cada segundo transcurría lento, asfixiante, mientras el palpitar en sus sienes se intensificaba. Libraba una batalla contra la sed que él mismo se había creado.

El tiempo avanzó con parsimonia hasta que las manecillas del reloj marcaron las dos de la madrugada. La casa entera yacía en un silencio absoluto; solo el tictac del reloj acompañaba la oscuridad. Diego abrió los ojos. Se movió despacio, conteniendo la respiración mientras observaba el ritmo de la de Tania. Cuando estuvo seguro de que dormía profundamente, retiró la sábana con el movimiento más sutil que fue capaz de ejecutar.

Sin hacer ruido, descendió de la cama. Avanzó de puntillas, abrió la puerta de la habitación con extremo cuidado para que las bisagras no chirriaran. Una vez afuera, la cerró de nuevo y caminó a paso rápido hacia el cuarto de huéspedes.

Con el corazón desbocado —mezcla de deseo y terror a ser descubierto—, Diego se deslizó dentro de la habitación de Farah. No advirtió que, en la penumbra del dormitorio principal, un par de ojos se abrieron de par en par apenas la puerta se cerró. Tania no dormía; estaba contando los minutos hacia la ruina de su marido.

Diego soltó un largo suspiro de alivio cuando la puerta del cuarto de Farah quedó bien cerrada a sus espaldas. Aquella seguridad ficticia lo hizo sentirse libre. Sin perder un segundo, se abalanzó sobre la cama, aferró el cuerpo semidormido de Farah y la aprisionó bajo su peso con brusquedad.

Farah se sobresaltó e intentó resistirse, pero el deseo que Diego traía consigo pronto desmoronó sus defensas. Respondió a sus caricias y se dejó arrastrar por el juego de él. Sin embargo, en medio de la pasión que escalaba, una palabra se deslizó de los labios de Diego sin que él lo advirtiera.

—Tania... —susurró con la voz ronca.

La atmósfera del cuarto se congeló al instante. Farah abrió los ojos de golpe; la furia le mordió el orgullo de un zarpazo. Con todas sus fuerzas, empujó el pecho ancho de Diego hasta hacerlo caer a un costado de la cama con un golpe sordo que retumbó en el silencio.

—¡Diego! ¡Eres un descarado! —siseó Farah, la voz contenida pero afilada como una navaja. Respiraba entrecortadamente, el pecho le subía y bajaba mientras luchaba por dominar la rabia—. ¡Abre los ojos! ¡Mira quién está delante de ti! ¡Yo no soy Tania, soy Farah!

Diego hizo un gesto de dolor e intentó recomponer la lucidez que se le había nublado. Se incorporó de inmediato y se acercó a Farah, tratando de tomarle la mano para calmarla.

—Mi amor... perdóname. De verdad no me di cuenta —suplicó con un tono lastimero y calculado. La miró a los ojos, intentando plantar en ellos una mentira nueva—. Es que estoy furioso con Tania. Tengo la cabeza hecha un lío por culpa de su actitud todo el día.

Atrajo a Farah hacia su pecho y le susurró al oído con un desprecio dirigido a su propia esposa:

—Ella no te llega ni a los talones, Farah. Tania es fría, es rígida. Jamás podría darme la satisfacción extraordinaria que tú me das, mi amor.

Al escuchar aquel elogio envenenado, el ego de Farah se infló de nuevo. La furia se evaporó, reemplazada por una sonrisa satisfecha y ladina. Se sintió la ganadora indiscutible de la contienda nocturna.

Mientras tanto, en el dormitorio principal a oscuras, el resplandor tenue de la pantalla del celular iluminaba el rostro de Tania. Estaba reclinada contra la cabecera, observando cada detalle de la escena en el cuarto de huéspedes a través de la aplicación de la cámara oculta.

Al escuchar a Diego compararla con Farah y denigrarla frente a su amante, Tania no lloró. Al contrario, apoyó la cabeza y dejó escapar una risa breve: una carcajada fría, desdeñosa.

—Qué estúpido eres, Diego —musitó en voz baja. Su tono sonaba sereno en extremo, pero letal—. Sigue insultándome delante de ella. Cuanto más hondo te hundas en tus mentiras con esa mujer, más devastadora será la caída de los dos cuando yo tire de la cuerda.

Apagó la pantalla del celular y cerró los ojos con absoluta calma. Esa noche ya había reunido munición de sobra.

Continuará...

1
carina alejandra moreno
que bajo has caido Farah 🤮
carina alejandra moreno
noooo no puede ser tan hdp 😡
carina alejandra moreno
wow wow wow 💘
carina alejandra moreno
vamos Tania con todo!mostrale al imbécil ese la mujeraza que sos y va a perder!💪
carina alejandra moreno
que tipo hipócrita 🤨
Ana Rivera
Le cambiaron el nombre a farah por elena. que pasó
Monica Raquel Martin
vaya yo creo que ya es hora del desenlace, hasta cuando va a esperar
Ginnelle
no sé si soy yo, Pero está novela ya la leí en otro lugar, o tal vez me este equivocando, Pero así como empieza con esa similitud, me hace pensar, otra cosa.
Adarely Garcia
esta interesante, pero ya se hizo muy monótono... cómo puede llevar 7 meses teniendo a esos son en su casa y con todas las pruebas que lleva, no ha hecho nada 😠😬
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