Melanie conoció a Brandon. Un hombre brillante, intenso, imposible de ignorar, se enamoró de él sin medir consecuencias. Él la miraba, la deseaba, la tenía… pero nunca la eligió. le daba un amor a cuotas largas
Porque hay amores que no se olvidan.
Y secretos que tarde o temprano tocan la puerta.
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capitulo 17
Melanie
No me dejó terminar. No me dejó decir nada. Solo me besó
Y yo lo necesitaba. Lo necesitaba más de lo que quería admitir. Más de lo que estaba dispuesta a confesar. Porque llevaba días pensando en él. Días extrañándolo. Días deseándolo. Y ahora estaba ahí. Con su boca sobre la mía. Con sus manos agarrando mi cintura
Fue salvaje. Sin preámbulos. Sin cuidado. Como si hubiera estado aguantándose todo ese tiempo. Como si yo fuera lo único que lo mantenía cuerdo
Me quitó el vestido de un tirón. Sin pedir permiso. Sin preguntar. Yo le arranqué la camisa. Los botones saltaron. No me importó. Él tampoco se quejó
Me agarró de las caderas. Yo le rodeé la cintura con las piernas. Y estábamos en el sofá sin dejar de besarnos. Sin dejar de tocarnos. Su boca bajó por mi cuello. Por mis hombros. Por mi pecho. Me mordía. Me lamía. Me dejaba marcas que no me importaba tener
— Brandon…
jadeé
— Dime mi reina
— me encanta....
Me tiró sobre los cojines. Se quitó los pantalones. Y se echó encima de mí nuevamente. Sin prisa. Pero sin pausa. Su cuerpo cubriéndome entera. Su peso. Su calor. Su olor
Me besó. Profundo. Lento. Como si quisiera saborearme. Como si quisiera memorizarme. Y yo me dejé. Con las manos en su espalda. Con las uñas clavándose. Con la respiración cortada
Cuando entró en mí, gemí. Fuerte. Sin vergüenza. Porque lo necesitaba. Porque lo deseaba. Porque llevaba días imaginando ese momento
Él se movió. Despacio al principio. Luego más rápido. Más fuerte. Más profundo. Cada embestida me sacaba un gemido. Cada gemido lo hacía ir más rápido. Como si fuéramos dos animales. Como si no hubiera nada más en el mundo que nosotros
— Melanie…
gruñó, contra mi oído
— No pares. No pares. No pares
era lo único que podía decir entre gemidos y no paró
Me agarró de las caderas. Me levantó un poco. Y cambió el ángulo. Y yo vi estrellas. Literalmente. Sentí que en mundo se movia
Grité. Sin importarme nada. Sin importarme quién pudiera escuchar. Porque nunca me había sentido así. Nunca. Ni de cerca
Cuando terminamos, se dejó caer encima de mí. Sin salir. Con la respiración agitada. Con el corazón latiéndome contra el pecho
— dios... eso fue…
intenté hablar recuperando el aliento
— muy bueno
— si y más, eres un...
— un guapo que te gusta
— no tonto, un feo salvaje
Sonrió. Contra mi cuello. Y me apretó más contra él
Pero no paramos
Me giró. Me puso boca abajo. Me agarró de la cintura y me levantó las caderas. Y entró de nuevo. Desde atrás. Sin avisar. Sin preguntar. Y yo gemí. Más fuerte. Con las manos agarradas del respaldo del sofá
— te gusta provocar mis estados locos de ánimo
dijo, con la voz ronca
— Sí. Sí. Pero no pares feo
Me embistió. Una y otra vez. Con un ritmo que me hacía temblar. Con una fuerza que me hacía ver luces. Con una entrega que no le conocía
Y yo respondí. Igual. Con las caderas. Con los gemidos. Con su nombre en la boca
Pero todavía no parábamos
Me sentó encima de él. Sin dejar de besarme. Sin dejar de tocarme. Y yo me moví. Despacio. Luego más rápido. Con las manos en su pecho. Con los ojos en los suyos. Viéndolo gemir. Viéndolo perderse. Viéndolo entregarse
— Joder Melanie…
jadeó
— Shh. Déjame es mi turno feote
Y me dejó hacer lo que yo quisiera guiandole a tomar el ritmo que tanto nos gustaba
Me moví. A mi ritmo. A mi manera. Hasta que los dos llegamos. Juntos al climax, sentí una explosión interna, un grito que se mezcló, un gemido que se confundió, este hombre me hacía enloquecer en todo los sentidos