Cinco años atrás, Agustina perdió al amor de su vida. Hoy, Louis ha regresado.
Lo que él no sabe es que tiene un hijo.
Y acaba de salvarlo.
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Mi jefe es el papá de mi hijo
En el otro lado del hospital, Mónica acababa de entrar al consultorio con unos documentos en la mano.
—Andrés, aquí están los documentos —dijo mientras se los entregaba.
Andrés tomó los papeles, pero Mónica notó algo más.
—¿Y eso?
—¿Qué te importa? —respondió él, haciéndose el malo.
Mónica soltó una pequeña risa.
—Ahí se hace el malo… No, en serio, ¿qué es?
Andrés suspiró.
—¿Te acuerdas de que Agustina necesitaba ayuda? Estaba pensando en hacer que se quedara como enfermera por aquí. Bueno… siendo parte de mi personal, ya sabes. Algo encontraré.
Mónica lo miró con una sonrisa burlona.
—Ah… ¿de verdad te gusta ella?
Andrés soltó una risa.
Pero la sonrisa de Mónica desapareció de repente.
—Bueno, me voy. Me necesitan en otro consultorio.
Y salió.
Andrés se quedó mirándola sin entender qué había pasado.
Pero había algo que sí sabía: Agustina le gustaba desde hacía mucho tiempo.
Cuando Louis y él eran unos nerds, Agustina había sido la única que nunca los trató como fenómenos. Aunque en aquella época ella salía con los chicos malos, Agustina también era diferente… era mala a su manera.
Mientras tanto, Agustina estaba ayudando a un niño.
—Duele… —dijo él entre lágrimas.
Agustina sonrió y trató de tranquilizarlo.
—No llores. Solo es una raspadura.
En ese momento la llamaron desde el directorio.
Agustina se levantó y caminó hacia allí un poco nerviosa.
Al entrar, encontró al director general esperándola.
—¿Usted es Agustina Torres? —preguntó con seriedad.
—Sí, señor. ¿Qué se le ofrece? —respondió ella, curiosa.
—La cambiaremos al área de cirugía. El director general revisó sus estudios y considera que puede trabajar allí. Además, uno de nuestros doctores tuvo un accidente y no puede moverse demasiado debido a que tiene varias costillas rotas. Le pagarán bien. Ya lo verá.
El hombre le mostró los documentos.
Agustina los tomó y no podía creerlo.
—Sí, acepto —respondió feliz.
—Bien. De hecho, hoy tiene una cirugía, así que debe presentarse inmediatamente.
Agustina salió de allí casi corriendo.
Y, al doblar por uno de los pasillos, se encontró con Andrés.
—¡Andrés! —exclamó.
Se acercó y le dio un gran abrazo.
—¿Qué pasó? ¿Por qué sales del directorio? —preguntó él, sorprendido.
—¡Me dieron un lugar mejor! —dijo ella, feliz.
Andrés miró el papel que llevaba en las manos.
—¿Ah, sí? ¿Y dónde vas?
—Al área de cirugía. ¡Me van a pagar el doble! —sonrió—. Así me alcanzará para comprarle a Leo lo que quiere.
Andrés no pudo evitar sonreír.
—Está bien, Agustina.
Le acomodó suavemente un mechón de cabello y puso una mano sobre su rostro.
—Andrés, eres un gran amigo. Bueno, adiós. Ya empieza la operación.
Agustina se fue.
Andrés soltó un suspiro.
—Veo que tu plan no funcionó —dijo Mónica detrás de él.
Andrés la miró.
—Déjame en paz, tonta.
—¡Oye! ¿Qué dije? —se rio Mónica mientras iba detrás de él.
En el quirófano, Louis se estaba preparando para la operación.
Todavía sentía molestias en las costillas por el accidente, pero no podía permitirse mostrar debilidad.
Cuando entró al quirófano, ya estaban allí varias doctoras y enfermeras. Louis se colocó todo el equipo necesario.
Agustina entró detrás de él.
La emoción se notaba en sus ojos pero ella no sabía que era Él.
Pero entonces Louis habló.
—Bien. Esto será una operación de apendicitis.
Agustina quedó en shock al escuchar su voz.
Louis extendió la mano.
—Bisturí.
Agustina tembló.
El bisturí se le resbaló de las manos y cayó al suelo.
—Oh… lo lamento. Perdón —dijo rápidamente.
Louis la miró serio.
—No pasa nada.
La operación continuó.
Pasaron las horas y, finalmente, fue un éxito.
Pero cuando Agustina salió del quirófano, estaba tensa.
Louis salió poco después y la vio.
—¿Pasa algo? —preguntó, curioso.
Agustina lo miró con seriedad.
—¿Por qué no me dijiste que trabajabas aquí? —le reclamó.
—¿Por qué preguntas? Te pusiste tensa cuando me viste —respondió él, serio.
—Bueno, perdón. Pero no quiero estar aquí.
Louis le tomó la mano.
—¿En serio vas a hacer esto?
Agustina lo miró confundida.
