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DURA DE MATAR : LA VERDADERA HEREDA REGRESA

DURA DE MATAR : LA VERDADERA HEREDA REGRESA

Status: En proceso
Genre:Mujer poderosa / Reencuentro
Popularitas:774
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

A los cinco años, Elena Vega sobrevivió al intento de asesinato de su madre adoptiva tras la aparición del Sistema Dura de Matar. Esta interfaz le otorga datos tácticos, alertas de riesgo y a "Ratón Mayor": la encarnación física del sistema, un roedor con quien se comunica mentalmente para analizar venenos sin parecer loca.
​Dieciocho años después, Elena regresa a la mansión Montenegro a reclamar su lugar como la verdadera heredera. Pero Camila, la falsa heredera, orquesta sabotajes y contrata sicarios para eliminarla.
​Guiada por la lógica de su sistema, Elena desmantela cada trampa mientras Mateo, su atolondrado hermano biológico, absorbe sin querer los atentados como su "escudo humano" involuntario. ¿Podrá la impía rival salirse con la suya o sucumbirá ante la estratega más implacable?

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El menú especial y la prueba del ratón

El sol matutino apenas comenzaba a iluminar la mansión Montenegro cuando Elena ya llevaba despierta tres horas. Había completado su rutina de inspección del perímetro, revisado los tres sensores tácticos que instaló en la ventana de su pequeña habitación de la planta baja y ajustado la funda de su cuchillo bajo la cinta del pantalón.

En el comedor principal, la mesa estaba servida con un banquete digno de la realeza: vajilla de porcelana fina, jarras de jugo fresco, panecillos recién horneados y una sopera de plata humeante.

Don Fernando leía el periódico al cabezal de la mesa, Doña Rosa decoraba los platos con esmero y Camila, vestida con un impecable conjunto pastel, servía el té con una sonrisa angelical.

—¡Buenos días, familia! —canturreó Camila con voz melodiosa, colocando un tazón de sopa especial frente al asiento vacío de Elena—. Madrugué para ayudar a los cocineros a preparar una receta tradicional. Es para reconfortar a Elena después de todo el estrés de ayer.

—¡Qué detalle tan hermoso, Camila! —suspiró Doña Rosa, juntando las manos—. Siempre tan dulce y atenta.

En ese momento, Elena entró al comedor a paso tranquilo, vistiendo su habitual ropa cómoda y con la mochila ligera al hombro. Detrás de ella venía Mateo, arrastrando los pies y masticando una tostada con cara de pocos amigos.

—Buenos días —saludó Elena, deteniéndose a dos metros de la mesa.

[¡ADVERTENCIA DEL SISTEMA!] [Detección de sustancias: Alta. Objeto analizado: Tazón de sopa de la derecha. Presencia de compuesto altamente tóxico (derivado de arsénico/cianuro en dosis concentradas). Dosis estimada: Letal para 30 personas. Probabilidad de envenenamiento tras consumo: 100%.]

—«¡Atención, Elena!» —chilló la voz de Ratón Mayor en su mente, asomándose sigilosamente desde el bolsillo de su chaqueta para olfatear el aire con furia—. «¡Esa sopa huele a laboratorio clandestino! ¡La Falsa Heredera le puso veneno suficiente como para extinguir a toda la servidumbre de la casa!»

—Elena, querida, ¡siéntate! —dijo Doña Rosa entusiasmada—. Camila preparó esta sopa especial para ti con muchísimo amor. Pruébala mientras está caliente.

Elena ladeó la cabeza, miró el tazón humeante, luego miró a Camila y finalmente sonrió con una ironía helada.

—Agradezco el gesto, pero la ciencia manda por sobre los buenos sentimientos —respondió Elena con total serenidad.

De su bolsillo, Elena sacó una aguja de plata esterilizada y, ante la mirada atónita de todos, la sumergió directamente en el centro del tazón de sopa.

—¿Q-Qué estás haciendo? —preguntó Camila, dando un leve respingo mientras la bandeja de té en sus manos le temblaba ligeramente—. ¿Acaso... acaso sospechas que la comida de la casa está mal?

Elena sacó la aguja. La punta de plata se había vuelto completamente negra.

—La plata reacciona al contacto con toxinas y sulfuros de alta concentración —explicó Elena, mostrando la aguja oscurecida—. Dosis letal promedio de arsénico: 0.1 gramos. Dosis de cianuro: 50 miligramos. Este plato alcanza para matar a treinta personas juntas.

Mateo, que justo le había dado un gran mido a su tostada, se quedó congelado a mitad de masticar. Abrió los ojos como platos, escupió el pedazo de pan de regreso al plato y comenzó a tosiquear desesperadamente.

—¡Agh! ¡Cielos! ¡Me estoy ahogando! —dijo Mateo, agarrándose la garganta.

—¡Mateo, por Dios! —gritó Doña Rosa corriendo a darle palmaditas en la espalda—. ¡Es solo pan! ¡No asustes a tu madre!

—¡Pero la aguja se puso negra, mamá! —balbuceó Mateo entre tosidas, señalando a Elena—. ¡Nos están envenenando en el desayuno!

