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Tentaciones Prohibidas

Tentaciones Prohibidas

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance / Amor de la infancia
Popularitas:17.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Yance

El destino vuelve a reunirlos bajo el mismo techo, pero nadie sabe qué traerá consigo este reencuentro.
¿Encontrará Emma a alguien capaz de comprender su corazón?
¿Descubrirá que el amor puede llegar cuando menos lo espera?
¿O será una tentación inesperada la que ponga su mundo de cabeza?
En esta historia, nada está escrito todavía. Los sentimientos crecerán, los secretos saldrán a la luz y las decisiones de sus protagonistas irán marcando el rumbo.
Porque a veces, el corazón desea algo que la razón no sabe explicar… y la vida nos enfrenta a elecciones que jamás pensamos tener que hacer.
Bienvenidos a Tentaciones prohibidas.

NovelToon tiene autorización de Yance para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La ausencia que pesa

El aeropuerto estaba lleno de abrazos, promesas y despedidas.

Emma intentaba sonreír mientras su familia se turnaba para abrazarla. Isabella le acomodaba un mechón de cabello detrás de la oreja; Alessandra le recordaba que debía llamarlas al llegar; Daniela le exigía fotos de todo lo que hiciera, y Nicolás se aferraba a su cintura, negándose a soltarla.

—No quiero que te vayas —protestó el pequeño.

Emma se agachó para quedar a su altura y le acarició las mejillas.

—Mi amor, tengo que volver a estudiar. Pero te prometo que hablaremos todos los días.

—¿Todos los días de verdad?

—Todos los días de verdad.

Nicolás la abrazó otra vez y Emma cerró los ojos, tratando de guardar aquel instante en su corazón.

Alessandro esperaba su turno. Cuando por fin la tuvo frente a él, le tomó el rostro entre las manos y le dio un beso en la frente.

—Estoy orgulloso de ti, ¿lo sabes?

Emma sonrió con los ojos brillantes.

—Te voy a extrañar muchísimo.

—Y yo a ti, hija. Pero quiero que vayas, sigas aprendiendo, conozcas el mundo y te conviertas en la mujer que sueñas ser. No tengas miedo de perseguir tus sueños.

—Te amo, papá.

Alessandro la estrechó entre sus brazos.

—Y yo te amo más de lo que algún día podrás imaginar.

Aunque no compartían la misma sangre, aquel hombre había ocupado un lugar irremplazable en su vida. Para Emma, Alessandro era familia en el sentido más profundo de la palabra.

Isabella también la abrazó, prometiéndole que pronto encontrarían la manera de visitarla. Elena y Vittorio le dieron sus últimas bendiciones.

Todos estaban allí.

Todos, menos Leonardo.

Emma intentó disimular su decepción, pero no pudo evitar mirar una vez más a su alrededor.

—¿Y León? —preguntó, procurando que su voz sonara despreocupada.

Alessandro se encogió de hombros.

—Dijo que tenía un compromiso. Ya sabes cómo es con sus asuntos de trabajo.

Emma bajó la mirada por un instante.

—Ah, sí. Claro.

No preguntó más. No quería que nadie notara la pequeña herida que le había provocado su ausencia.

Elena, sin embargo, permaneció callada.

Conocía demasiado bien a su hijo. Leonardo podía tener mil defectos, pero no solía perderse las despedidas familiares, mucho menos una que involucrara a Emma.

Y aquella excusa no terminaba de convencerla.

—Princesa —dijo Alessandro, abrazando a Emma una última vez—. Es hora.

Emma respiró profundamente, tomó su equipaje de mano y comenzó a caminar hacia el control de seguridad.

Antes de desaparecer, se volvió y agitó la mano.

Su familia respondió con sonrisas y gestos de despedida.

Ella les sonrió hasta que ya no pudo verlos.

Y entonces, cuando nadie podía observarla, las lágrimas resbalaron por sus mejillas.

No lloraba solamente porque se marchaba de casa.

Lloraba porque una parte de ella se quedaba allí.

Con un hombre que ni siquiera había sido capaz de ir a despedirla.

---

Leonardo, mientras tanto, estaba muy lejos del aeropuerto.

En su departamento.

