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El Detective Del Sistema: Hilos De Honor

El Detective Del Sistema: Hilos De Honor

Status: En proceso
Genre:Aventura / Mafia / Hijo/a genio
Popularitas:214
Nilai: 5
nombre de autor: Isa Yguaro

En un mundo donde la justicia se vende al mejor postor, un héroe se forja en el dolor y la integridad.
Leonardo solo buscaba aliviar la pobreza de su hogar al ingresar a la Academia de Policía. Sus padres, guiados por una honestidad inquebrantable, le enseñaron que la dignidad no tiene precio, mientras su hermana menor, Mia, soñaba con vestir al mundo con sus propios diseños. Pero cuando un sistema misterioso de recompensas despierta en él para guiar su camino, la tragedia golpea sin piedad: una red de trata le arrebata a Mia, dejando una herida imposible de cerrar. Entre conspiraciones de poder, un amor sanador y una cacería sin tregua, luchará por aplastar la corrupción desde la raíz y convertir los sueños de su hermana en un legado inmortal.
¿Podrá un solo hombre derribar a todo un imperio criminal sin perder su propia alma?

NovelToon tiene autorización de Isa Yguaro para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11: La aceleración del talento

El regreso al recinto militar tras el breve receso de mitad de año marcó el inicio de la fase más exigente de la carrera: la etapa de entrenamiento avanzado. Las instalaciones de la academia habían dejado atrás la teoría básica para sumergirse en la disciplina pura de la supervivencia y el combate urbano. En la galería de tiro subterránea, el aire era denso, impregnado del olor acre de la pólvora quemada, el calor de los casquillos expulsados y el aroma penetrante del aceite de limpieza de las armas. El estruendo rítmico de los disparos retumbaba contra las paredes de concreto, creando un ambiente de presión psicológica constante.

A diferencia de sus compañeros, cuya concentración fluctuaba bajo el peso del estrés, el sudor y la prisa impuesta por el cronómetro de la instrucción, Leonardo encaraba cada ejercicio con una serenidad casi gélida. Mientras los demás luchaban por controlar la respiración y estabilizar el pulso, el cuerpo de Leo reaccionaba con la precisión impecable de un mecanismo de relojería. Su percepción visual y neuromuscular, afinada por los atributos acumulados a través de su interfaz, le permitía procesar cada evento circundante como si el tiempo redujera drásticamente su velocidad. Podía contar la cadencia de los casquillos cayendo al suelo y calibrar el microimpacto del retroceso sobre sus hombros antes de ejecutar el siguiente disparo.

En la línea de tiro, la figura de Leo permanecía inmóvil, integrada casi orgánicamente con el fusil de asalto reglamentario. A través de la lente de su ojo derecho, una serie de líneas reticulares de tono ámbar trazaron el microajuste de la distancia, la densidad del aire y la oscilación involuntaria de sus músculos:

[SISTEMA DE PUNTERÍA TÁCTICA ACTIVADO]

Distancia al objetivo:50 metros.Frecuencia cardíaca:52 BPM (Estabilidad óptima).Alineación del cañón:99.8% (Compensación micro-muscular automática).Con una cadencia matemática, Leo presionó el disparador diez veces. El estruendo en su cabina fue continuo, pero limpio.

El sargento Vargas, un veterano de cicatrices marcadas y mirada impenetrable, caminaba lentamente tras la línea de tiradores observando los blancos de papel desplegados sobre los rieles. La mayoría de los cadetes presentaban agrupaciones dispersas, marcadas por el apresuramiento. Sin embargo, al llegar a la posición de Leo, el instructor se detuvo en seco.

La cartulina de Leonardo no mostraba una ráfaga repartida por la silueta humana. En el centro exacto del círculo rojo de la zona vital, había únicamente un único orificio desgarrado de bordes irregulares. Diez proyectiles de calibre militar habían cruzado, uno tras otro, exactamente por el mismo punto, perforando el papel con una consistencia físicamente improbable para un cadete en formación.

El sargento Vargas bajó la mirada hacia el blanco y luego la dirigió hacia Leo, examinando la cartulina y al joven con una mezcla de profundo asombro y velada desconfianza.

—Precisión quirúrgica, Moreno —comentó Vargas, rozando con el pulgar el borde chamuscado del único impacto en el papel—. Un tirador de élite tarda años de operaciones reales en conseguir este tipo de agrupación bajo presión de tiempo. ¿Dónde demonios aprendiste a fijar la vista y mantener el pulso de esa manera?

Leo sostuvo la mirada del instructor sin pestañear, manteniendo la postura erguida y la respiración pausada.

—En la mesa de mi madre, sargento —respondió Leo con una calma absoluta que cortó el murmullo de la galería—. Quien aprende desde niño a enhebrar una aguja de seda con luz tenue y las manos frías, no pierde de vista su objetivo cuando tiene un arma en las manos.

Vargas lo observó durante unos segundos en silencio, buscando algún rasgo de arrogancia o vacilación en sus facciones. No encontró ninguno. Tras un asentimiento rígido, el sargento anotó la calificación máxima en su libreta de campo y continuó su marcha a lo largo de la línea, dejando tras de sí un aura de murmullos entre los demás cadetes.

Horas más tarde, la noche cayó sobre el complejo militar. En la soledad y el silencio del pabellón de dormitorios, mientras el resto de la promoción descansaba exhausto tras la jornada de instrucción, Leo permanecía sentado al borde de su litera. En la penumbra del recinto, la interfaz azul cian se desplegó silenciosamente ante sus ojos, proyectando la actualización de sus capacidades:

[ACTUALIZACIÓN DE ESTADO Y ATRIBUTOS]

Atributo Alcanzado:Reflejos Motores Avanzados (Nivel 2).Habilidad Pasiva Integrada:Tiro de Aptitud Máxima (Elimina la desviación por temblor involuntario y reduce el tiempo de reorientación de blanco a 0.05 segundos).Puntos de Mérito Acumulados:220 Puntos.Leo contempló los datos que flotaban en el aire y cerró la interfaz con un leve gesto con la cabeza. A diferencia de lo que podría ocurrirle a cualquiera de sus compañeros, cada mejora registrada en su organismo no alimentaba su ego ni le provocaba satisfacción personal; por el contrario, aumentaba su sentido de la responsabilidad.

El recuerdo del altercado en el barrio durante el receso, la mirada aterrorizada de los extorsionadores y la promesa hecha a su hermana Mía bajo el cielo estrellado resonaron en su mente. Sabía muy bien que las calles de la ciudad no perdonaban la debilidad ni daban segundas oportunidades. Su instinto más profundo le advertía que la verdadera prueba no estaría en las galerías de tiro ni en las aulas climatizadas de la academia, sino en el mundo real, donde las habilidades que estaba ganando pronto tendrían que defender la vida de los suyos contra la sombra que acechaba en la oscuridad.

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