Sinopsis: Enamorado de la mejor amiga de mi mamá
Kaleth Giraldo nunca imaginó que terminaría enamorándose de Estefanía Holguín, la mejor amiga de su mamá. Desde que era pequeño, la conocía como tía Estefanía, una mujer especial que siempre había estado presente en su vida. Sin embargo, los años pasaron y sus sentimientos comenzaron a cambiar, convirtiéndose en un amor que jamás pensó experimentar. Ahora, Kaleth tendrá que encontrar el valor para confesarle lo que siente, arriesgándose a cambiar la relación entre sus familias. Estefanía nunca imaginó que aquel niño que la llamaba tía crecería y la miraría con otros ojos. ¿Podrá el amor superar los prejuicios, las dudas y los secretos que amenazan con separarlos para siempre?
NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
### Capítulo 24: Una confesión inesperada
POV: Kaleth Giraldo
Seis meses después…
Estudiar en Japón no había sido nada fácil, parce. Al principio pensé que lo más complicado sería acostumbrarme a vivir solo en Tokio, pero estaba equivocado. Lo verdaderamente difícil era estudiar en un colegio donde casi todo estaba escrito en japonés.
Aprender a hablarlo era una cosa; aprender a escribirlo era otra completamente diferente. Tenía que estudiar hiragana, katakana y un montón de kanji que parecían no acabarse nunca.
—¡No, juepucha! ¿Por qué esta letra tiene tantas rayitas? —me quejé una tarde, sentado frente a mi escritorio—. Ve, yo creo que voy a terminar escribiendo mi nombre en chino, japonés y hasta en marciano.
Llevaba casi una hora intentando completar una tarea cuando escuché que tocaron la puerta de mi apartamento.
Era Hina.
Desde que nos conocimos, se había convertido en una de las personas más importantes de mi vida en Japón. Siempre estaba pendiente de mí, me preguntaba si había comido y, cuando sabía que tenía dificultades con alguna materia, se ofrecía a ayudarme.
Abrí la puerta y ahí estaba ella, con sus cuadernos abrazados contra el pecho.
—¡Kaleth! こんにちは!¿Puedo entrar? Yo traer apuntes para estudiar contigo.
—¡Hágale, pues! Pasá, que este japonés me va a volver loco, ve.
Hina soltó una carcajada y entró al apartamento. Se sentó a mi lado, abrió sus cuadernos y comenzó a explicarme cómo escribir algunos caracteres.
—Mira, Kaleth. Primero tienes que hacer esta línea y después esta otra. No puedes escribirlas en cualquier orden.
—¿Y vos cómo hacés para acordarte de todo eso, muchacha? Yo me aprendo uno y cuando voy por el segundo ya se me olvidó el primero.
—¡No seas exagerado! Tú ser inteligente. Solo necesitas practicar más.
—¿Inteligente yo? Hina, no me hagás reír, que llevo veinte minutos escribiendo el mismo carácter y todavía me sale torcido.
Ella se acercó a mi cuaderno y me mostró cómo hacerlo correctamente. Su español había mejorado muchísimo durante aquellos seis meses. Todavía pronunciaba algunas palabras de manera extraña y, de vez en cuando, mezclaba japonés con español, pero ahora podíamos mantener conversaciones largas sin que tuviera que detenerse a pensar tanto.
Además, Hina era una persona muy especial conmigo. Era cariñosa, atenta y tenía una manera muy bonita de preocuparse por los demás. A veces me llevaba comida que preparaba con su mamá; otras veces me acompañaba a comprar cosas para el apartamento.
Y sí, también me parecía hermosa.
No voy a mentir, parce. Hina tenía algo que me llamaba la atención desde hacía tiempo, aunque yo no sabía muy bien qué hacer con esos sentimientos.
—Kaleth, ¿por qué tú estar tan callado hoy? —me preguntó mientras guardaba uno de sus lápices.
—Nada, mujer. Estoy pensando en la tarea.
—Mentira. Tú siempre hablar mucho. Hoy estar raro.
—¡Ve, qué muchacha tan observadora! ¿También me vas a analizar psicológicamente?
—Sí, porque yo conocer a mi amigo —respondió, sonriendo.
Seguimos estudiando durante un rato. Después preparamos algo de comer y nos sentamos en la sala a conversar. Hina me contó que estaba emocionada porque pronto cumpliría dieciocho años y que quería celebrar su cumpleaños con su familia.
Yo la escuchaba mientras ella hablaba con entusiasmo, moviendo las manos para explicarme cada detalle.
De repente, se quedó callada.
—Kaleth, yo necesito decirte algo importante.
La miré.
—¿Qué pasó, Hina? ¿Todo bien?
Ella respiró profundamente y bajó la mirada.
—Sí, pero yo estar nerviosa. Es que… tú gustarme mucho.
Me quedé quieto.
—¿Cómo así?
Hina levantó la cabeza y me miró directamente.
—私、あなたが好きです。
(Me gustas.)
—Desde hace tiempo yo sentir algo especial por ti. Tú ser amable conmigo, me haces reír y siempre me escuchar. Cuando estar contigo, yo sentirme feliz.
Me quedé sin palabras. No esperaba aquella confesión.
—Kaleth, yo querer preguntarte algo… ¿tú querer ser mi novio?
La miré, sorprendido. Hina estaba nerviosa, esperando mi respuesta, y yo no sabía qué decirle.
La verdad, no quería hacerla sentir mal. Ella había sido demasiado buena conmigo durante aquellos seis meses. Me había ayudado con el idioma, me había acompañado cuando me sentía solo y había estado pendiente de mí en los momentos difíciles.
Pero también tenía muchas cosas guardadas en el corazón. Todavía pensaba en Estefanía y en todo lo que había pasado antes de viajar a Japón.
No sabía si lo que sentía por Hina era amor o simplemente cariño por tenerla cerca.
Sin embargo, cuando vi sus ojos llenos de ilusión, me costó encontrar las palabras para rechazarla.
—Hina… vos sos una persona muy especial para mí —le dije finalmente—. Me caés demasiado bien y me gusta pasar tiempo con vos.
Ella sonrió, esperando que continuara.
Tragué saliva.
—Sí, acepto ser tu novio.
—¿本当? ¿De verdad? —preguntó emocionada.
—Sí, mujer. De verdad.
Hina se levantó de su asiento y me abrazó con mucha alegría.
—¡Estoy muy feliz, Kaleth! ありがとう!Gracias por darme esta oportunidad.
Yo correspondí a su abrazo, aunque por dentro seguía teniendo dudas.
No había aceptado porque estuviera completamente seguro de mis sentimientos. Había aceptado porque no sabía cómo decirle que no sin lastimarla.
Y mientras Hina me contaba emocionada que ahora éramos novios, yo intentaba convencerme de que, tal vez, con el tiempo, mis sentimientos crecerían.
Pero había una pregunta que no dejaba de perseguirme:
¿Podía comenzar una nueva historia con Hina si una parte de mi corazón todavía seguía en Colombia?