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MI ESPOSA ME OLVIDO

MI ESPOSA ME OLVIDO

Status: En proceso
Genre:Embarazada fugitiva / Malentendidos / Traiciones y engaños / Salvar al hijo enfermo
Popularitas:28.1k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

Valentina tenía una sola cosa que proteger: a su familia.

Hasta que una noche, frente a todos, un video destruyó su matrimonio.

Su esposo, Rodrigo, creyó que lo había traicionado. Su suegra se encargó de humillarla y convertirla en la culpable perfecta. Y cuando Valentina dio a luz, Rodrigo le arrebató a su hijo y la obligó a firmar el divorcio mientras ella apenas podía mantenerse con vida.

Después de aquella noche, Valentina desapareció.

Diez años más tarde, vive bajo otro nombre y criando a un hijo que guarda un secreto que nadie puede descubrir.

Porque hay otro niño en el mundo que tiene su misma sangre.

Y cuando los dos hermanos se encuentran por casualidad, comienzan a hacer preguntas que alguien lleva diez años intentando mantener enterradas.

Rodrigo también ha seguido adelante… o eso intenta creer.

Hasta que una mujer aparece en su vida.

No recuerda haberla conocido.

No sabe quién es.

Pero cada vez que está cerca de ella, algo dentro de él se

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 9

Rodrigo no esperaba el informe tan rápido. Pero pagaba para que las cosas fueran rápidas, así que a las nueve de la mañana ya tenía una carpeta digital abierta en la pantalla de su oficina.

Esperaba algo simple. Un nombre, una dirección, una vida ordenada que pudiera mirar de lejos y luego decidir si valía la pena cruzar el mundo por una mujer que lo había besado y lo había dejado plantado.

Lo que recibió no era simple.

Elena Mora.Existía. Empresaria reconocida, socia de una consultoría sólida, llegada al país hacía diez años con una niñez y una juventud que el informe no lograba reconstruir más atrás de esa fecha, como si la mujer hubiera empezado a existir al bajarse de un avión. Madre soltera de un niño de diez años. Buen nombre, buen crédito, cero escándalos.

Rodrigo leyó dos veces la misma línea.

Estado civil: soltera. Padre del menor: no registrado.

Frunció el ceño. Marcó al investigador.

—El reporte dice madre soltera.

—Correcto.

—¿Y el padre del niño?

—No aparece en ningún registro, señor. Ni acta, ni reconocimiento, ni un divorcio, ni una defunción. Nada. El niño figura solo con el apellido de ella.

Rodrigo colgó despacio.

Volvió a mirar la fotografía adjunta —la misma cara del ascensor, los mismos ojos que no lo dejaban dormir— y sintió que algo no encajaba con la fuerza de un engranaje que rechina.

Porque ella le había dicho, mirándolo a los ojos en aquella barra, con la naturalidad de quien lo ha repetido mil veces: viuda.

Pero los papeles decían otra cosa. Los papeles decían madre soltera. Sin marido muerto. Sin marido vivo. Sin nadie.

Una madre soltera. Un hijo sin padre en ningún registro. Y una mujer que había mentido sobre ser viuda.

Nada de eso tenía sentido. Y Rodrigo Castel, que se había hecho rico encontrándole el sentido a lo que no lo tenía, sintió que la obsesión —que había empezado como deseo— se le convertía en otra cosa: la certeza fría de que esa mujer escondía algo, y la decisión, ya tomada antes de admitirla, de averiguar qué.

¿De qué huyes, Elena?

*****************************************************************************************

A esa misma hora, en otro continente, Carla no lograba quitarse la conversación de la cabeza.

Había llegado a la oficina con la frase atravesada: un hombre rico, de traje, en ese hotel. Se dijo veinte veces que era paranoia. Diez años de paranoia entrenada, de mirar dos veces por encima del hombro, de revisar que nadie las siguiera. El mundo estaba lleno de hombres ricos de traje. No tenía por qué ser él. Pero Carla no había mantenido a Valentina escondida diez años confiando en las probabilidades.

