NovelToon NovelToon
El Señor de la Lujuria

El Señor de la Lujuria

Status: Terminada
Genre:Romance / Amor prohibido / Mafia / Completas
Popularitas:714
Nilai: 5
nombre de autor: Vanderleia oliveira

Aline Shnaider está acostumbrada al lujo, a las órdenes de su hermano y a salirse siempre con la suya. Pero nada la prepara para Deslumbria: la inmensa hacienda perdida en el fin del mundo donde su hermano decide "protegerla", entregándola al cuidado del hombre más peligroso que ha pisado esas tierras.

Lo llaman el Gitano. Dueño de todo lo que alcanza la vista, frío como el filo de una navaja y con un pasado que nadie se atreve a mencionar, Santiago Nicolaisen no cuida a nadie: domina. Desde el primer choque —él desnudo, ella incapaz de apartar la mirada— queda claro que entre ambos no habrá tregua, solo una guerra de deseo que ninguno de los dos sabe perder.

Él tiene el doble de su edad, un imperio construido sobre secretos y una regla absoluta: jamás tocar a la hermana de su mejor amigo. Ella tiene el orgullo de una Shnaider y la certeza de que ningún hombre la doblega. Los dos están a punto de descubrir hasta dónde son capaces de llegar por lo que juraron no querer.

Pero el placer tiene un precio. Detrás de la fantasía hay un hijo que odia a su padre, un hermano que regresa de entre los muertos para cobrar venganza, un secreto de sangre capaz de encender una guerra y un amor prohibido que amenaza con arrasar con todo lo que ambos intentaron proteger.

En un mundo donde la lealtad se paga con balas y la traición se castiga sin piedad, entregarse al Señor de la Lujuria puede ser la perdición… o la única salvación.

NovelToon tiene autorización de Vanderleia oliveira para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4

Aline Shnaider

Aline no trató de esconder lo devastada que estaba de vergüenza por haber sido descubierta con las manos en la masa. Aunque lo consideraba un prepotente, él no había mentido: de verdad lo espiaba, y lo peor de todo era que se había excitado con la escena.

—Eres todo un engreído. No me escondí en el clóset para espiarte; solo oí gritos y creí que alguien estaba en peligro.

Santiago sonrió de lado y echó un vistazo rápido hacia atrás antes de volver a clavarle la mirada.

—¿A ti te parece que ella está en peligro?

Aline tragó saliva y se cruzó de brazos.

—No, pero oí gritos.

Él caminó hasta la cama. Los ojos de Aline se demoraron en su porte imponente, en la espalda cubierta de tatuajes y en el contorno firme de su cuerpo.

—Eres demasiado joven para entender que no todo grito es de dolor, niña.

Pasó la punta de los dedos por la espalda de la mujer antes de golpear de nuevo el látigo contra su piel.

—¡Ah! —gimió ella, más excitada que nunca, y parecía aún más entregada ahora que se sabía observada.

—¿Te gusta el público, querida? —susurró él muy bajo—. No te importaría, ¿verdad?, que ella me viera comiéndote por completo…

Aline palideció y dio un paso hacia la puerta. Santiago rio.

—Huye, entonces. Este no es un juego para niñas.

Ella se detuvo, lo miró con firmeza —había sentido aquellas palabras como una afrenta— y se sentó en el sillón frente a la cama.

—Está bien. Conseguiste mi atención. No voy a alimentar tu ego fingiendo que no me di cuenta de lo mucho que te gusta lucirte. ¿Quieres mostrarme lo que sabes hacer? Pues bien. Sorpréndeme.

Santiago sonrió, satisfecho.

—Eres una Shnaider de pies a cabeza: soberbia, arrogante y orgullosa. Vamos a fingir que no te quedaste ahí parada porque estás excitada. Entra en el juego, pelirroja. Te garantizo que ningún muchacho con el que te hayas acostado te dio jamás ni la mitad del placer que yo puedo darte aquí.

—¿Y cómo piensas hacerlo? —preguntó ella, con la voz entrecortada.

Él ya estaba completamente duro, y no solo por la mujer que tenía ahí: era la presencia de Aline lo que lo encendía.

—Es simple, niña. Esto no es solo una finca. Es un lugar donde el placer no tiene límites. Recibo mujeres todos los días que buscan exactamente eso: perderse y encontrarse al mismo tiempo.

Se sentó al borde de la cama; la mujer se arrodilló de inmediato frente a él, las manos envolviendo despacio el miembro grueso y lleno de venas palpitantes. Aline cerró los ojos, sintiendo el rostro arder.

—¿Por qué no miras? Te garantizo que puede ser muy divertido. Vas a pasar un buen tiempo aquí, ¿no? Aprovecha para aprender cosas muy interesantes, Aline.

Su voz ronca sonó cargada de deseo. Sujetó el cabello de la mujer, empujándola despacio hacia sí, los ojos clavados en Aline mientras ella lo engullía poco a poco. Aline se removía en el sillón, frotando y cruzando las piernas sin darse cuenta. Una llama que no conocía ardía dentro de ella, en el fondo de su vientre, desde el primer instante en que lo había visto.

—Tócate, pelirroja. Esto puede ser bueno para los tres.

Aline se sintió ofendida y avergonzada, pero en vez de irse de ahí, sintió un deseo arrollador de probar aquello de lo que él hablaba. Nunca había sentido nada parecido, ni siquiera cuando se tocaba a solas.

—Si prefieres, lo hago yo por ti.

Una sonrisa maliciosa asomó en sus labios. Aline se recostó, se desabotonó el pijama —aquella ropa infantil ya no escondía nada— y apartó la pantaleta. Con la punta de los dedos, se tocó despacio, sintiendo la humedad que ya escurría. Santiago se mordió el labio al verla, apretó la cabeza de la otra mujer contra sí, y solo cuando Aline cerró los ojos y se estremeció en un orgasmo la apartó, la recostó sobre el mueble y la penetró con fuerza.

Aline se tapó la boca con la mano, tratando de ahogar sus propios gemidos, mientras con la otra prolongaba la sensación que la hacía quedarse sin aire. Apenas conocía a aquel hombre, y él ya parecía saberse cada rincón de su cuerpo. Santiago se movía con fuerza y ritmo, dominando todo a su alrededor. Cuando por fin terminó, se puso los pantalones y se acercó a ella. Aline sintió que las piernas se le aflojaban cuando él la tomó de las manos.

—Ve a tu cuarto. Date un baño y duerme.

—¿Qué?

—Lo hago pensando en tu seguridad.

Sonrió y llevó la mano de ella hasta el bulto que se marcaba en sus pantalones.

—Esto es todo por tu culpa. Y no me controlaría si te quedaras un minuto más. No ahora…

Besó suavemente los dedos de ella.

—Eres la hermana de mi mejor amigo. No tienes idea de lo mal que va a salir todo esto si no dejamos las cosas muy claras.

Aline asintió y le dio la espalda, pero él la jaló de vuelta, le sostuvo el rostro y susurró, ronco y ardiente:

—La próxima vez que acabes para mí, va a ser en mi boca.

Se pasó la lengua por los labios y apoyó la frente en la de ella.

—Ahora vete. Sal de mi vista antes de que pierda la cabeza de una vez.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play