Te daré un millón de dólares por pasar 30 días con tu mujer- dijo con ese tono altanero que lo caracteriza desde el primer día que lo escuche hablar.
Debes estar loco- contesto mi esposo sin dudar un solo segundo.
Acepto- dije recibiendo las miradas de todos los presentes. Quizás nadie lo entendería pero era la única manera de salvarla y darle todo aquello que luego de la operación necesitaría.
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capitulo 25
Toda la noche esperé un mensaje de Nicolás para saber como iba o como había terminado la reunión, en vez de eso llego estresado y nervioso, podía notarlo aun cuando bailaba con Hannah. Como su mirada se perdía mientras conversábamos todos juntos, y el aviso de que alguien lo esperaba volvió a tensar todo su cuerpo, algo no iba bien y podía sentirlo. Él había sido tan maravilloso con nosotras y había hecho tanto que no podía simplemente quedarme viendo como el mismo se hundía en una oscuridad que siendo sinceros esperaba que nunca lo alcanzará.
En cuanto se fueron por la puerta de la cocina hacia el patio trasero, avise que iría al baño y los seguí, lo más alejada posible, pero aun así cerca para no perderlos. Tenía un muy mal presentimiento, una opresión en mi pecho me decía a los gritos que volviera a la casa, que yo no tenía que estar ahí, pero jamás fui muy fiel a mis sentimientos de peligro. Hice caso omiso al latido acelerado de mi corazón y esperé paciente a que los dos que custodiaban la puerta, salieran a ver que era ese ruido proveniente de unas mangueras de agua que en algún momento abrí para distraerlos. Jamás esperaba encontrarme adentro con aquella escena tan horrible. Un grupo de hombres con Nicolás a la cabeza rodeando a una mujer toda golpeada en el piso.
¿Nicolás?- dije con miedo, quizás si sabía lo que él era, pero verlo en vivo y en directo no era algo que hubiese querido. Aunque no podía esperar nada del otro mundo con un mafioso. Donde estaba aquello de que a mujeres y niños no lastimaba, si aquella mujer estaba sangrando en el medio de ellos.
Volteó a verme con una mirada tétrica entre sorprendida y enojada. Se fue acercando despacio a mí y sin pensarlo empece a dar pequeños pasos hacia atrás, él lo noto y freno en seco, sabía que le estaba temiendo.
¿por qué entraste?- entrecerró sus ojos y yo tragaba con dificultad la poca saliva que mi boca poseía.
Yo... yo... lo lamento creí- debería haber seguido mis instintos de supervivencia.
¿Creíste que?- su voz gruesa y profunda me hacía querer salir corriendo del lugar, pero sería inútil, jamás encontraría donde esconderme hasta que se le pase el enojo. Apreté con fuerzas mis manos cerrándolas en puños qué dejaban mis nudillos blancos.
Creí que algo te había pasado y me preocupé- conteste sin mirarlo, no porque el piso me diese una mejor vista, sino porque en serio temía.
No sé en que momento llego hasta mí y me abrazo, podía sentir pequeños temblores qué salían de su cuerpo o quizás del mío, pero él me aferraba contra si con fuerza, evitando que quisiera escaparme.
No tenías que venir, no puedes ver esta parte de mí- me dijo susurrando en mi oído.
En verdad lo lamento- le correspondí el abrazo y parte de mi cuerpo soltó esa pesada carga que sentía.
¿Así que es ella? Había escuchado rumores, pero creía que eran simplemente eso- la voz de esa mujer nos obligó a separarnos. Nicolás me coloco detrás de y ambos pudimos ver que se había levantado del suelo. Su mirada era soberbia a pesar de tener un ojo morado y el labio partido.
Ana- aquel nombre me era familiar, ella era la que había rotó en pedazos el corazón de Nicolás. Lo había escuchado de su madre, pero jamás había querido hablar con el de ella. Verla ahí parada me hacía sentir pequeña, ella era muy hermosa debajo de aquellos moretones que tenía -vete- la frialdad con la que él le respondía ¿quizás aún tenía sentimientos por ella?
Sabía que eras despiadado, pero esto me deja muy sorprendida. No te tenía tan así- sus palabras no las entendía ¿a qué se refería? Ella a mí no me conocía como para decir cosas así.
Cállate y vete- el grito me dejo en shock, estaba realmente enojado. Sus hombres sacaron las armas y apuntaron contra ella. Abracé su espalda y susurré un basta por favor que creí que jamás escucho.
Se giró para verme y levanto mi mentón para que lo viese, me beso de una forma demandante. Nos separamos por falta de aire y él miró de reojo a Guillermo quien estaba expectante a sus órdenes como siempre. El solamente cabeceo ante la señal y salimos de aquella cabaña con dirección a la casa, un trayecto que hicimos en profundo silencio pero tomados de las manos.
Ya dentro de la casa me dejo en la cocina y se fue, aunque el camino que tomó no era para retornar a la cabaña, sino hacia su despacho. Una vez sola puse mi mano en mi pecho para evitar que mi corazón siguiera latiendo con tanta fuerza y suspire. Mis ojos se llenaron de lágrimas aunque no sé si por miedo o por tristeza.
Estuve un buen rato sentada en una silla, supongo que Maria o Magdalena estaban con Hannah, aunque no sé que hora era suponía que ya estaba dormida. No sabía si subir a mi habitación o ir a hablar con él para poder aclarar varias cosas. En verdad fui porque está preocupada, pero al final parece que me metí donde no debía.
Luego de un rato me arme de valor y decidí ir a verlo. En cada escalón mis pies se hacían más pesados, pero igual me daba ánimos para seguir adelante, teníamos que arreglar esto. Fui hasta el escritorio y golpee la puerta, pero para mi sorpresa nadie respondió, así que junte todo mi coraje y gire la perilla. la oscuridad del lugar era profunda, iba a irme cuando note un bulto sobre el sillón. Se había quedado dormido y parecía tan apacible en ese momento que creí que acercarme era una buena idea así que lo hice, me arrodille a su lado y acaricie sus cabellos. Estaba por irme cuando su mano tomó con fuerza la mía y me tiro hacia él, dejándome acostada sobre su cuerpo. Cuando levante la vista ahí estaba mirándome con esos mismos ojos de depredador que acaba de atrapar a su presa. Aunque esta vez yo tomé la delantera, acerque de a poco mis labios a los suyos y lo bese, con la misma intensidad que él lo hacía conmigo. Demostrándole que yo también tenía sentimientos por él y rogando que fuesen correspondidos.