Abrió el computador y empezó a buscar, discreta, como quien revisa por descartar. El torneo. La Olimpiada Internacional de Esgrima, categoría infantil, esa sede, esas fechas. Buscó la organización. Los patrocinadores. La lista de asistentes acreditados, esos documentos públicos que nadie lee pero que existen.

Y mientras la lista cargaba, se decía: si no está, respiro. Si no está, fue una coincidencia y soy una exagerada.

La lista cargó.

********************************

En la mansión, Simón había decidido que la mejor forma de no cometer más errores era hacerse invisible y mirar.

No buscó grandes secretos. Buscó lo que siempre cuenta más: lo pequeño. Recorrió la casa con la excusa de estar aburrido y fue archivando. En la sala, una pared entera de fotos: Rodrigo niño, Rodrigo joven, Rodrigo con Estela, Rodrigo con un bebé que era Mateo, Mateo creciendo año por año. En ninguna aparecía una mujer que pudiera ser la madre. Era como si Mateo hubiera nacido de su padre y su abuela y nadie más. A una madre no se la borra de una casa por accidente, pensó. A una madre se la borra a propósito.

Había un pasillo con una puerta cerrada con llave. El personal la esquivaba al pasar.

Y había una empleada vieja, de las de toda la vida, de esas que cargan delantal y memoria. Lo miró pasar con una bandeja en las manos y se le suavizó la cara.

—Qué bueno verte sonreír otra vez, mijo —dijo, bajito, como quien dice algo prohibido—. Hacía rato no te veía con esa cara.

Simón se congeló a media zancada.

Porque ya eran dos. Dos personas en dos continentes —Estela con su frío, esta mujer con su ternura— que le decían exactamente lo mismo: que sonreía distinto. Que esa cara no era la de siempre.

—Gracias —dijo, y se obligó a borrar la sonrisa, otra vez tarde.

La empleada le dio una palmadita y siguió su camino. Simón se quedó quieto, con el pulso golpeándole, entendiendo que su mayor riesgo no era equivocarse en un dato. Era ser, simplemente, feliz. Mateo no era feliz en esta casa, y cada vez que a Simón se le escapaba que él sí sabía serlo, dejaba una huella.

Apágate,se repitió. Apágate y excava.

Miró otra vez hacia el pasillo de la puerta cerrada.

Había algo detrás de esa puerta.

Lo sabía.

Porque nadie protege una habitación vacía durante diez años.

Estela no descubrió nada esa mañana.

Hizo algo peor. Recordó.

Llevaba el día entero con ese frío de la nuca instalado, el que le había bajado por la espalda al ver sonreír al niño, y por más que se decía que eran ideas suyas, que el muchacho estaba igual que siempre, no lograba sacudírselo. Así que hizo lo que hacía cuando algo la inquietaba: se sentó sola en su estudio, con un café, a ordenar.

Y lo que se le ordenó delante no fue el presente. Fue aquella noche.

La pantalla en el banquete. El video. La cara de Valentina diciendo esa no soy yo —una cara que, ahora que lo pensaba con diez años de distancia, había tenido el desconcierto exacto de quien no entiende lo que ve, no de quien lo niega—. Estela apartó ese pensamiento como había aprendido a apartarlo cada vez que asomaba. Siguió.

El parto. La desaparición. La llamada que ella misma había hecho a esa amiga, Carla, con la voz tranquila y la amenaza clara: que se pierda, es lo único que le queda. El dinero movido. Los hilos jalados. La certeza, durante diez años, de que esa mujer gorda y sin recursos no había tenido cómo ni con qué reaparecer.

Pero ahora, por primera vez en diez años, una pregunta se le coló por debajo de toda esa certeza.

¿Y si no desaparecieron tan bien como yo creía?

Estela se quedó muy quieta con el café enfriándose. No tenía un solo motivo concreto para pensarlo. Solo una sonrisa en la cara de su nieto que le había recordado demasiado a alguien.

Pero Estela era la única persona viva, junto a Carla, que conocía toda la verdad. Y la gente que esconde un crimen aprende a temer las casualidades.

Decidió, sin decírselo del todo, que iba a vigilar al niño.

Carla bajó por la lista de asistentes despacio.

Una fila. Otra. Otra más. Nombres de federaciones, de entrenadores, de patrocinadores, de acompañantes acreditados, en orden, fríos, inofensivos.