—¡Es una coincidencia! —se apresuró a exclamar Camila, llevándose las manos al pecho mientras sus ojos se llenaban de lágrimas instantáneas—. La plata reacciona con el azufre natural de los ingredientes... ¡Seguro fue el ajo o las verduras! Hermana, ¿cómo puedes ser tan desconfiada y romperle el corazón a mamá? ¡Yo lo hice con amor!

Don Fernando dejó el periódico sobre la mesa y carraspeó con autoridad.

—Camila tiene razón, Elena. La aguja de plata no es un método infalible en la cocina moderna. No puedes acusar a la familia de intentar matarte solo por un truco de química elemental.

Elena los miró a todos con una paciencia infinita.

—¿Truco de química? De acuerdo. Como la práctica es la única prueba irrefutable de la verdad, hagamos un control experimental —dijo Elena con una sonrisa divertida.

Con suma delicadeza, Elena metió la mano en su mochila y sacó a Ratón Mayor, colocándolo sobre la mesa de madera. El roedor gris se sacudió los bigotes, miró el tazón de sopa y luego miró a la familia Montenegro.

Mateo se agarró la cabeza con ambas manos, mirando al animal desorbitado.

—¡¿De dónde diablos sacaste un ratón?! —gritó Mateo—. ¡Elena, trajiste un ratón callejero a la mesa del desayuno!

—No es un ratón callejero —corrigió Elena tranquilamente—. Es mi empleado de prueba de venenos a tiempo parcial. Si sobrevive al turno de hoy, le daré seguro médico y prestaciones.

—¡Estás loca, Elena! —exclamó Camila, retrocediendo un paso con asco falso—. ¡Eso es insalubre y aterrador!

—Ven, Ratón Mayor, a trabajar —ordenó Elena.

Con un movimiento coordinado, Elena tomó una cucharadita de la sopa y colocó una sola gota cerca del roedor. Ratón Mayor lamió la gota con fingida curiosidad, dio tres pasos tambaleantes sobre la mesa, emitió un chillido dramático y se echó de espaldas con las cuatro patas hacia arriba, haciéndose el muerto a la perfección.

El silencio en el comedor fue catastrófico.

Mateo se quedó petrificado mirando al ratón tieso. Don Fernando abrió la boca sin saber qué decir. Doña Rosa se llevó ambas manos a la boca, aterrorizada.

Camila, por su parte, se puso tan pálida que parecía a punto de desmayarse de verdad.

—El... el ratón ya debía estar enfermo —balbuceó Camila con la voz temblorosa—. ¡Los animales de la calle vienen plagados de infecciones! ¡Fue una coincidencia!

Elena suspiró, negó con la cabeza y miró a su hermano.

—Mateo, con la lógica de Camila, en una serie de televisión no pasarías del capítulo uno. ¿Creen que no tengo un grupo de control doble ciego? La ciencia exige rigor.

Elena volvió a meter la mano en su bolso y sacó a un segundo roedor idéntico (Ratón Junior).

—¡¿Tienes un zoológico ahí dentro?! —chilló Mateo, al borde del colapso nervioso.

Elena le dio a probar una gota de jugo de naranja al segundo ratón, el cual bebió alegremente y siguió caminando sin ningún problema.

—Ratón uno: Sopa especial de Camila \rightarrow Muerte inmediata. Ratón dos: Jugo común \rightarrow 100% saludable. Pruebas irrefutables.

Don Fernando se puso de pie de golpe, haciendo chocar su silla contra el suelo.

—¡Javier! —rugió el patriarca hacia el mayordomo—. ¡Tira toda la comida de la mesa ahora mismo! ¡Cierra la cocina y reúne a todo el personal de servicio para una investigación inmediata!

—¡Sí, Don Fernando! —respondió el mayordomo, corriendo a retirar los platos con manos temblorosas.

Doña Rosa comenzó a hiperventilar, mirando la sopa envenenada con horror.

—¡Pensar que alguien en esta casa intentó envenenar a mi familia! —sollozó Doña Rosa, cayendo de rodillas junto a Camila—. ¡Hija mía, qué bueno que Elena descubrió esto a tiempo o habríamos muerto todos!

Camila, apretando los dientes con una rabia asesina que apenas podía contener detrás de sus lágrimas, tuvo que asentir torpemente.

—S-Sí, mamá... Qué bueno que Elena... es tan 'precavida'...

Elena tomó a Ratón Mayor de la mesa (quien disimuladamente le guiñó un ojo mientras volvía a su bolsillo) y se ajustó la mochila.

—Bueno, ya que se canceló el desayuno, voy a darle a mi empleado un funeral digno y a revisar las tuberías de agua —anunció Elena caminando hacia la salida—. Por cierto, a partir de hoy, planearé una cadena sostenible de roedores probadores de veneno para la mesa Montenegro. Cada plato tendrá su propio control de calidad.

Mateo la miró alejarse, luego miró la mesa vacía y finalmente se dejó caer en su silla con cara de trauma.

—¿Qué familia normal come con un escuadrón de roedores de prueba en la mesa? —murmuró Mateo para sí mismo.

—Los Montenegro a partir de hoy, hermanito —respondió la voz de Elena desde el pasillo, con una risita sarcástica—. Bienvenidos a la zona de supervivencia.

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