Solo.

Se había marchado temprano con la excusa de un compromiso impostergable. La verdad era mucho más sencilla y, al mismo tiempo, mucho más difícil de admitir.

No podía verla partir.

No podía abrazarla, besarle la frente y desearle un buen viaje como si nada hubiera sucedido.

Porque, después de aquel beso en el jardín, fingir que Emma era solamente la joven a la que había visto crecer se había convertido en una tortura.

Al llegar a su apartamento, se quitó la camisa, dejó las llaves sobre una mesa y entró al baño.

Se duchó durante varios minutos, intentando despejar su mente.

No funcionó.

Se vistió con ropa cómoda, se acostó y permaneció mirando el techo.

Cinco minutos después, se levantó.

Caminó hasta la cocina, abrió la nevera y volvió a cerrarla sin sacar nada. Después, revisó el teléfono.

¿Qué esperaba?

¿Que Emma le escribiera después de lo que había ocurrido entre ambos?

Soltó una risa amarga y dejó el teléfono sobre el sofá.

—¡Maldita sea! —murmuró.

Pidió comida a domicilio, aunque no tenía hambre. Cuando llegó el repartidor, recibió la bolsa, la dejó sobre la mesa y abrió una botella de whisky que guardaba para ocasiones especiales.

Aquella noche no tenía nada que celebrar.

Bebió un primer trago, después, otro Y otro más.

La comida permaneció intacta.

Leonardo caminaba de un extremo al otro del apartamento, se sentaba, volvía a levantarse y revisaba el teléfono como si esperara que una llamada pudiera resolver el caos que llevaba dentro.

A las once y media, la botella estaba casi por la mitad.

A medianoche, Leonardo seguía sin encontrar un lugar donde sentirse en paz.

Se dejó caer en el sofá y se cubrió el rostro con ambas manos.

Emma.

Su sonrisa.

Sus ojos.

La forma en que se mordía el labio cuando estaba nerviosa.

Las conversaciones interminables. Las bromas. Los abrazos que antes no significaban más que cariño y que ahora su memoria se empeñaba en reproducir de otra manera.

Y después, el jardín.

La confesión.

El beso.

Cerró los ojos con fuerza.

—¿Qué hiciste, Leonardo? —se preguntó en voz alta.

Un golpe en la puerta lo hizo levantar la cabeza.

Frunció el ceño.

¿Quién demonios aparecía a esa hora?

Se puso de pie con dificultad y caminó hasta la entrada. Al abrir, encontró a Matteo Ricci, su socio, su amigo y uno de los pocos hombres a los que consideraba un hermano.

Matteo lo observó de arriba abajo.

Matteo era el mejor amigo de Alessandro y también de Leonardo, había crecido juntos y a pasar de que Matteo era mayor que Leonardo era una ficha importante en su vida, era como su hermano.

Mateo estaba casado con Sofía y tenía un hijo llamado Thiago de 13 años de edad, era feliz, pero reconocía que los Moretti podían ser insoportables.

Matteo miró el interior del apartamento.

La comida intacta. Los vasos sobre la mesa. La botella abierta. Los cojines en el suelo.

Finalmente, volvió a mirar a Leonardo.

—¿Qué carajos pasó aquí?

Leonardo se encogió de hombros.

—Nada.

Matteo arqueó una ceja.

—Ni que fuera pez.

Entró sin esperar invitación, cerró la puerta y dejó las llaves sobre la mesa.

—Hermano, tienes una cara espantosa. ¿Estás enfermo?

—No.

—¿Problemas en la empresa?

—No.

—¿Te peleaste con alguien?

—No, Matteo.

—Entonces, ¿qué demonios te pasa?

Leonardo lo miró durante unos segundos.

—No sé.

La respuesta, pronunciada con una sinceridad tan desarmante, hizo desaparecer parte del enojo de Matteo.

Suspiró, se remangó la camisa y comenzó a recoger el desorden.

—Está bien. Primero vamos a organizar este desastre y después me cuentas qué te tiene así.

—No hay nada que contar.

—Perfecto. Entonces puedes ayudarme a recoger.

Leonardo intentó agacharse para levantar un vaso, pero perdió ligeramente el equilibrio.