—¿Hacer qué?
—Lo mismo que hiciste hace cinco años. No nos vemos durante todo este tiempo y ahora me evades.
Agustina intentó retirar la mano.
—Te estoy dando la oportunidad de tu vida. El puesto es bueno y la paga también.
—No importa. Seguro en el hospital hay otro lugar para mí.
Ella consiguió que Louis soltara su mano y comenzó a alejarse.
—Me la debes —dijo él.
Agustina se detuvo.
—¿Por qué dices eso?
Louis la miró fijamente.
—Porque estoy así por tu culpa.
Ella se dio la vuelta.
—¿Qué?
—Me rompí las costillas salvando a ese niño que tú estabas cuidando. Y ahora no puedo confiar en nadie que no seas tú… porque tú me acostumbraste a hacerlo.
Agustina quedó completamente callada.
Después de unos segundos, bajó la mirada.
—Está bien.
Louis respiró profundamente.
—Bueno, me presento oficialmente. Soy Louis Adams, jefe de toda el área de cirugía. Así que tú eres mi enfermera… y yo soy tu jefe.
Agustina tomó su mano.
En cuanto sus manos se tocaron, su corazón comenzó a latir como nunca.
Una sensación cálida recorrió su pecho.
Llegó la hora del descanso.
Agustina fue al patio del hospital. Se sentó y comenzó a comer su comida tranquilamente.
Poco después apareció Mónica.
—Amiga, ¿qué pasa? Te veo blanca.
Le puso una mano sobre la frente.
—No tengo nada.
Agustina suspiró.
—Adivina quién es mi jefe.
—¿Quién? —preguntó Mónica—. ¿Por qué tienes esa cara? Parece que viste un fantasma.
Agustina la miró.
—Es Louis.
Mónica se quedó completamente callada.
—¿Louis? ¿El papá de Leo?
Agustina asintió.
—No puedo creerlo… volvió. ¿Y vas a decirle que es el papá de Leo?
—¡No! ¿Cómo crees? —Agustina negó rápidamente—. No debe saberlo.
—¿Por qué? Es su padre. Tiene derecho a saberlo.
—No. Él ya tiene una vida.
Agustina bajó la mirada.
—Tiene una hija… y escuché por otras enfermeras que está casado con la hija del señor Wilson.
Mónica miró hacia el cielo.
—Pero quién sabe… ¿Y si lo acepta? Sabes que Leo quiere a su papá.
—Leo todavía no entiende que la vida de los adultos no es como un cuento de hadas —respondió Agustina, intentando justificarse.
Mónica la observó detenidamente.
—¿No será que tienes miedo de que te pregunte por qué nunca le dijiste? ¿O de que tú misma no supieras si él era realmente el padre?
Agustina se puso tensa.
—Ya está hecho. Además, él cree que Leo es un niño que yo cuidaba.
—Sí, claro… ¿Y qué harás cuando ese niño te diga “mamá” delante de él?
Agustina bajó la mirada.
—Si no lo ve, estaré bien.
Y siguió comiendo, intentando ocultar su preocupación.
Mientras tanto, Louis estaba en su despacho.
—¿Por qué acepto? —murmuró—. Cuando hablé del niño… ¿será un niño que ella cuidaba? ¿O será el hijo de aquel chico que vi?
Suspiró.
En ese momento recibió una llamada.
—Hola, cielo.
—Hola, Carolina. ¿Qué pasa? —preguntó él.
—Nada. Solo que papá quiere que vayas a una conferencia. Ah, y te compré algo.
—Ah, sí… —respondió Louis con indiferencia.
—Es de color celeste. Una corbata.
—¿Celeste? Ya sabes que no me gusta ese color.
—Muy tarde. La vas a usar aunque no quieras. Ah, y Erica necesita un vestido. Pásame dinero.
Louis asintió y le pasó el dinero.
Después se sentó nuevamente en su asiento.
Desde la ventana vio a Agustina a lo lejos.
Una sonrisa apareció en su rostro.
—Así que te voy a tener conmigo…
Louis se sonrojó ligeramente y apartó la mirada.
Horas después, Andrés caminaba por uno de los pasillos del hospital.
Se acercó a una enfermera.
—Hola, disculpe. ¿Sabe dónde está Agustina Torres?
—Sí. Está con el doctor Adams. Mire, justamente allí viene.
Andrés levantó la mirada.
En ese momento vio a Agustina.
Ella también lo vio y corrió hacia él.
—¡Andrés! ¿Qué haces aquí? —preguntó mientras lo abrazaba.
—Bueno, quería llevarte a comer por tu primer día aquí —respondió él con una sonrisa.
Pero alguien los estaba observando desde lejos.
Louis.
Su expresión cambió al verlos abrazados.
Apretó la mandíbula.
—Maldito mentiroso… —murmuró—. Dijo que dejaríamos el pasado atrás…
Sus ojos volvieron a posarse sobre Agustina y Andrés.
—Y está con Agustina.
Por primera vez, Louis sintió algo que no quería admitir.
Celos.