Hasta que lo encontró.

Rodrigo Castel.

Carla dejó el teléfono sobre la mesa con mucho cuidado, como si fuera a estallar. Las manos le temblaban y tardó un momento en darse cuenta de que había dejado de respirar.

Porque durante diez años había tenido un solo miedo, el que la hacía revisar por encima del hombro, el que la había llevado a inventar un nombre, a cruzar el mundo, a mentirle a su mejor amiga todos los días de su vida: el miedo a que Rodrigo encontrara a Valentina.

Pero ese ya no era el problema.

El problema era mucho peor.

Rodrigo no iba a encontrarla.

Rodrigo ya la había encontrado.

Agarró el teléfono y marcó a Valentina. Timbró. Timbró. No contestó. Volvió a marcar, con el corazón en la garganta. Timbró. No contestó.

Y Carla se quedó mirando la pantalla con un solo pensamiento, claro y helado:

No puede volver a tenerla cerca.

No después de todo lo que costó esconderla.

No después de todo lo que había perdido para conseguirlo.

Carla abrió otra vez la lista de asistentes.

Buscó el nombre del hotel, después el número de la recepción.

Y marcó.

Porque si Rodrigo Castel había estado cerca de Valentina...necesitaba saber exactamente cuánto de cerca.

1
Titisx
somo dos
Maigualida Ramirez
escritora busca la forma de que Carla quede con Damian
Limaesfra🍾🥂🌟
sera que la Lucia es tsn buenita xoko dicen xq tiwne como.un faro para interrumpir cualquier aclaracion.entre Damian y Carla
Maigualida Ramirez
que lastima lo cierto en todo esto es que ellos dos se aman y no es justo que no queden juntos porque se ve que es un amor bonito
Maigualida Ramirez
esa malvada Isabella me cae más mal
Maigualida Ramirez
por lo menos la pido rescatar ojala llegue con bien a casa
Maigualida Ramirez
bueno es la trama de la novela que coños
Maigualida Ramirez
si Rodrigo sabe que es una malvada vieja mal nacida porqué no le puso escolta con tanto dinero que tiene
mariela
Pobre Carla dejo a su amor se sacrificó para que no le pasará nada y el estuvo 10 años odiandola y con una verdad se dió cuenta de cuánto la ama pero Lucia una mujer dulce e inocente de todo se casará con él como dijo ella la verdad llegó demasiado tarde.
mariela
Pregunto si ella se enteró porque no confronto a Carla 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Si tiene a los niños no le ha preguntado como se conocieron y que hicieron 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Porque Rodrigo si es tan poderoso no se ha enfrentado a Estela su madre🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓❓
mariela
Llegó Isabela con su maldad y todavía Rodrigo confiado que la protegía y dentro hay traidores que le hicieron llegar el sobre con la verdad y ahora que le dirás como enfrentarás esa verdad y Carla no se salvará por habérselo ocultado todo.
mariela
Damián reconoció entre líneas donde tenían a Valentina ahora vendrán los enfrentamientos entre madre e hijo porque Rodrigo no se quedará de brazos cruzados otra vez.
mariela
Estela un viejo plan te dió resultado por ahora porque lo que menos te imaginas es que te enfrentarás a tu hijo y está vez tienes las de perder todo e igual Isabela te queda grande decir mi Rodrigo.
Nancy romero
autora q pena por lucia pero carla merece ser feliz
Betty Saavedra Alvarado
Estela estás dando los últimos manotazos de ahogado Rodrigo no dejará que le hagas daño a vale o Elena
Betty Saavedra Alvarado
Rodri la encontrará todos trabajan para encontrarla
Betty Saavedra Alvarado
En las historias pasa de todo sin darnos cuenta Rodri si que te llegó la noche
Betty Saavedra Alvarado
Damián no te cases no amas a Lucia no conviertas tu vida en un infierno
Betty Saavedra Alvarado
Rodrigo te va a dar una neumonía
Maigualida Ramirez: te vas a enfermar hombre
total 1 replies
valeska garay campos
ahora vamos a ver que pasa con la bruja 🧙‍♀️
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