Matteo lo sujetó del brazo.

—¡Por Dios, Leonardo! ¿Cuánto has bebido?

—No tanto.

Matteo miró la botella.

—¿Quieres que te crea o prefieres que llame a un médico para que venga a comprobar cuántas neuronas te quedan?

Leonardo soltó una carcajada sin gracia.

—Siempre tan dramático.

—Y tú siempre tan idiota cuando te propones serlo.

Matteo dejó de bromear al darse cuenta de que Leonardo apenas podía mantenerse en pie.

Después de comprobar que estaba consciente y respondía a sus preguntas, lo ayudó a sentarse en un lugar seguro, lejos de la botella y de cualquier objeto con el que pudiera lastimarse.

—Quédate quieto —le ordenó—. Y no se te ocurra levantarte solo.

Leonardo no respondió.

Tenía los ojos cerrados, pero su mente estaba muy lejos de aquel apartamento.

Estaba en el jardín.

Veía a Emma frente a él, con los ojos brillantes y la voz temblorosa.

Te amo. Siempre te he amado.

Recordó la manera en que había intentado convencerla de que estaba confundida. Recordó cómo ella lo había mirado, como si aquella respuesta le rompiera el corazón.

Y luego, el beso.

Su sorpresa inicial.

La cintura de Emma entre sus manos.

La forma en que había terminado correspondiéndole, olvidándose durante unos segundos de todas las razones por las que no debía hacerlo.

Después, su propia voz, fría y cobarde, diciéndole que esperaba que no volviera a suceder.

Leonardo apretó los ojos.

También recordó el día siguiente, cuando la había visto en la playa y había fingido que tenía una llamada para evitar acercarse a ella.

Recordó la tristeza en sus ojos y sus últimas palabras.

Voy a intentar encontrar mi propio rumbo.

—Emma… —susurró.

Matteo, que estaba a su lado, dejó de recoger las cosas Que había apartado del suelo.

—¿Qué dijiste?

Leonardo no respondió.

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1
Yaz
definitivamente Leonardo es en caramelo, pero celoso como cualquier mortal 😉😉😉
Ana Elena Jiménez
supongo que con lo que hizo valentía quedó marcado y sus celos empeoraron pero caray para como lo pinta Camila,y se lo aguanto cinco años 🤷🤷🤷 además en ese momento ella era bastante liberal
Yura Ran: celoso y mala cama... no lo creo. porque lo cornean 😁
total 1 replies
Ana Elena Jiménez
exacto
Ana Elena Jiménez
yo digo que son inofensivos, eso espero😬😬🤭🤭
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja si un poquito 🤭🤭
Ana Elena Jiménez
después de una cuerneada , cualquiera puede volverse desconfiado 😬😬
Ana Elena Jiménez
😬😬😬😬
Ana Elena Jiménez
un beso accidental pero deseado 🤭🤭
Ana Elena Jiménez
😬😬😬🤭🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
🤭🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
qué lindo 🥰🥰🥰🥰al estilo de los tiempos de antes cuando los noviazgos eran a escondidas 🤭🤭
Ana Elena Jiménez
🤭🤭🤭🤭
Betty Saavedra Alvarado
Los hombres son celosos por naturaleza Leo no es la excepción Vale lo engaño de la peor manera Camila no le aguanto su carácter
Ana Elena Jiménez
😮😮🤭🤭
Yura Ran: 😁🤪😍 ok Dios mio co.o se van aportar de besitos?
total 1 replies
Ana Elena Jiménez
ella si te entiende a la perfección 🥺🥺
Ana Elena Jiménez
bueno Leo a ponerse la diez, mueve los contactos que sea pero que esos miserables paguen,, porque me imagino que a eso se dedican 😡😡😡😡
Ana Elena Jiménez
ese es el verdadero apoyo 🫶🫶
Ana Elena Jiménez
así es 🥺🥺
Ana Elena Jiménez
🥺🥺🥺tú tienes personas que te aman y están dispuestas a buscarte ayuda profesional
Ana Elena Jiménez
🥺🥺🥺🥺pobre lenna, esos infelices tienen que pagar por lo que le hicieron
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